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El hombre y la gaviota

La diferencia entre los dos es que la gaviota actúa por instinto, mientras que el hombre tiene la capacidad de ser un observador de fenómenos

Todos los días, al nacer el alba, allá en el mar, una gaviota despierta, emprende el vuelo y pasa buena parte del día buscando el alimento para sí y para sus críos, después de lo cual regresa al nido y toma un descanso, para volver a empezar al día siguiente.

Todos los días, al nacer el alba, en cualquier parte del mundo, un hombre despierta, emprende un recorrido y pasa buena parte del día trabajando para llevar el alimento para sí y para su familia, después de lo cual regresa a casa y toma un descanso, para volver a empezar al día siguiente.

El hombre y la gaviota

La diferencia entre los dos es que la gaviota actúa por instinto, mientras que el hombre tiene la capacidad de ser un observador de fenómenos.

Qué significa

El hombre tiene la capacidad de preguntarse por qué y para qué hace todo eso y de buscarle un sentido a lo que hace. El hombre tiene la capacidad de preguntarse si es feliz, y si no lo es, tiene la capacidad de hacer algo al respecto para modificar el rumbo de su vida. Tiene la capacidad de no vivir tan solo como una gaviota, por instinto, por inercia. Que use o no esa capacidad, eso ya es otra historia.

Hay un ejemplo precioso de este principio en una escena de la película "En busca de la felicidad" con Will Smith y su hijo Jaden.

En esa escena, Chris Gardner, el personaje que representa Smith y que por cierto es una persona de la vida real en cuya vida se inspiraron para la película, va caminando por las calles de San Francisco. Sus hombros denotan el agobio de su lucha diaria por obtener el alimento para él y su hijo sin tener un hogar y cargado de deudas. Pasa por una institución financiera y ve salir a los trabajadores felices, animados, conversando alegremente unos con otros, y entonces hace la reflexión y se hace la pregunta que cambiaría su vida, diciendo: "Todos se veían endiabladamente felices. ¿Porqué no me veía yo así?". Esa pregunta, esa observación de ese fenómeno (porqué otros eran felices y él no), lo llevan a tomar decisiones y tomar acciones que con el tiempo y con no poco esfuerzo, lo ayudan a alcanzar las metas que se propuso para ser feliz y vivir tranquilo. 

El buscar y perseguir la felicidad es una decisión personal. Hay personas que se resignan a vivir como la gaviota, en automático. Viven una vida rutinaria cada día, sin encontrarle un sentido a su esfuerzo y aceptando condiciones que no solo no las hacen felices. Las hacen endiabladamente infelices. Pero nunca se preguntan por qué han aceptado vivir así. Han sepultado su capacidad de ser observadores de fenómenos y con ello, la posibilidad de ser felices.

Una dulce certeza

Como dice Sean Covey en "Los 7 Hábitos", tal vez estas personas sientan cierta seguridad en el hecho de sufrir. Se trata de un estado que conocen bien y cambiar les produce temor.

Tal vez piensen: "Quizá si sigo sufriendo lo suficiente, mis padres, mi pareja o alguien sí sentirá pena por mí y empezará a quererme". Desafortunadamente, como les digo a mis alumnos, las relaciones sanas no se basan en la lástima. La lástima, si le quitan el acento, dice lastima. La lástima lastima. No podemos aspirar a crear relaciones sanas en base a ese sentimiento.

O tal vez piensen que algún día Dios observará su infelicidad y milagrosamente corregirá el caos que existe en sus vidas sin que ellos tengan que hacer nada de su parte.

Pero vivir así no es vivir, y a este mundo fuimos enviados no solo para buscar la felicidad, sino para encontrarla y hacerla nuestra.

No hablo de vivir una vida egoísta en la que obtenga mi felicidad a costillas de la infelicidad de otros. Eso tampoco me dejará una felicidad duradera.

Tal vez, de manera simple y como lo define Jorge Bucay, "la felicidad es la certeza de no sentirse perdido".

El saber que voy por el camino que yo elegí o que yo acepté por convicción propia, buscando la mejor manera de dejar una huella positiva de mi paso por este mundo, hará que me sienta menos como una gaviota, y más como un hombre. Como un verdadero ser humano.


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