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¡AÚN LA ROMPE!

A sus 57 años, don ´Paco´ se ha ganado el respeto en el volibol y ha logrado inspirar a las nuevas generaciones; es todo un ejemplo a seguir en la cancha

  • Por: Alberto Gamboa
  • 15 / Abril / 2019 -
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¡AÚN LA ROMPE!

TODO UN EJEMPLO. Don Francisco Javier Peña Ochoa tiene 57 años, a esa edad algunos ya no quieren ni caminar, pero él juega volibol como si tuviera 15.

"Yo juego con corazón, me gusta, le tengo mucho amor al volibol, tengo ya muchos años jugando y por eso trato de mantenerme para ser un buen jugador en esta liga".  Francisco Peña, voleibolista.

Don "Paco" pega tremendo salto y hace una gran bloqueada sobre la red, es punto y set para su equipo. Sus compañeros corren para felicitarlo, los aplausos también se escuchan afuera de la cancha... "Estaría padre que le hicieras un reportaje, el señor juega muy bien y tiene muchos años en la liga", comenta Ania Suarez, voleibolista de corazón y una de muchas admiradoras que tiene el señor. 

Bastaron 5 minutos más de partido para comprobar que don Francisco Javier Peña Ochoa, efectivamente se merecía una buena nota. Tiene 57 años, a esa edad algunos ya no quieren ni caminar, pero él juega volibol como si tuviera 15. 

"Yo juego con corazón, me gusta, le tengo mucho amor al volibol, tengo ya muchos años jugando y por eso trato de mantenerme para ser un buen jugador en esta liga", comenta con el sudor escurriéndole por la frente, luego de terminar otra batalla.   

Su historia inició un poco tarde en este deporte. En 1981 era futbolista, pero a sus 18 años, justo cumpliendo la mayoría de edad, cuenta que tomó una de las mejores desiciones en su vida.     

"Yo empecé ya grande, jugaba futbol soccer pero uno se golpeaba mucho y por eso me quise cambiar de deporte, el volibol es de mucha agilidad, reflejos, inteligencia, me gustó mucho porque no tienes contacto con el contrario y hay menos lesiones, por eso me incliné por este deporte", revela sin arrepentimientos.  

El "viejón" sabe lo que trae y nunca le han temblado las piernas para jugar en las ligas más fuertes de Reynosa en donde la mayoría de sus rivales son jóvenes.    

"Nos enfrentamos contra juveniles que yo les triplico la edad y como quiera nos damos buenos agarrones con ellos, porque ese es el nivel en el que uno quiere estar, bloquear, recibir, rematar", expresa con mucha emoción.  

Don "Paco" no sólo se ha ganado el respeto de propios y extraños, ha logrado inspirar a las nuevas generaciones y es todo un ejemplo a seguir en la cancha.    

"Se siente muy bonito que lo reconozcan a uno, mucha gente me dice que si no me gustaría entrenarlos porque ven que juego bien, veo que me siguen muchos jugadores jóvenes, chavos con los que me llevo muy bien, yo también admiro a muchos jugadores como Cheché y Oscar Gamboa", relata mientras trata de recordar más nombres.   

Es del barrio de la Longoria, por eso la cancha Teresita se convertido en su segundo hogar desde hace muchos años.   

"Juego dos o tres veces por semana aquí, toda la vida hemos jugado en la Teresita, también en la Carta Blanca, siempre hemos andado atrás del buen volibol", afirma.    

A la distancia sus compañeros tratan de arrancarle una sonrisa, se ve que también disfrutan de esa entrevista, porque tal vez Don Paco pudo haber llegado muy lejos en este deporte, pero la vida le tenía otros planes.   

"Fui a eventos Estatales representando a Reynosa pero nunca pude ir a un Nacional por cuestiones de mi trabajo, yo era el sostén de mi casa, ni hablar, pero de todas formas aquí seguimos haciendo lo que nos gusta", dice sin queja alguna.      

En su familia se respira el deporte, pero nadie siguió sus pasos en esta disciplina de la red y las clavadas.   

"No les gustó el voli, uno juega basquetbol y otro futbol, los quise inclinar al volibol pero no les gustó, eso sí, salieron muy buenos hijos y deportistas, no toman, no fuman, a mi esposa la conocí jugando también, ellos me apoyan", reconoce.   

Don Francisco se va a jubilar, pero aclara que solamente del trabajo ya que en el deporte de sus amores todavía le queda mucha cuerda. 

"Estoy a punto de jubilarme y yo quisiera venirme aquí a la cancha a enseñar lo que sabemos con los niños que vienen sobresaliendo para que tengamos más volibol y que este deporte no decaiga, hasta que Dios me lleve yo voy a seguir jugando", asegura. 

El señorón es de los románticos, de los de antes, de los que no cambian muy seguido de camiseta. SEGA y MISAR sus equipos más recientes que ya deberían de ir pensando en retirar ese número 3 que está dejando huella.


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