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Masiosare

  • Por: FORTINO CISNEROS CALZADA
  • 07 NOVIEMBRE 2019
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En los momentos más angustiantes de su historia, México ha encontrado el rumbo y ha aparecido el capitán que conduce la nave a buen puerto. Agustin Yáñez en su magnífico libro Santa Anna, espectro de una sociedad, encuentra que México es un país providencial, que a punto de ser aniquilado logra salir avante por algún acontecimiento fortuito. Podría citarse la invasión de Napoleón Bnaparte a España que propició el Inicio de la Guerra de Independencia; las guerras de Napoleón III trajeron la derrota del Ejército francés en México; el ingreso de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial, auspició el triunfo de la Revolución.

Aladas son las palabras que escribió Benito Juárez al emperador Maximimiliano cuando este le pedía rendirse y aceptar un alto cargo en la corte imperial: " Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará". Así juzgará a los que en estos momentos, en defensa de sus intereses y privilegios, buscan la intervención extranjera argumentando sofismas trasnochados. 

La sentencia bíblica que asegura que por sus obras los conoceréis nunca tuvo una mejor aplicación. Basta con ver quiénes son los que claman por una invasión militar, de dentro o de fuera, para conocer los motivos. Bien se sabe que el dinero no tiene amigos, causas o banderas, que se sustenta en una ambición desmedida de los que habiendo satisfecho sus necesidades y caprichos, se empeñan en seguir acumulando riquezas a costa del hambre y la miseria de quienes sólo tienen sus manos para ganar la gorda.

Pero, además, están los hombres que parecían probos y se han dejado arrastrar por las campañas mediáticas de encono y rechazo a la propuesta de justicia social. Son como los ratones que votan por el gato güero en espera de que resulte menos cruel que el gato negro. Sus propios demonios les devoran por dentro y no pueden ver el grave peligro que existe de que la patria que les dio cobijo y sustento se convierta, por la fuerza de las armas, en una república bananera, con un `guaidó`reconocido por los intereses imperialistas al frente.

No importa qué piense, qué crea una una persona de buena fe si no se rinde ante las evidencias que muestran el deterioro que han sufrido el país y los paisanos durante la noche oscura del capitalismo salvaje, a partir de que Carlos Salinas, en la casa de su tío Antonio Ortiz Mena, que sirvió de gancho involuntariamente, subastó la riqueza del Anáhuac acumulada durante medio siglo de gobiernos revolucionarios y progresistas, entre los magnates que pagaron 25 millones de dólares por entrar en la puja, y a partir de lo cual se han convertido en competidores por los primeros lugares entre los más acaudalados del planeta.

¿Quién puede negar el deterioro de los sistemas educativos y de salud, el desplome de los salarios que según la Constiución deben ser suficentes para cubrir todas las necesidades de una familia en cuanto a alimentación, vivienda, educación, salud y recreación? ¿Dónde está la calidad humana de quienes en aras de una ideología aceptan y permiten que niños que se debaten en el más atroz de los sufrimientos reciban agua en lugar de sus tratamientos contra el cáncer? ¿En qué razón cabe que la violencia engendrada en decenios para proteger intereses mezquinos, pueda ser controlada o erradicada en uno o dos años?

Tiempo es de que los mexicanos bien nacidos, los herederos de la grandeza del Anáhuac, que fue luz del mundo durante la mayor parte del siglo XX (cuando el mundo se debatía en guerras atroces y genocidios espeluznantes mientras México crecía al seis y siete por ciento en un clima de paz, estabilidad y desarrollo fundamentado en la justicia social), hagan un alto y reflexionen sobre los peligros que amenazan a la nación, no por un gobierno humanista, sino por la respuesta feroz de quienes han perdido sus privilegios mal habidos.

Que se cumplan las palabras de Bocanegra: "Más si osare un extraño enemigo profanar con sus plantas tu suelo, piensa, ¡Oh Patria querida, que el cielo un soldado en cada hijo te dio". No con las armas de destrucción y muerte, sino con las de la razón y la justicia.

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