Opinión de la Iglesia Católica

Han llegado al correo de esta columna varios mensajes en el mismo sentido, que pueden resumirse de la siguiente manera, atendiendo el texto de uno de ellos: “¿Por qué la disculpa?”. No, no hubo disculpa, fue sólo un escueto comunicado; la palabra disculpa la están utilizando algunos medios de talante oficialista para, algo tendenciosamente, ‘cabecear’ una nota que en ninguna línea habla de disculpa, ni del Vaticano ni del Papa.
El portavoz papal, Federico Lombardi, informó que la Secretaría de Estado del Vaticano entregó al embajador mexicano, Mariano Palacios Alcocer, una nota en la cual aclara los dichos de Francisco: “Como se sabe la expresión ‘evitar la mexicanización’ fue utilizada por el Papa en un mail de carácter estrictamente privado e informal, en respuesta a un amigo argentino muy empeñado en la lucha contra la droga, que había usado esta frase. Evidentemente, el Papa no pretendía otra cosa que revelar la gravedad del fenómeno del narcotráfico, que aflige a México y a otros países de América Latina.
El Vaticano reconoce que la lucha contra el tráfico de drogas es una prioridad del gobierno mexicano, que busca incidir en las causas que originan este flagelo. Se trata de un fenómeno, como otros en América Latina, por los cuales en varias ocasiones, también en otros encuentros con los obispos, el santo padre ha llamado la atención sobre la necesidad de adoptar a todos los niveles políticas de cooperación y de concertación”.
El país, de España, puso como cabeza de la nota emitida por la embajada de México en la Santa Sede que: “El Vaticano zanja la polémica por las declaraciones sobre México” y luego dice en el texto: “La Santa Sede considera que el término 'mexicanización' de ninguna manera tendría una intención estigmatizante hacia el pueblo de México y, menos aún, podría considerarse una opinión política en detrimento de una nación que viene realizando un esfuerzo serio por erradicar la violencia y las causas sociales que la originan, ha expresado en un comunicado la Embajada de México ante la Santa Sede”.
Así que, no hubo disculpa y sí cierta exageración cuando la Cancillería mexicana envió una nota diplomática al Vaticano por una opinión personal del Papa, expresada en una carta íntima. Meade quiso regañar al jefe de la Iglesia Católica por decir lo que piensa y siente; situación que salta toda proporción y viola el derecho de la libre manifestación.
Que México vive en el terror, puede verse en cualquier momento. A finales del año pasado, la Conferencia del Episcopado Mexicano aseguró que “México está en crisis, pues prevalecen la inequidad, la injusticia, la corrupción, la impunidad, la complicidad, la indiferencia, las cuales nos han sumido en la violencia, el temor y la desesperación.
Ante esta situación que duele y nos afecta a todos, muchísimos mexicanos nos hemos manifestado de distintas maneras para demandar justicia y paz sabiendo que todos somos parte de la solución para construir una nación en la que se valore la vida, dignidad y derechos de cada persona”. No se anduvieron por las ramas los prelados.
Ahí mismo, propusieron realizar una jornada de doce días de oración por la paz que habría de comenzar el 30 de noviembre, primer domingo de adviento, y acabar el 12 de diciembre, celebración de la Virgen de Guadalupe. Un docenario de oración por la paz.
Los jerarcas católicos que conforman la Conferencia del Episcopado Mexicano dijeron que: “Nos comprometemos a ser constructores de paz. Esa paz que se funda en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, como enseñaba san Juan XXIII. Sumémonos a los esfuerzos para atender a las víctimas de la violencia; participemos en los procesos de justicia, reconciliación y búsqueda de paz; privilegiemos el diálogo constructivo; trabajemos juntos en favor de un auténtico Estado de derecho; formémonos en valores y ayudemos a los más vulnerables y Reconstruyamos el tejido social”. Propósitos nobles.
La Iglesia Católica, cuyos mejores hombres han sido patriotas, tiene derecho a opinar.




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