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El subconsciente racial de Estados Unidos

Isabel Wilkerson plantea en el influyente ensayo ‘Casta’ que las desigualdades de raíz étnica que existen en EE UU son la “infraestructura” que explica las divisiones sociales

Dos hombres rebuscan entre la basura en una calle de Los Ángeles.El subconsciente racial de Estados Unidos

La conclusión más razonable es que aplicar esa categoría a una democracia liberal con una economía de mercado, por mucho que pueda resultar útil para denunciar el racismo, no contribuye gran cosa a esclarecer un sistema de desigualdad que se reproduce, precisamente, de forma larvada e insidiosa en un sistema formalmente igualitario y meritocrático. El problema surge cuando se intenta convertir la metáfora en un principio de análisis riguroso Wilkerson usa la metáfora de la casta para poner de manifiesto cómo el racismo estructural provoca un déficit de respeto y dignidad entre los colectivos subalternos cuyos efectos se extienden capilarmente por toda la sociedad estadounidense. Es una idea descriptivamente valiosa. De igual modo, es legítimo hablar de las relaciones laborales extremadamente explotadoras como si fueran relaciones de esclavitud, siempre y cuando tengamos claro que se trata sólo de una figura retórica. El problema surge cuando se intenta convertir la metáfora en un principio de análisis riguroso, que diluye las diferencias específicas del racismo estadounidense en la noche en la que todas las desigualdades son pardas. Por un lado, es llamativo que en Casta apenas se mencionan las inequidades económicas —manifiestamente relacionadas con las desigualdades de estatus—, tal vez porque algo así plantearía una dificultad argumental. El sistema de discriminación racial estadounidense, como recuerda la propia Wilkerson, hunde sus raíces en el esclavismo decimonónico, es decir, en un sistema de explotación económica cuyo fundamento es la propiedad de unas personas por otras y que, en su forma moderna, está íntimamente relacionado con los orígenes del capitalismo. Por otro lado, si la noción de casta se usa en un sentido amplio y figurado, no se entiende muy bien por qué limitarla a las sociedades india, estadounidense y, en un periodo muy concreto, alemana. Hay un sinfín de ejemplos de sociedades con sofisticados sistemas de discriminación de algunos colectivos sobre la base de categorizaciones socialmente construidas.

En realidad, tal vez sea injusto hacer un juicio de Casta atendiendo a sus aspiraciones explicativas. Como ensayo periodístico es un libro emocionante e informativo, con una gran potencia expresiva y que señala con vehemencia la profundidad de las heridas que ha dejado el racismo en la sociedad de EE UU. Cuando Wilkerson deja a un lado las pretensiones teóricas y el tono oracular —”Los ocho pilares de las castas” y cosas así— se muestra como una gran ensayista, capaz de indagar en los pliegues más oscuros de la autopercepción étnica de la sociedad norteamericana mediante un collage de testimonios históricos, relatos autobiográficos e información de actualidad.

Casta es un viaje al subconsciente racial de su país que señala traumas que se manifiestan una y otra vez en la vida compartida. Pero también ofrece lecciones valiosas para las sociedades europeas, en las que las adscripciones raciales son a menudo menos explícitas, pero dan lugar a desigualdades estructurales poco reconocidas y, sin embargo, penetrantes.



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