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Batalla judicial por el barco fantasma

Chile y una empresa cazatesoros pugnan en los tribunales del país andino por el galeón ´Oriflama´, hundido en el Pacífico en 1770 con 450 mil piezas de la Real Fábrica de Vidrio

  • Por: Vicente G. Olaya
  • 04 / Noviembre / 2018 -
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Batalla judicial por el barco fantasma

Botellas de cristal tallado del siglo XVIII del museo de la fábrica segoviana.

La culpa fue de Fernando VI, que se murió sin avisar. Eso provocó que las modas cambiasen y que el nuevo monarca (Carlos III) impusiese la suya.

Por eso, la producción demodé de cristal de la Real Fábrica de Vidrio de La Granja tenía cada vez peor salida. ¿La solución? Mandarla a Nueva España o al Virreinato del Perú donde estaban faltos de estos productos y donde lo importante era la utilidad.

El virrey del México, el marqués de Cruillas, había escrito varias veces a Madrid reclamando cristales para las calesas. "Que se lo envíen", escribió el secretario de Hacienda, Miguel Múzquiz, "con la salvedad de que los géneros sean únicamente aquellos de escasa demanda y poco apreciados por el público madrileño". El problema llega hasta nuestros días y se dirime en los tribunales chilenos.

LA LEYENDA DICE...

El 23 de julio de 1770, frente a las costas chilenas, el velero "Gallardo" avistó al "Oriflama", que portaba el transparente cargamento. Como no respondía a los cañonazos de saludo, sus marineros lo abordaron en una chalupa y descubrieron que toda la tripulación yacía muerta. Regresaron a su nave para avisar al capitán, Juan Guillermo de Ezpeleta, pero el "Oriflama", sin nadie al timón, siguió su ruta y desapareció entre la bruma. De hecho, se le conoce como la "Nave de los agonizantes".

Los apuntes históricos señalan en cambio que el "Gallardo" halló a unos 70 supervivientes afectados de escorbuto, de un total de 200 navegantes iniciales, pero que una descomunal tormenta impidió el rescate.

Así, el galeón, fletado por Jerónimo Ustáriz y Tovar, que había comprado toda la producción al rey (por 1.29 millones de reales, unos 8.3 millones de euros al cambio actual), fue engullido por el oceáno Pacífico junto con su carga de 450 mil piezas del preciado cristal.

HACE 20 AÑOS

La sociedad chilena Oriflama SA halló su pecio, pero se desató enseguida una batalla judicial entre el gobierno chileno y los cazatesoros.

"Llevaba arañas, óptica, espejos, cornucopias, cuberterías...", relata Paloma Pastor, directora de la Real Fábrica de Vidrio de La Granja. "Hallar el cargamento es un descubrimiento histórico e inaudito", detalla. Hoy en día, las piezas originales de esta industria que suministraba a la Corona se encuentran en museos de América, fundamentalmente.

El pecio hallado se hundió a unos 250 kilómetros de Santiago de Chile, frente a la playa de la Trinchera, próxima al municipio de Curepto, según los investigadores.

REQUISADO A LOS INGLESES

El "Oriflama" era un barco descomunal de más de 41 metros de eslora que transportaba, además de la carga, 176 hombres y 38 pasajeros. Fue construido en los astilleros franceses de Tolón, pero fue capturado por los ingleses. Los españoles, a su vez, se lo requisaron a los británicos y la Corona se lo vendió al mencionado Ustáriz, rebautizado como Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo.

Tras cargar mil 741 cajones con las piezas (iban protegidas con paja y trapos y encerradas en cuero), el "Oriflama" partió en febrero de 1770 de Cádiz. Después de su hundimiento, algunas cajas llegaron a las playas de Curepto. El museo parroquial, de hecho, las guarda.

En 1999, Oriflama SA consiguió un permiso de su gobierno para iniciar los sondeos. En la excavación hallaron un trozo de madera que resultó provenir, según los análisis, "de un falso abeto del sur de Francia", el mismo con el que se armaban los barcos franceses de la época. Se encontraron también semillas de pimienta, cristalería y metales.

SIN DERECHO A NADA

En 2005, el juzgado de Letras y Garantías de Curepto dio a los cazatesoros "derecho de propiedad" sobre el yacimiento, pero recomendó llegar a un acuerdo con el Estado. Este a su vez, basándose en un acuerdo del Comité de Arqueología Nacional, se negó a dar el permiso definitivo de excavación. "La propiedad de determinados bienes no es materia negociable", destaca el gobierno chileno.

José Luis Rosales, gerente de Oriflama SA, se queja: "tenemos derecho en función de una figura llamada prescripción adquisitiva, que consiste en que si nadie reclama la carga pasa a ser del que lo encuentra. Pusimos anuncios en los periódicos de Chile y nadie reclamó", detalla.

Pero el gobierno recuerda que tanto la Corte de Apelaciones como la Suprema establecieron que las pretensiones de Oriflama SA no son oponibles al Fisco de Chile al no haber sido emplazado en dicho proceso. El Ejecutivo admite que la legislación "permite ceder hasta el 25% de lo descubierto a las misiones científicas extranjeras, pero no a las nacionales", como es el caso de Oriflama SA, por lo que no tendría derecho a nada.

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