Editoriales

La alternancia política

  • Por: FORTINO CISNEROS CALZADA
  • 17 JULIO 2016
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La alternancia política

México está en vías de convertirse en un país con alternancia política, que es condición previa para posibilitar la construcción de una democracia robusta. Cuando dos o más partidos fuertes buscan el acceso al poder bajo condiciones de sana competencia, ganan los ciudadanos y se dificulta el ocultamiento de los actos de corrupción y de ineficiencia en el desempeño de las tareas públicas. La política, como las aguas, estancada se pudre.

Quizá por ello, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, manifestó ante los jóvenes estudiantes de la Universidad Anáhuac, en el quincuagésimo aniversario de la institución, que: “En el sistema político mexicano, será común la alternancia política”, esa alternancia que se hizo posible porque, a diferencia del pasado, remoto y reciente, en que el presidente maniobraba para favorecer a los candidatos de su partido, ahora no.

El presidente dejó que fuera el voto ciudadano el que decidiera las elecciones. Agregó: “Y seguramente será algo común de nuestro sistema político, ver alternancias políticas, porque al final de cuentas lo que sí hemos logrado en este poco tiempo es ser un país democrático, un país abierto, un país que respeta la libertad de expresión, las libres ideas y que genera espacios para el debate de las mismas. ¡Ese es el México de hoy!”.

Aprovechando la oportunidad, los tamaulipecos decidieron poner un alto a las mafias que se habían apoderado del poder público para hacer y deshacer, enriqueciéndose sin ningún pudor. Votaron por un partido diferente al que estaba en el poder y lo hicieron con muchas esperanzas. Esperanzas de que los nuevos gobernantes sean capaces de llevar a la entidad por la ruta del progreso, aprovechando cabalmente su gran potencial.

La dinámica generada por la alternancia debe contribuir a suavizar las diferencias que existen en el terreno político e ideológico. Sería altamente perjudicial que un gobierno que llega al poder dedique recursos, tiempo y esfuerzos en destruir lo creado por los gobiernos anteriores, y así sucesivamente. Se tienen que ir gestando ciertos consensos básicos entra las fuerzas políticas, pues la alternancia estará al alcance de los electores.

Con la alternancia llega también la madurez política, pues, sería absurdo que los actores político consideraran a sus contrincantes en la justa por los puestos públicos y cargos de representación popular, como sus enemigos y no sus competidores. No se trata de un combate a muerte, ni una pugna del todo o nada, sino de una competencia por el voto ciudadano a fin de ocupar los cargos que permiten servir con eficiencia a la comunidad.

Porque de eso se trata la política: de servir, de atender las necesidades de las urbes y de sus habitantes, no con fórmulas perfectas u ocurrencias absurdas, sino mediante el sano ejercicio del dialogo y la negociación para llegar al justo medio que sea útil para todos. Con la alternancia, las partes en el compromiso de la igualdad en el ejercicio del poder, tienen la posibilidad de un arreglo pacifico. La conciliación efectiva dependerá de que en su leal desempeño predomine antes que el carácter del agitador, que actúa sobre la base de la emocionalidad, la simplificación y la intransigencia, el del negociador que se preocupa más por la solución aceptable de un conflicto que por una solución impecable.

Quizá un ejemplo a seguir es la alternancia que se da, con bastante regularidad, en los Estados Unidos, en donde dos partidos fuertes y algunos espontáneos que hasta ahora no han llegado a calar hondo, se disputan el poder; pero, triunfe uno u otro, no deja de mantenerse la dinámica de los planes y programas que han sido aprobados para seguir adelante en la tarea de fortalecer al país y beneficiar a los paisanos. El vecino país no se inventa ni se reconstruye cada cuatro u ocho años; quien sea el presidente, sigue igual.

El gobierno del presidente Peña Nieto posibilitó la alternancia en las elecciones del 5 de junio pasado en varios estados del país; ojalá que los nuevos gobernantes sean capaces de entender y de atender; si no, seguramente que no harán huesos viejos en el poder.


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