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´Extravían´ tres tigres en Guerrero

Tres felinos pertenecientes al grupo Los Ardillos desaparecen antes de que Profepa fuera por ellos

Se han perdido tres tigres en México y nadie tiene una pista de su paradero, si están con vida o no, si sus cabezas decoran la pared de alguna mansión en Ixtapa. Lo último que se supo de ellos fue por unas fotos donde aparecían tirados en el piso de una jaula en Guerrero, moribundos, flacos como filetes de sardina. 

Los tigres permanecían en una jaula, flacos, como filetes de sardina.´Extravían´ tres tigres en Guerrero

No eran tigres de circo, sus dueños eran presuntamente unos narcos. Si eran mascotas o máquinas de exterminio -si son: están vivos hasta que se demuestre lo contrario- es uno de tantos dilemas que rodean el asunto. 

Ahora bien, el obispo retirado de Chilpancingo dijo a este medio hace unas semanas que ese presunto grupo de narcos no usaría a unos pobres felinos para desaparecer los cuerpos de sus enemigos. Los Ardillos, así se llaman, emplean otros métodos, ácido sulfúrico, por ejemplo, decía el religioso, todo un experto en el quehacer criminal en la región.

México es un país singular. Los circos tienen prohibido exhibir animales para evitar crueldades innecesarias, pero no es demasiado difícil que cualquiera, un borracho, un criminal o simplemente un ocioso, adquiera un tigre, un puma o un guepardo por el motivo que sea. 

Según números de la Procuraduría de Protección al Ambiente, entre 2018 y lo que va de 2022, sus funcionarios han decomisado 35 grandes felinos, la mayoría en la capital. Así, Ciudad de México no es solo la gran mancha urbana de Norteamérica, sino la urbe de la extravagancia extrema.

Dicho de otra manera: es posible que un domingo cualquiera, Ciudad de México acoja a vecinos paseando con un tigre en un barrio del centro, un concierto masivo de Rosalía y un gran premio de la Fórmula Uno.

Paraíso burocrático, México no encuentra siquiera una explicación a la ausencia de las bestias. Tampoco es seguro que alguien las busque. Se han presentado denuncias, hay abiertas pesquisas, se han realizado diligencias, pero todo acaba en un embudo hecho de papeles y expresiones indescifrables. 

A la velocidad que avanza el ciclo noticioso, unos tigres perdidos en febrero no pueden competir con tragedias, propias o foráneas, más allá de un par de días. Por eso es interesante la actitud de las autoridades al respecto, un pretendido interés tan atractivo como desconcertante.

Los que mejor lo hacen son los funcionarios de la Procuraduría de Protección al Ambiente, Profepa, que por lo menos han denunciado todo este asunto ante la Fiscalía General de la República (FGR). Un delito contra la biodiversidad. 



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