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Tana French: “Todos ocultamos en casa algo que no queremos que se encuentre”

Otra vez un asesinato conduce a Dublín y a Tana French (Vermont, 1973). La víctima es ahora una mujer joven y atractiva, Aislinn Murray, a la que han matado de un golpe en la cabeza en su casa del barrio de clase trabajadora de Stoneybatter, al norte de la ciudad, en lo que parece un claro caso de violencia de género. La encargada de resolverlo es la bisoña detective Antoinette Conway, de la brigada de homicidios, en cuyo seno ella misma está sufriendo acoso. La novelista, considerada hoy de las mejores del género, observa mientras uno dispone las herramientas del oficio para la entrevista —cuaderno, bolígrafo, carpetas con notas—. ¿Ve un parecido entre la situación que se crea ahora y la de un interrogatorio policial como los que tan magistralmente describe en su nueva novela, Intrusión (Alianza)? Ríe con ganas avanzándose en la butaca del Library Bar del añejo Central Hotel. “Es cierto, son circunstancias semejantes, aunque el interrogatorio se parece más a un duelo, en el que uno trata de arrancar una información, y la entrevista generalmente es un asunto más de colaboración y buenas intenciones”.

Tana French: “Todos ocultamos en casa algo que no queremos que se encuentre”

El inusual sol que brilla en Dublín (donde reside French) y entra a borbotones por la ventana hace que el corto cabello pelirrojo de la novelista brille aureolándola como una especie de Juana de Arco. La imagen sirve para recordar que la escritora es también una reconocida actriz profesional, con una especial querencia por Shakespeare. En Intrusión —mejor thriller del 2016 según The Washington Post y Time— la autora logra momentos de altísima tensión durante los interrogatorios. “Gracias, es curioso porque encuentro que son muy difíciles de escribir, son situaciones con unas fronteras tan limitadas, tan estrictas… El policía quiere información y, en general, el sospechoso se resiste a darla. No hay mucho más para salir de eso. Y el espacio obliga al estatismo, dos sillas, una mesa, una habitación cerrada. Pero es cierto que ahí, en ese pequeño reducto, se libra una importantísima última batalla y se despliega el indispensable conocimiento que ha de tener el detective de la naturaleza humana”.

La escritora incluso se permite un tour de force cuando dos detectives interrogan a un tercero. La situación adquiere la emoción de la lucha a espadas de los dos caballeros Jedi contra el Sith en La amenaza fantasma, en versión dialéctica. French ríe con la comparación. “Fue especialmente interesante de escribir porque enfrentaba a personas que conocen los trucos del oficio, las trampas, las estrategias”.

Esas escenas de interrogatorios en Intrusión tienen una fuerte vertiente teatral. “Sí, de hecho me gustaría que las hicieran actores y que una audiencia pudiera verlas representadas”. ¿La experiencia como actriz le ayuda a la hora de escribir? “Sin duda, escribo como una actriz, todo sale del personaje, el personaje es lo más importante, y lo que quiero es que el lector vea toda la historia a través de sus ojos y acabe pensando que es alguien a quien conoce. Tengo mucho en cuenta además el lenguaje corporal y cuando escribo frases intento representarlas”.

Intrusión es una historia que se va enredando. “El crimen resulta no ser tan sencillo, ni tampoco la víctima. Es fácil y una tentación utilizar a la víctima solo como el elemento que detona la acción, pero me gusta complicarme la vida”. Ni la violencia de género ni el acoso que aparecen en la novela son situaciones tan diáfanas como parecen inicialmente. “Hay casos que son muy claros, pero me resultan más interesantes los que son más complejos y en los que la mujer no es un elemento pasivo. En los dos escenarios que planteo en la novela, el de la mujer muerta y el de la detective acosada, se trata de poder. Quién controla la historia y decide sobre el otro”. French no tiene problema en introducir elementos que distorsionan lo que serían casos diáfanos de violencia de género y acoso. Posiblemente, sería más difícil para un hombre moverse en esa ambigüedad. “¿De verdad? No lo había pensado. Necesitamos libros en los que todo esté claro, pero a mí no me interesa escribirlos. No estoy interesada en escribir en blanco y negro, de buenos y malos; el mundo es mucho más complejo y toda persona tiene su lado oscuro y su lado luminoso. Los asuntos del juego de poder no son exclusivos de los hombres. Hombres y mujeres pueden expresarlos de manera diferente, pero son universales”.

La escritora va cambiando de detective en sus novelas. “Si te quedas con el mismo, corres el peligro de escribir una y otra vez la misma novela”, sostiene. ¿Así que ahora que hemos intimado con la detective Antoinette Conway nos la quitará? “Sí”, dice con un mohín cruel que se disuelve en una sonrisa. En su próxima novela no habrá detective protagonista, aunque sí un asesinato. “No sé escribir un libro sin poner un cadáver”, bromea.

De la detective Antoinette, que se siente acosada en la brigada, dice que no está basada en una persona real, pero que su asesor para escribir novelas policiacas, un detective retirado con el que French tiene una relación de confianza y que le habla muy honestamente, le ha explicado que la policía “puede ser y es normalmente un lugar difícil para las mujeres, hay mucho juego de poder y cualquier cosa que te haga diferente te convierte en blanco”.

En Intrusión, hay también un juego especular entre la víctima y la detective por la falta del padre de ambas. “Es una historia sobre las historias que nos contamos a nosotros mismos y nuestros padres son algo que conforma especialmente nuestro relato, son el inicio, y si ahí hay una ausencia, el vacío es muy determinante”. De nuevo, al igual que en novelas anteriores como Faithful Place, French muestra un gran interés por el tema familiar. ·”Me gustan las emociones intensas, y eso lo encuentras en las familias”, afirma.

French describe de manera casi orgánica el instinto de caza de su detective Antoinette, que percibe un olor metálico de sangre cuando se acerca a desentrañar el caso. “Tenemos el instinto de descubrir los misterios, es algo muy humano, no solo el placer de la resolución, sino todo el proceso”.

En la novela, cuando los detectives registran una casa siempre encuentran cosas que la gente quería ocultar, independientemente de que sean o no relevantes para el caso que se investiga. “Todos tenemos secretos de algún tipo”, señala French. “Todos ocultamos en casa cosas que no queremos que nadie encuentre”. ¿Eso significa que todos somos culpables de algo? “Probablemente, de cosas no demasiado serias en la mayoría de los casos. Ese instinto de ocultar se contrapone al de descubrir. En la vida todos vamos ocultando cosas y descubriendo cosas, y a veces son las mismas”.

La novelista reflexiona que si alguien mirara las búsquedas que ha hecho ella en su computadora se quedaría estupefacto. “No quiero ni imaginármelo, la última probablemente sería ‘cómo matar a alguien en veinte segundos’”. Afuera, el ajetreo se apodera de Dublín. “Es mi escenario porque es la única ciudad que conozco bien, en realidad es el único personaje que aparece siempre en mis novelas”. n

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