
Nazaria Olivares, una viuda de 43 años de edad, criaba con orgullo unos marranos inmediatos a su vivienda en el Rancho San Joaquín, que se encontraba hacia el poniente de la villa de Reynosa, no muy lejos de los Ranchos de Santa Ana y los Alacranes, que se encuentran hoy en día en lo que son los límites de los municipios de Reynosa y Río Bravo