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Colombia en 10 escritores, una diversidad con todas las letras

De la novela a la poesía, pasando por la crónica o la autobiografía, la literatura colombiana, vive un momento de esplendor intergeneracional

1. Laura Restrepo

La novela de la política

Colombia en 10 escritores, una diversidad con todas las letras

Entre todos los creadores colombianos, ninguno ha estado tan cerca de la realidad política de Colombia como lo estuvo Laura Restrepo (Bogotá, 1950). En 1983 formó parte de la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación que debía negociar la paz con el grupo guerrillero M-19. La experiencia y situación le obligó a emigrar de Colombia por amenazas contra su vida, y no fue sino hasta seis años después que consiguió regresar. Militante de izquierda y siempre interesada por abrir las vías de diálogo entre la guerrilla y el gobierno, además de periodista (en un momento de su vida García Márquez fue tutor suyo), Restrepo ha conseguido un estilo único en las letras colombianas. Ganadora del VII Premio Alfaguara 2004 con Delirio, ha dejado una serie de novelas que permiten hacer una radiografía moral del país, como se puede ver en Leopardo al sol (1993), Dulce compañía (1995), La novia oscura (1999), Hot Sur (2012) y Los divinos (2018).

2. Tomás González

Lejos de todo, cerca del silencio

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Hasta hace unos años se decía que Tomás González (Medellín, 1950) era el secreto mejor guardado de la literatura colombiana, pero ahora es difícil encontrar un lector colombiano que no lo conozca. Publicó en 1983 la que para muchos sigue siendo su mejor novela, Primero estaba el mar, y desde entonces ha tejido una saga literaria que no es únicamente la de su propia familia, sino la de muchas familias antioqueñas. Baste con anotar Para antes del olvido (1987) o Abraham entre bandidos (2010), y novelas como La luz difícil (2011) en la que consiguió hablarle en clave de dolor a los lectores colombianos. El fin del océano pacífico (2020), su última y para algunos mejor novela, habla sobre una región tan olvidada por el estado colombiana como poética: el Pacífico. Al contrario de la tradición narrativa latinoamericana, la prosa de González busca los silencios, siempre bajo la influencia del budismo.

3. Piedad Bonnett

Poesía a vida o muerte

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Piedad Bonnett (Amalfi, 1951) ha sido un referente en la poesía colombiana desde que publicó su primer libro de poemas en 1989, De círculos de ceniza, al cual han seguido otros siete, entre los cuales destacamos Las herencias (2008) y Explicaciones no pedidas (2011), ambos publicados por Visor. Es autora además de otras cinco novelas, Después de todo (2001), Para otros es el cielo (2004), Siempre fue invierno (2007), El prestigio de la belleza (2010) y Donde nadie me espere (2018). Es además traductora y autora de cuatro obras de teatro. Pero sin lugar a dudas su libro que más impacto generó entre el público colombiano fue las memorias acerca de la muerte de su hijo, Lo que no tiene nombre. En un país en el cual tantas madres han perdido a sus hijos, la voz de Bonnett se erigió como una espada de luz.

4. Evelio Rosero. 

La violencia como identidad

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Menos figurante que muchos otros creadores colombianos, Evelio Rosero (Bogotá, 1958) no deja de ser una de las voces narrativas que mejor ha retratado el pasado violento que ha vivido Colombia. Autor de más de una docena de novelas, fue Los ejércitos (2006) la que le permitió darse a conocer no solamente por su forma de retratar la violencia armada, sino también por ser merecedora del Independent Foreign Prize en Reino Unido (2009) y el ALOA Prize en Dinamarca (2011). Seis años y tres novelas después, obtuvo el Premio Nacional de Novela por La carroza de Bolívar (2012). Con un claro interés a las formas como la violencia han impactado el país, su última novela no es muy diferente: en Casa de furia (2021), Rosero consigue a través de un lente tragicómico representar a todos los personajes-tipo de Colombia que han conseguido dejar al país donde está: en la guerra por la incomunicación.

5. Héctor Abad Faciolince. 

Contra el olvido

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Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) representa en Colombia, desde la publicación de su memoria El olvido que seremos (2006), la realidad de los hijos e hijas de los asesinados por la violencia. Con su versión cinematográfica estrenada hace no más de un año bajo la dirección de Fernando Trueba, el nombre de Faciolince sigue consiguiendo adeptos por una historia que no solamente retrata la realidad de un país violento, sino la tristeza de un hijo que pierde a su padre en circunstancias violentas. Poeta y columnista, Faciolince ha publicado otras novelas entre las que podemos destacar Basura (2000), El amanecer de un marido (2008) y La oculta (2014). En 2019 sorprendió a sus lectores con la publicación de Lo que fue presente. Diarios (1985-2006), en donde no solamente se desnuda como hijo, escritor y lector, sino también como escritor que no espera su muerte para publicar lo que ha pensado sobre él y sobre los demás.

6. Pilar Quintana. 

Los abismos del Pacífico

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Ganadora del XXIV Premio Alfaguara de Novela con la novela Los abismos (2021), Pilar Quintana (Cali, 1972) se ha convertido en una de las voces femeninas más importantes de la literatura contemporánea colombiana. Fue elegida en 2007 por el Hay Festival como una de los 39 autores menores de 39 años más importantes, y no falló la selección: su novela La Perra (2017) recibió el IV Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana en 2018. Adicionalmente ha publicado las novelas Cosquillas en la lengua (2003), Coleccionistas de polvos raros (2010), Conspiración iguana (2009) y la colección de cuentos Caperucita se come al lobo (2012). La narrativa y estilo de Pilar Quintana representa la actualidad en literatura latinoamericana escrita por mujeres.

7. Juan Gabriel Vásquez. 

Historia y ficción

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De todos los escritores colombianos, es posiblemente Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) el único que se ha propuesto desarrollar una obra que busque establecer la forma como la literatura nos permite comprender el pasado y presente violento de Colombia: es decir su historia. Sus primeras novelas reflexionan en torno a la memoria de un país y al pasado personal de sus habitantes: Los informantes (2004) visita las implicaciones de los nazis en Colombia durante la segunda guerra mundial, Historia secreta de Costaguana (2007) visita en código conradiano la pérdida del Canal de Panamá y en El ruido de las cosas al caer (2011), que lo hizo merecedor del XIV Premio Alfaguara de Novela 2011, visita el nacimiento de la guerra contra las drogas. En La forma de las ruinas (2015) y en Volver al vista atrás (2020), ahonda en los límites imperceptibles entre la ficción, la vida nacional y la realidad.

8. Ricardo Silva Romero. 

Voz sensata

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A lo largo de los últimos años la voz del novelista y columnista  Ricardo Silva Romero (Bogotá, 1975) le ha hablado de muchas maneras a los colombianos. Su columna semanal Marcha fúnebre, en el diario El Tiempo, le ha permitido convertirse de alguna manera para muchos lectores colombianos en la voz de la sensatez. Si bien desde su novela Autogol (2009) se había adentrado en los temas más sensibles de la historia colombiana al visitar el asesinato del defensa Andrés Escobar luego del autogol durante el Mundial de Fútbol de 1994, han sido sus últimas tres novelas, Historia oficial del amor (2016), Cómo perderlo todo (2018) y Río muerto (2020), este último uno de los más descarnados relatos sobre lo que es la lucha entre la vida y la muerte, en las que Silva ha mostrado cuánto conoce a los colombianos, y cuánto reconoce la forma como se sienten.

9. Melba Escobar. 

Una mirada a la clase alta

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Columnista, periodista y novelista, Melba Escobar (Bogotá, 1976) ha conseguido en los últimos cinco años producir una obra que le ha permitido ser reconocida tanto por su soltura novelesca como por su mirada sobre la realidad social y política del país. Planeta publicó su primera novela, Duermevela (2010) y su libro para niños Johnny y el mar (2014) formó parte del catálogo White Ravens de 2015. Pero no fue sino hasta que publicó el thriller La casa de la belleza (2015) que demostró su capacidad de observación sobre la clase alta colombiana, y en La mujer que hablaba sola (2019), su capacidad de introspección psicológica al retratar a una mujer que sobrevivió un atentado a un centro comercial. Su último libro, Cuando éramos felices y no lo sabíamos (2020), escribe sobre la situación de Venezuela luego de visitarla en cuatro ocasiones recientes.


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