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Más poder, sin rendir cuentas

Han aceptado el papel que les ha asignado el presidente: innecesarias militarmente y convertidas definitivamente en una Guardia Nacional

El presidente Andrés Manuel López Obrador obstaculiza la reforma que obligaría al Ejército y a la Marina a rendir cuentas sobre los recursos cada vez mayores que les son asignados. 

Sin control alguno de fiscalización, las Fuerzas Armadas han aceptado el papel que les ha asignado el presidente: innecesarias militarmente y convertidas definitivamente en una Guardia Nacional. 

Más poder, sin rendir cuentas

Así lo considera Mónica Serrano, investigadora de El Colegio de México, luego de sesiones de trabajo con un grupo de militares retirados, en un seminario de esa casa de estudios.

Interrumpida por la pandemia, la revisión conjunta impulsada por Serrano, estudiosa durante más de dos décadas de la relación entre civiles y militares en México, partió del cambio radical del presidente López Obrador frente a los militares respecto de lo que dijo durante su campaña presidencial, cuando prometió regresarlos a sus cuarteles después de dos sexenios de estar al frente de tareas de seguridad y combate al narcotráfico.

Comenta que el presidente fue conquistado por la "sumisión" y "obediencia ciega" que le muestran los soldados y los marinos. Con esta actitud, el mandatario obstaculiza la reforma que obligaría a las Fuerzas Armadas a rendir cuentas, y hoy les asigna múltiples tareas que no corresponden a la seguridad, dice la investigadora.

López Obrador diversifica las tareas de las Fuerzas Armadas ocupando la mano de obra calificada que poseen y las presenta como el único instrumento para eliminar la "corrupción" que en otros sexenios benefició a grandes grupos constructores. 

Sin embargo, por la falta de rendición de cuentas de las Fuerzas Armadas, el presidente está provocando que esa corrupción ocurra dentro de las corporaciones militares, como ya ha sucedido, indica.

Hoy las Fuerzas Armadas, convertidas en Guardia Nacional, se ocupan de labores de seguridad pública, pero también de tareas de migración, control de puertos, la construcción de un tramo del Tren Maya, del aeropuerto de Santa Lucía, de cuarteles para la Guardia Nacional y de los Bancos del Bienestar; a su vez reparten vacunas contra el covid-19 y distribuyen libros de texto, entre otras funciones.

No sólo es la asignación de tareas, sino también el usufructo de esas obras. A la decisión de entregar los beneficios económicos del aeropuerto Felipe Ángeles, el presidente determinó que los recursos que se obtengan del Tren Maya ya no pasarán por la Secretaría de Hacienda, sino que irán directamente para el Ejército y los casi mil 500 kilómetros de ferrocarril serán patrimonio de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Causa polémica

La cesión de obras y tareas a las Fuerzas Armadas ha causado tanta polémica que, por ejemplo, Javier Jiménez Espriú renunció como secretario de Comunicaciones y Transportes en desacuerdo por la asignación que el Ejecutivo hizo a la Semar de encargarse de los puertos del país; y el actual titular de esa secretaría, Jorge Arganis Díaz Leal, expresó el mismo malestar durante su participación en la conferencia "130 años de la SCT, 65 años de Vivencias" (cuyo video salió de circulación), en donde dijo además que los ingenieros civiles –y no los ingenieros militares– son quienes deben realizar las obras. 

"A lo mejor me corren por eso, porque ahora están de moda los ingenieros militares", agregó Díaz Leal el lunes 22.


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