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El Mitote Indígena

Los mulatos del río Bravo fueron registrados por vez primera en 1777 en relación con los hechos sucedidos en un rancho en la jurisdicción de Reynosa conocido como El Rosario, propiedad de Pedro Cantú, que sobrevive como una comunidad cerca del cruce internacional de Nuevo Progreso

Mitote o baile de los indios Comanches y Apaches.El Mitote Indígena

La etimología de la palabra mitote proviene del náhuatl "mitotiqui" (danzante) de "itotia" (bailar). Esta palabra era utilizada en documentos tempranos de la colonia novohispana en el noreste de México para indicar todo tipo de ceremonias nativas practicadas por los grupos cazadores y recolectores, como fueron las danzas de guerra y los bailes de rituales.

Más arriba del delta sobre el río Bravo, en ambas riberas del río, Alvar Núñez Cabeza de Vaca en 1535, fue testigo de un comportamiento ceremonial importante. En una ranchería sobre el río Bravo, el rito incluía cantos y danzas, así como el uso de un sonajero de guaje como resonancia. Éste tenía quizá una agarradera de madera, contenía piedritas y tenía orificios en la pared para acrecentar más el sonido.

Calabazas

Los indígenas le dijeron a Alvar que los guajes provenían del río durante las crecientes y que eran recogidos después de que bajaban las inundaciones. Este guaje de resonancia también fue empleado por los chamanes en rituales de sanación de personas. Los datos provenían de una ranchería indígena, cerca del cruce del río cerca de la actual Cd. Mier, Tamaulipas. 

Alonso de León también observó estas calabazas entre los grupos de la zona de Monterrey-Cadereyta-Cerralvo durante la primera mitad del siglo XVII. Alonso, el primer cronista del Nuevo Reino de León, explicó que grupos vecinos de una región se unían en estos mitotes en un lugar y día predeterminado; "venían ese día, sobre tarde, embijados; y los casados, almagrados (tinte rojo) las cabezas y encebados..." 

Explicaba el cronista que "desde prima noche hacen un fogón; para la que tienen gran cantidad de leña junta. Y empiezan a tocar unas calabacillas con muchos abujericos y dentro muchas piedrezuelas de hormiguero; y en unos palos de ébano y palos de otros, muy rayados, hondos, de forma, que pasando recio hacen un agradable sonido; empiezan a bailar, indios y indias, en una o dos ruedas, en torno del fuego. Los pies muy juntos; los codos  salidos y la espalda medio agachada. Dando saltitos adelante, casi arrastrando los pies y tan juntos, que la barriga del uno va topando las nalgas del otro, cantando que parece una voz sola, entran en este coro todos los que quieren, algunas veces ciento, otras más y menos."

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Letra de canción de danza guerrera y de danza del peyote.

En el verano de 1686, Alonso de León el mozo, narra en su diario de viaje algunos aspectos etnográficos sobre las poblaciones nativas que habitaban la parte baja del río Bravo. Esta expedición de ida y vuelta, que duró un mes completo entre Cadereyta y la desembocadura del río Bravo, se esforzaba por encontrar al ilusorio fuerte francés San Luis. En esa expedición venia el capitán Carlos Cantú, abuelo homónimo de quien fundaría la villa de Nuestra Señora de Guadalupe, con la anuencia de don José de Escandón, 63 años más tarde.

Alonso de León viajaba en el área del delta del río Bravo, cuando en algún lugar al poniente del actual Matamoros, observó un sitio ceremonial recién abandonado por un grupo nativo de cazadores y recolectores. Lo reconoció únicamente por la gran cantidad de pisadas humanas. A partir de los patrones de las huellas, juzgó que unos 300 indígenas habían participado en la ceremonia. Las observaciones de Alonso, deben ser de cierto interés teórico para los arqueólogos, porque tal evidencia de actividad grupal no podría ser reconocida en investigaciones y excavaciones arqueológicas de rutina. De León no habría podido reconocer el sitio si una fuerte lluvia hubiera borrado las huellas. Probablemente la ceremonia era una representación de una danza de guerra, ya que la presencia de los expedicionarios había causado una gran conmoción entre los grupos nativos ribereños. 

Otros instrumentos musicales

En esa misma expedición, de León mencionó otro instrumento musical, la flauta, pero parece que su uso estuvo vinculado con eventos de confrontación bélica en el río Bravo. Existen referencias etnohistóricas de grupos huastecos, así como grupos indígenas en Coahuila, donde la flauta era parte del escenario de guerra, amenizadas por hombres o mujeres.

En algún momento entre 1783 y 1796, el explorador del Golfo de México, José de Evia, visitó a un grupo indígena sin nombre que vivía cerca de la desembocadura del río Bravo. Este grupo danzó y cantó todos los días, durante el poco tiempo que los exploradores estuvieron allí. 

El etnólogo suizo, A.S. Gatschet, obtuvo un vocabulario de palabras de la etnia comecrudo del río Bravo que todavía vivían en Las Prietas en 1886, en las inmediaciones de lo que es la actual Reynosa Díaz. Gatschet registró los nombres de dos danzas ceremoniales, una de las cuales fue identificada como una danza del peyote, mientras que registró la letra de una canción para una danza del venado. Sus informantes dijeron que los comecrudos se dedicaban a danzar todos los días durante el mes de marzo. Gatschet también recopiló una palabra para la danza en el idioma del grupo étnico cotoname, sin embargo, sus entrevistados no proporcionaron más datos. 

El vocabulario comecrudo de Gatschet indica que algunos instrumentos musicales estaban vinculados con danzas ceremoniales: un tambor (no descrito); un sonajero hecho con un guaje y con semillas de "usachito"; y unos cascabeles (material desconocido), pero del que se decía contenía pequeños fragmentos de pedernal que se colocaban en las piernas de los bailarines justo debajo de la rodilla.

En 1777, se observó un guaje en una ranchería indígena nombrada como mulato, pero no se identificó su uso. Los mulatos del río Bravo fueron registrados por vez primera en 1777 en relación con los hechos sucedidos en un rancho en la jurisdicción de Reynosa conocido como El Rosario. Este rancho, propiedad de Pedro Cantú, sobrevive como una comunidad cerca del cruce internacional de Nuevo Progreso.

Los registros sobre esta etnia contienen algunos detalles de la cultura mulato. Su aldea o ranchería se encontraba situada cerca de una densa zona boscosa, en la que se dispersaban cuando se sentían amenazados. No tenían casas propiamente dicho, solo enramadas, las cuales eran simples cobertizos de ramas de arbustos sin paredes. Normalmente los mulatos dejaban el asentamiento durante el día para buscar alimentos y regresaban al anochecer. Se menciona que usaban el caballo para cazar venados. Existen referencias de pieles de venado, arcos y flechas y del guaje (aunque se desconocen la procedencia y su  uso). 

Grupos de la familia lingüística Uto-Nahuatl, como los tepehuanes y tlaxcaltecas, tiene una fuerte presencia en el noreste mexicano en la llanura costera del Golfo de México desde la última parte del siglo XVI. Palabras derivadas de sus lenguas, tales como mitote, sobreviven en el español hasta hoy en día.