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La reinvención de lo documental entre el público del Sónar

El fotógrafo Jorge Ribalta muestra nuevas técnicas en la presentación de imágenes

Montaje de dos fotografías pertenecientes a la serie ‘Sur l’herbe’, 2005-2008.La reinvención de lo documental entre el público del Sónar

No hay emoción, ni tan siquiera diversión, en las imágenes que componen Sur l’herbe. Y es precisamente en este contexto sintético en el que se apoyará el autor para dar forma a la secuencia de imágenes. Al tiempo que establece un paralelismo con la obra de Manet, realizada en 1863, una pintura que marcaría el discurso de la vida moderna y que coincide con los albores del medio fotográfico. La serie invita a “una reflexión sobre la nueva centralidad de las industrias culturales y turísticas en la economía urbana y sobre cómo la cultura genera también sus propios métodos de disciplina social”, apunta el artista. Forma parte de una trilogía dedicada a la Barcelona caracterizada por ese cambio de modelo económico, un proceso de transformación documentado desde distintas vertientes por el fotógrafo en la zona del Fórum 2004, en el barrio del Poblenou y en la plaza de la Garduña en el Raval.

Realizada en blanco y negro, como la mayor parte de la obra de Ribalta, Sur l’herbe ocupa toda una pared en forma de mosaico. Una presentación saturada de imágenes que se aleja de la imagen única que viene también a caracterizar su obra. “La serialidad es lo que hace que las imágenes puedan ser legibles y dar cuenta de la complejidad social”, destaca el fotógrafo, aludiendo a la teoría de Sergei Tetriakov, crítico de la vanguardia histórica, implícita en el surgimiento del discurso documental que comienza en los años treinta. “La fotografía permite comprender la complejidad social porque interrumpe el movimiento y corta temporalmente la trama de relaciones que rodea al individuo. Este momento de interrupción hace legible lo que de otra manera no sería posible”, explica el autor catalán, quien compagina su quehacer artístico con el ejercicio de la crítica, el comisariado, la gestión cultural, la investigación y la edición. “Una multiplicidad de facetas que ha tendido a situarlo en una posición inasible, a menudo en detrimento de su visibilidad como artista”, tal y como destaca Valentín Roma, comisario de la exposición.

La obra de Ribalta ha sido descrita como una arqueología de la fotografía, dado su propósito de “devolver a la actualidad la memoria histórica del medio”. Su primera etapa, que se inicia en los ochenta, perseguía el “desmontaje del naturalismo y de la transparencia” y entendía la fotografía como “el resultado de un proceso que, se produce o se fábrica”. Durante los primeros años de este nuevo siglo se produjo un giro radical en su obra durante el cual el autor abandonó el naturalismo construido para redirigir sus proyectos hacía una reinvención de lo documental.

“Mi posición parte del debate sobre la crítica al realismo que tiene lugar en los ochenta, en la época previa a la fotografía digital”, explica Ribalta.

 “Una crítica entonces necesaria, heredera de los estudios y planteamientos de los sesenta, que con el tiempo se agota. Implicaba renunciar a lo que para mi es la gran aportación de la fotografía a la cultura moderna: el principio de realidad, de objetividad y materialidad de las cosas, es decir el principio documental”. Así, en Procesos documentales, su primera exposición como comisario, en 2001, el autor analiza la actualidad del documento en una época reciente basada en el Photoshop y en la idea de naturalizar la fotografía como una ficción. 

“Había que resistir ese discurso”, apunta el fotógrafo.



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