Columnas

¡La maldición del Siglo!

  • Por: ERNESTO SALAYANDIA GARCÍA
  • 17 MARZO 2019
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¡La maldición del Siglo!

La negación, la NO aceptación

Gracias a Dios, hoy no amanecí crudo, ni destilando alcohol hasta por los poros, no traigo ansiedad, ni lagunas mentales, recuerdo muy bien todo lo que hice ayer, hoy, estos limpio, me siento libre y motivado a escribir mi artículo semanal  como lo he hecho en 20  año, semana  a semana, he escrito, cerca de mil columnas  De adicto a ADICTO, a mí me costó mucho trabajo aceptarme como alcohólico, no iba satisfecho ni convencido a las juntas de los Alcohólicos Anónimos y menos cuando me subía a la tribuna y me presentaba. - Hola buenas noches, soy Ernesto, alcohólico. - Como en todo, tuve que vivir mi propia experiencia y sufrir mis propias consecuencias. En mi negación, fui de turista a los grupos de AA, por supuesto que no me quede, muy a pesar de que mi vida por mi consumo diario de alcohol y cocaína, era prácticamente un verdadero desastre, ya te la sabes, depresión permanente y crónica, sentimientos encontrados, frustración y un intenso dolor del alma, comandado por la soledad, llegue a Oceánica más por una promesa que le hice a mi esposa, que por convencimiento y bajo mis propias condiciones, acepte el tratamiento de 35 días, pero no me derrote, ni me acepte, no me rendí ante el alcohol y las drogas, ni por enterado de mi enfermedad que es mental, física, emocional y espiritual, nunca supe del cumulo de defectos de carácter, ni de mis nefasto  apegos, mucho menos de mis temperamentos, desconocía los rasgos de mi personalidad,  igual,  de mis patrones de conducta, pensé por muchos años que solo tenía un problema por mi manera de beber y por consumir drogas, lo que ya me había mercado con rotundos fracasos en todo los sentidos y mi vida se había tornado en un callejón sin salida, atrapado en las sustancias y conductas toxicas, siendo una vida en blanco y negro

 Un ayer entre las tinieblas

Víctima de un alto nivel de ansiedad, me fumaba cerca de tres cajillas de  cigarro, uno cada diez minutos, me inyectaba Nubain, morfina sintética tres miligramos, tres veces al día, perdía todo el  día recorriendo farmacias, buscando la sustancia y no descansaba hasta que me arponeaba la nalga con la jeringa completa de Nubian, la droga me generaba fuertes dolores de cabeza, depresión aguda,  encontré " alivio" en los anti depresivos, por supuesto me hice fármaco dependiente, me prendí del  Rivottil, Lexotan ,  Taffil, Valium y establecí una muy fuerte dependencia que difícilmente me sacaban del hoyo, había depresión,  sin báñame, sin trabajar,  que duraban más de cinco días y ahí me tiraba al drama,  secuestrado por la loca de la azotea con esos pensamientos psicóticos, patológicos, recurrente, por demás obsesivo.- Vaya, todo un estuche de monerías.- Sin incluir mi celotipia infernal, obsesión que mata y que por ella, perdí el sano juicio, me volví loco y una vez que mi mujer sugirió a alguien que yo necesitaba ayuda psiquiátrica, me ofendí tanto, que procese una demanda por difamación de honor en su contra, por supuesto, que la droga me robo mi estabilidad mental y económica, me  robo a mi familia, el sano juicio, me despojo de mi dignidad  y ahora comprendo porque no pude derrotarme, se ahora, el por qué un borracho se resiste a reconocer su grave enfermedad, se el por qué un drogadicto sufre y no quiere ayuda, precisamente porque yo vengo de ahí, de ese maldito infierno.- Negación.- Mal de muchos, consuelo de tontos.- No hay peor ciego que el que no quiere ver.-

La borrachera seca

En mi segunda época, después de que termine mi proceso en el centro de rehabilitación donde nací, llegue al grupo,  vi caras conocidas y el gordo Erick me dio las llaves de la cafetería y me hizo el cafetero en jefe, gracias a ello, no falte ni un día en los próximos 3 o 4 años que estuve militando, entrando a las 6 de la mañana, pero yo no me sentía bien, no veía mi progreso, pasaban los días y seguía igual de neurótico, peleando mañana tarde y noche con mi mujer, celoso empedernido, maniaco depresivo, intolerable, muy irritable y por supuesto farol de la calle oscuridad de mi casa, en el grupo era todo dulzura y en mi casa el huracán rugiente, el neurótico de siempre, el cavernícola emocional a todo lo que da,  es decir, yo iba nada más a calentar la banca

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