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La inspiración de una Nobel

En este mes de julio se cumplen y recuerdan los 100 años del nacimiento de la escritora y Nobel poeta polaca Wislawa Szymborska

La inspiración de una Nobel

Ahora que he vuelto a sus libros y leer algo de su obra reparo en los subrayados que hiciera de su discurso al recibir, precisamente, el premio Nobel de Literatura en 1996.

 Antes una breve semblanza: nace en Kórnik el de 2 de julio de 1923, pero desde los 8 años viviría en Cracovia donde trabaja, estudia, formaliza relaciones y, literalmente, hace su vida y su poesía.

 A los 22 años se registra su primera publicación: un poema con un título ya muy sugestivo para todo escritor: "Busco la palabra".

 A los 29 años (1952) aparece su primer libro: "Por eso vivimos". Después de publicar otros seis poemarios, obra crítica, traducciones, recibe su primera distinción de carácter internacional: el Premio Goethe, en 1991, a los 68 años.

 Como ya se apuntó, en 1996 recibe el Nobel de Literatura y sigue activa publicando: "Dos puntos" (2004), "Aquí" (2009).

 En el 2012 fallece a los 88 años. Su libro póstumo, "Hasta aquí", aparece en el 2014.

 Como comentaba, el discurso de Szymborska ante la Academia Sueca que preside el Nobel de Literatura es entrañable desde el principio:

 "Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase Pues ya la dije Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más fácil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis".

 En líneas siguientes, la escritora polaca ubica la condición del poeta en la sociedad actual ("escéptico y desconfiado"); en el mejor de los casos se le ignora, porque no hay estudios propiamente dichos, no existen profesores de poesía que estén avalados por un título con sello y firma; esto, en sociedades menos complacientes, lleva a casos extremos de humillación, hasta tal punto de llamarle oficialmente "parásito", como sucedió en la otrora Unión Soviética con Joseph Brodsky, otro Nobel de Literatura.

 A diferencia de los científicos consagrados, incluso de personajes célebres en otras artes como la música o la pintura, el poeta que logra trascender es difícil de enfocar en un rasgo interesante, y Wislawa Szymborska lo visualiza:

 "El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada. ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?".

 Adentrada ya en su mensaje, se toca un tema tan trivial como profundo: la inspiración; muchos poetas nos sentimos incómodos cuando nos preguntan sobre ese punto, pero la poeta polaca lo ve claramente y lo plantea tan sencillo, cuando a todas luces es algo que nos implica y nos demanda un compromiso de vida:

 " la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo 'no lo sé'

 "También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente 'no sé'".

 Al final de su discurso, Szymborska toca otro tema que es importantísimo en el oficio de la poesía: el asombro, pero no el asombro como una consecuencia de un hecho extraordinario, sino el asombro como una búsqueda en el diario vivir, y desde ese lugar común, entrever un lugar descomunal:

 "De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como 'la vida común', 'los acontecimientos comunes' Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.

 "Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo".

 Para ilustrar este último punto, donde se privilegia la observación de lo cotidiano, transcribo su poema "Visto desde arriba", donde la poeta se descubre poniendo atención en la muerte de un escarabajo.

 Czelaw Milosz, otro premio Nobel polaco, siguió siempre de cerca la obra de Wislawa Szymborska, e incluyó varios comentarios y poemas en su antología: "A Book of Luminous Things". Cito el referido poema con el comentario previo de Milosz:

 "La poesía de Szymborska tiene una fuerte influencia de la ciencia moderna. Ella asume que la línea divisoria entre nosotros y el resto de la naturaleza es tenue. Por otra parte, ella sabe que nuestros hábitos inveterados nos predisponen a ver a los animales e insectos con un sentimiento de que tenemos un privilegio especial. De ahí su irónico poema".

 Visto desde arriba

 Sobre un sendero yace un escarabajo muerto.

 Ha doblado con cuidado sus tres pares de patitas sobre el vientre.

 En lugar del caos de la muerte -orden y esmero.

 El horror de esta imagen es moderado,

 el alcance estrictamente local, entre la grama y la menta.

 La tristeza no contamina.

 El cielo es azul.

 Para nuestra tranquilidad su muerte es más superficial,

 los animales no fallecen, simplemente, se mueren

 perdiendo -queremos creerlo- menos sentimiento y menos mundo,

 al abandonar -pensamos- un escenario menos trágico.

 Sus ánimas sumisas no nos asustan de noche,

 respetan la distancia, saben qué es el rigor.

 Y aquí está sobre el sendero el escarabajo muerto,

 en un estado no lamentable brilla el sol.

 Da lo mismo pensar en él o mirarle:

 no parece que le haya pasado nada importante.

 Lo importante, dicen, sólo está unido a nosotros.

 Sólo a nuestra vida, sólo a nuestra muerte,

 la muerte que se regocija de su forzada primacía.

 Cierro este apunte sobre Wislawa Szymborska para recordarle con un poema-homenaje, un poema-reconocimiento que escribiera a esa sensible revelación del "no sé", apenas dos palabras que nos llevan a reencontrarnos con la poesía.

 Dos palabras

 No sé

 no es un lugar cómodo.

 No sé

 tampoco sirve de mucho.

 No sé

 pero todavía está ella

 hermosísima

 en esas dos palabras.

 Los poetas saben decirlo

 mejor que nadie:

 "Hay que repetirnos sin descanso

 no sé".

 Y será en esas dos palabras, donde vuelva

 a encontrarle.



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