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Ciudad Mante: cien años de historia

Para mi madre y a la memoria de mi padre y abuelos, quienes me enseñaron a amar sin tregua el terruño

En abril de 1921, hace 100 años, mis abuelos eran muy jóvenes y la tierra donde nací un terreno escasamente poblado, pero muy fértil; producto de la confluencia de cinco ríos. Años atrás, a mediados del siglo XIX, el mismísimo Alejandro Prieto, había definido esas tierras como "inmejorables para el cultivo de todas las plantas propias de estos climas" ya que existían enormes posibilidades para el riego. En ese contexto, durante 1890, un grupo de 40 personas compraron 2000 hectáreas en 250 pesos y fundaron la congregación de Canoas, dependiente de la jurisdicción de Quintero. Entre esas personas estaban Antonio Osorio y Félix Cabriales, antecesores de mis abuelos por parte de padre y de madre.

Ciudad Mante: cien años de historia

La historia de la ahora Ciudad Mante, está estrechamente ligada a su fértil naturaleza. Entre la feraz exuberancia de ese trópico amado, se asentaron hace cientos de años los primeros pobladores del terruño. Las tribus de nómadas, cazadores y recolectores, entre quienes se cuentan los huastecos, los olives, los janambres y los pames. Grupos caracterizados por su valentía en la defensa del territorio, que padecieron el acoso de los colonizadores mediante las brutales "cacerías de indios" y las acciones de exterminio. De ellos también descendemos.

A partir de la llegada de Escandón, nuevas poblaciones se fueron fundando en el sur de nuestro territorio. Destacan varias villas y la primera ciudad, denominada Horcasitas, bajo la tutela del majestuoso Bernal, que a mediados del siglo XVIII estaba poblada por 363 colonos y 178 indios. Los años siguientes a la Independencia, Horcasitas cambió su nombre a Magiscatzin y estaba considerada entre los municipios más pobres de Tamaulipas. De ese municipio dependía  Congregación Palcuay, más tarde erigido en municipio y llamado Quintero, al que perteneció Congregación Canoas, hoy Ciudad Mante, al separarse de Magiscatzin en mayo de 1894, cansados sus habitantes del pago de excesivos tributos.

En los años siguientes, la región se fue prefigurando en su potencial agrícola, todavía sin ser aprovechado a cabalidad. La Revolución Mexicana postergó algunos planes, pero los intereses de quienes habían considerado aprovechar la fertilidad de la región no mermaron. Un ejemplo de ello fue la presencia de Wong Foon Chuck, empresario de origen chino y nacionalizado mexicano, quien en 1896 había visitado la región por primera vez, comprando miles de hectáreas de tierra poco tiempo después,  para casi enseguida sembrar maíz y arroz, además de 500 surcos de caña, el cultivo que más tarde definiría el progreso de nuestro terruño.

La presencia del innovador y visionario cantonés Foon Chuck sellaría en mucho el destino de la entonces Congregación Canoas. Asociado con Miguel Cárdenas, gobernador de Coahuila, la mancuerna sería el antecedente de la llegada de los conspicuos miembros de la familia revolucionaria que años más tarde serían artífices de la construcción del sistema de riego y el Ingenio Mante: Plutarco Elías Calles y Aarón Sáenz Garza. Provenientes de regiones semiáridas, los jerarcas se enamoraron del vitalísimo verde y depositaron ahí sus intereses económicos y políticos. En ese contexto, llegó desde General Terán mi abuelo paterno a la región, para reafirmarme una vez más que nuestra historia personal se vincula siempre a la del espacio natal.

Pero volviendo al centenario que conmemoramos, el 19 de abril de 1921, el gobernador César López de Lara, firma el decreto en el cual la Villa de Quintero deja de ser municipio cabecera para trasladar los poderes a la congregación Canoas, que desde ese momento se llamaría Villa Juárez, en honor al benemérito mexicano. Cien años de historia ha cumplido mi terruño natal que desde 1937, siendo gobernador Marte R Gómez, lleva el nombre de Ciudad Mante. Mucha historia ha pasado bajo los puentes de los ríos que siguen sustentando el verde de su flora. Escribo este texto con emoción, recordando la historia contada por mis abuelos y  mis padres, además de leer a Gabino Cabriales, Othón Guerra, Octavio Herrera y Diana Méndez, a quienes agradezco el tiempo dedicado al estudio de nuestra historia local.

Cien años hace que inició el progreso definitivo en la ciudad que crecí y donde fui testigo de un gran auge económico y después por desgracia de un despoblamiento y declive doloroso. Cien años de entrañable historia de claroscuros. Cien años de buenas acciones de gente amante del terruño y en los que no ha faltado gente dañina, miserables saqueadores del erario, carentes de amor por la casa grande. Yo me quedo con la buena memoria de tantas personas, quienes de una u otra manera sembraron literal y metafóricamente en la fértil comarca. Me quedo con el orgullo de mi origen, ligado al de tantos buenos mantenses que siguen construyendo la esperanza cada día.

"El único que cambia de verdad la faz del planeta es el que ara modestamente el terruño", afirmó Ramón Gómez de la Serna. Tiene razón. Mucha gente aró y sigue arando en mi Mante amado. Las cañas siguen floreciendo, el verde de la esperanza sigue vivo.