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Crece la demanda de agua; colapsan redes de distribución

En el sur de Texas, el envejecimiento del sistema se une a la creciente población

En una tarde abrasadora en el sur de Texas, Sonia Lambert miró hacia un canal al aire libre que transporta agua de color verde barro desde el Río Bravo a los pueblos cercanos y tierras de cultivo, perdiendo gran parte de ella por evaporación y filtración a lo largo del camino.

“Ese será el problema de otra persona”, dijo Lambert, refiriéndose a su próxima jubilación como jefa de un distrito de riego cerca de la frontera entre Estados Unidos y México.

Productor de algodón monitorea la cosecha en su granja en Harlingen.Crece la demanda de agua; colapsan redes de distribución

En el Valle del Río Grande, un sistema de canales diseñado hace más de un siglo para la agricultura aún suministra agua a las exuberantes tierras de cultivo y a los pueblos y ciudades de rápido crecimiento de la región. Hoy en día, los canales pierden hasta un 40% del agua que transportan, un desperdicio que, según los expertos, podría contribuir a una fuerte escasez de agua en las próximas décadas a medida que la población crece y el cambio climático intensifica las sequías.

“A medida que esta región continúe volviéndose más seca debido al cambio climático, los suministros de agua se reducirán enormemente”, dijo Guy Fipps, profesor de ingeniería de riego en la Universidad de Texas A&M que ha estudiado el sistema de agua desde 1998.

Los funcionarios estatales del agua predicen que durante los próximos 50 años, la demanda de agua en las ciudades y pueblos de la zona se duplicará. Durante décadas, McAllen se desarrolló a un ritmo vertiginoso, con los recién llegados atraídos por una gran zona de libre comercio y puestos de trabajo en la atención médica, la educación y el comercio minorista. Entre 1990 y 2020, McAllen y las ciudades vecinas de Edinburg y Mission se multiplicaron por seis a casi 871,000 personas, según la Oficina del Censo de EU de manera similar, las ciudades mexicanas de Reynosa y Matamoros al otro lado de la frontera se multiplicaron después de que se establecieran plantas de ensamblaje de propiedad estadounidense a mediados de la década de 1990.

Para complicar aún más las cosas, un tratado de 1944 entre Estados Unidos y México que define cómo los países comparten el agua del Río Grande. Se supone que México enviará 350,000 acres-pies de agua cada año a los EU suficiente para abastecer hasta 700,000 hogares. Pero periódicamente no ha cumplido con esas obligaciones, retrasando las entregas debido a la sequía, la escasez de agua y una industria agrícola sedienta en el norte de México.

Las entregas tardías son una fuente de frustración, pero los administradores del agua y los agricultores en los EU se apresuran a reconocer un desafío importante en casa también: el sistema de canales con fugas que los funcionarios locales y estatales han considerado demasiado costoso para su revisión.


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