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Niños sanos = Niños felices

Según un estudio, un niño sano y feliz tendrá una vida laboral productiva

Un estudio de una universidad australiana revela que un niño que goza de una vida sana y feliz logrará tener una vida laboral productiva y saludable en edad adulta, informaron fuentes académicas.

Los hallazgos remarcan que el estrés laboral en la vida adulta es un asunto complejo y multifactoral asociado con una gama de factores individuales a lo largo de la vida y las características del trabajo no deben analizarse de forma aislada.

Niños sanos = Niños felices

El estudio, publicado en la revista Occupational and Environmental Medicine, abarca un período de 25 años y compara los factores como el goce en la escuela, la posición socioeconómica e indicadores de salud física y mental de la niñez con otros signos de estrés laboral en la vida adulta. 

La investigación siguió los casos de un grupo de participantes que fueron entrevistados por primera vez en 1985 en una encuesta sobre salud y condición física en las escuelas australianas.

El estudio determinó que las vías del estrés podrían originarse en la infancia, aunque este aspecto se ha explorado poco para determinar su efecto en la vida laboral del adulto. 

Los científicos también hallaron que una serie de factores positivos relacionados con la salud y la escuela estaban asociados con menores niveles de estrés laboral en la vida adulta y que éstos no estaban influenciados por la situación socioeconómica.

También concluyó que las experiencias saludables de la niñez contribuyen a una vida laboral saludable y productiva hasta la vida adulta.

MENOS JUGUETES, MÁS EXPERIENCIAS

¿Recuerdas el juguete que te regalaron tus padres o Santa en la Navidad de 1983 o del 70 o de cualquier otro año? Es probable que no. Sin embargo, es posible que sí recuerdes esa Navidad en la que tus padres te llevaron a visitar a un tío o a algún familiar que tiene un rancho con vacas y gallinas y junto con tus primos ordeñaron y recogieron huevos y todo lo usaron para hacer el desayuno.

Tú, que ahora eres madre o padre, adquieres en las jugueterías los últimos juguetes que han salido en comerciales o el muñeco de la serie de moda. Y no está mal comprarle juguetes a los niños, pero es más emocionante regalarles experiencias que podrían recordar de por vida.

Hay investigaciones, como la del doctor Ryan T. Howeel de la Facultad de Psicología de la Universidad Estatal de San Francisco, que demuestran que vivir experiencias causa más felicidad que comprar cosas. La investigación de Howeel dice: “una vivencia brinda recuerdos agradables para la memoria que se pueden utilizar en momentos con menor felicidad, mientras que al comprar un objeto no existen razones para conservar ese recuerdo”.

La investigación también expresa que el costo de la experiencia no tiene que ser elevado para que genere más felicidad. Cabe ahí el ejemplo de la visita al rancho del tío.

Según el psicólogo uruguayo Alejandro de Barbieri, autor del libro “Educar sin culpa”, es necesario y fundamental que los padres compartan tiempo con sus hijos.

CLAVES PARA IDENTIFICAR SI UN NIÑO ES FELIZ

¿Qué padre no goza escuchando las carcajadas de sus hijos? Pero estas no siempre son de alegría y plenitud. Por eso hay que poner especial atención a comportamientos asociados para identificar si el niño es realmente feliz. 

Según los expertos, a los tres meses de edad el bebé sonríe cuando ve a sus padres y entre los cuatro y seis meses expresa alegría con la voz. Sin embargo, es difícil identificar si ríe porque es realmente feliz o si es porque atraviesa por un momento de diversión. Y si para un adulto es difícil definir la felicidad o identificar lo que la produce, para un niño es aún más complicado, ya que no tiene el criterio suficiente para determinar lo que de verdad le produce más que gozo o diversión momentánea. 

Generalmente los parámetros de felicidad de los niños están ligados a las expectativas de los papás. Para que el niño identifique lo que le produce felicidad y sepa definirla, él debe cumplir sus expectativas y no las de sus padres.

MÁS QUE POSESIONES MATERIALES

La felicidad aparece cuando el niño tiene satisfechas sus necesidades básicas: alimentación, salud, vestido y educación. Pero los padres creen que la felicidad de sus hijos es proporcional al número de regalos materiales y no es así.

Al hablar de posesión de objetos se desvirtúa el sentido de la felicidad, pues lo que se produce en el menor es alegría momentánea en tanto logra un capricho material que cambia y se olvida cuando sale un nuevo juguete al mercado. 

Entonces, cuando no reciben lo que quieren, los niños dejan de ser felices y sus padres pasan a ser los malos. De ahí la necesidad de entender que el amor y la felicidad no se compran.

Por su parte, para el niño más pequeño la felicidad está representada en las figuras paterna y materna. Se siente pleno si ellos están cerca, pues lo acompañan y lo llenan de seguridad

¿Y LOS NIÑOS MÁS PEQUEÑOS?

Hay bebés de dos o tres meses que incluso desarrollan cuadros depresivos visibles en sus actitudes. Por ejemplo, ante estímulos como sonidos o música no participan, sino que se irritan.

En estos casos, hay que respetar las horas de sueño del bebé sin anular los ruidos cotidianos, pues se desconectaría del entorno del hogar. En este caso, es importante también conocer los trastornos de sueño en el bebé.

Y si no participa ante un estímulo fuerte, pero sus  sentidos funcion an normalmente, es señal de que pasa algo más allá de lo físico. Es vital el contacto piel a piel con el menor y hay que vigilar que él se alegre o al menos voltee a ver si escucha la voz de alguien querido como sus papás.

No obstante, no hay que excederse. Hay quienes creen que su bebé sólo se alegra si lo cargan. En parte esto es cierto, pues el contacto le enseña a socializar. Pero en la cuna también sonríe. Ahí, boca arriba, mueve e identifica sus bracitos y piernas y desarrolla su motricidad.

A TENER EN CUENTA

• Ver que las expectativas y necesidades básicas del niño estén totalmente cubiertas.

• El hogar debe ser un espacio cálido y lleno de amor. Si los padres se respetan y tienen constantes muestras de cariño entre ellos, el niño sentirá alegría de contar con los dos.

• Cambia la rutina familiar. El niño se aburre al tener todos los días las mismas actividades. Si cambian algunas rutinas sin caer en desorden, ni ausencia de reglas, se garantiza más adaptabilidad y autonomía del menor para afrontar diversas situaciones.

• El niño debe crecer en un ambiente de seguridad y tranquilidad para que sienta confianza hacia sus padres y no desarrolle grandes temores.

• Juega con el pequeño, pero lo que a él le gusta y no según sus intereses.

No pienses que la diversión es una pérdida de tiempo. Lo divierte y le da seguridad.

¿Cómo se comporta un niño feliz?

• El llanto no es una muestra de tristeza, es un medio de comunicación.

• Se adapta fácilmente en un sitio e interactúa

• Duerme y come bien

• Es buena compañía para padres y otros niños

• No suele hacer berrinches

• Se compromete con el juego y si recibe un juguete de regalo, interactúa con él por largo tiempo, lo que indica que no es caprichoso, ni materialista


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