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´Blake y Mortimer´, el visionario cómic que inventó la novela gráfica moderna

Una exposición en Bruselas sigue la génesis de ´El secreto del Espadón´ en su 75º aniversario. Edgar P. Jacobs, su autor, inspiró a Hergé para crear al capitán Haddock de Tintín

El belga Edgar P. Jacobs, que llegó a los 82 años, fue muchas cosas en su vida, pero los estragos de la Gran Depresión, la posterior ocupación nazi de su país y el azote de la posguerra en el continente lo convirtieron, casi por necesidad, en uno de los creadores de cómics más importantes de Europa; un arte que sin embargo él siempre consideró menor. Desde luego, mucho menor que la ópera, a la que se dedicó en su juventud con cierto éxito, y que siguió escuchando mientras daba forma, ya pasados los 40, a los álbumes de Blake y Mortimer. Esta saga de cómics, venerada por miles de personas, traducida a 14 idiomas y de la que se han vendido cerca de 20 millones de copias, acaba de cumplir 75 años. Una cuidada exposición en el Museo del Cómic de Bruselas, epicentro comiquero del continente, recuerda la génesis de sus héroes británicos, el científico Philip Mortimer y el capitán del servicio de contraespionaje Francis Blake. Nacieron en septiembre de 1946, hijos de la posguerra, para el primer número de la mítica revista Tintin.

La muestra, ubicada en la segunda planta de un edificio de Victor Horta, sigue el proceso creativo de El Secreto del Espadón, la primera aventura de Blake y Mortimer. La obra es considerada por algunos teóricos como una precursora de la novela gráfica moderna y así lo reivindican los paneles: aunque se publicó por entregas entre 1946 y 1949, su autor concibió sus 144 planchas como una historia cerrada y fueron reunidas en un solo volumen en 1964, más de una década antes que La balada del mar salado, el arranque de Corto Maltés, una de las obras que buena parte de los críticos asume como la base de novela gráfica actual.

Mural de ´Blake y Mortimer´ en una calle de Bruselas.´Blake y Mortimer´, el visionario cómic que inventó la novela gráfica moderna

En la exposición uno se pasea entre bocetos y fotos del autor; se ven sus gruesas gafas de pasta, la correspondencia para su exhaustiva documentación; los utensilios de dibujo, su pipa y un extravagante baúl con disfraces. El sentido del humor de Jacobs queda claro desde el principio, cuando se explica que al malvado Orlik, antagonista de Blake y Mortimer, le puso su propio rostro.

El recorrido es también un viaje a la magnética personalidad de Jacobs, quien, entre las muchas cosas que hizo en su vida, tiene el honor de haber inspirado el tempestuoso carácter del capitán Haddock, el compañero de fatigas de Tintín. Hergé, su creador y el gran historietista belga de todos los tiempos, era tres años menor que Jacobs, pero se encumbró mucho antes, y fue una de las personas clave en su vida: su amigo, en parte su mentor y a la vez la persona que le cortó las alas para evitar que Blake y Mortimer pudieran hacer sombra al aniñado periodista: Hergé no permitió que Jacobs publicara sus álbumes en la misma editorial que él, Casterman.

La manera en que Jacobs llegó al cómic refleja en gran medida la historia del siglo XX. Nacido en 1904, su padre lo llevó de niño a la ópera y quedó marcado para siempre. Logró abrirse un hueco en la escena en los felices años veinte, algo que combina como dibujante para catálogos de galerías comerciales bruselenses; en los años treinta es contratado como barítono en la Ópera de Lille (Francia), pero muy pronto se ve obligado a regresar a su país, cuando la miseria que siguió al crack del 29 prioriza la contratación de nacionales franceses. En Bruselas ya no corren buenos tiempos para la lírica, irrumpe la guerra y Bélgica cae ante Hitler en un suspiro.

Bajo la ocupación nazi se tuvo que buscar la vida y lo logra a través del dibujo: un amigo de infancia le contrata como ilustrador para la revista de viñetas en la que publicaban los tebeos de Flash Gordon. Cuando la guerra impide que lleguen las planchas del héroe americano, le encargan a Jacobs que continúe la serie por su cuenta. Y cuando Estados Unidos entra finalmente en el conflicto y los nazis censuran los falsos Flash Gordon definitivamente, le encargan que imagine su primera historia propia: así nace El rayo U, una aventura de ciencia ficción en la que Jacobs despliega su talento.

En esa época, los cómics de Tintín han comenzado a quedarse antiguos: están en blanco y negro. Así que Hergé, que ha conocido a Jacobs en 1941 durante una representación teatral, le contrata para que dé color a sus creaciones; por esas fechas nace también el capitán Haddock, al cual Hergé le conferirá varios atributos de su nuevo amigo.

Ambos trabajan juntos e incluso llegarán a esbozar ideas para cómics firmados a cuatro manos. Y, cuando en 1946 nace la revista Tintin, de publicación semanal, Jacobs crea para ella los personajes y el universo por los que pasaría a la historia: Blake y Mortimer, dos amigos británicos enfrentados a unas oscuras fuerzas asiáticas, pseudofascistas y militaristas, que provocan una tercera guerra mundial.

"¡Somos los amos del mundo!", exclaman las huestes del Imperio Amarillo mientras arden las capitales bajo el fuego de las bombas en El secreto del Espadón. Contra la destrucción, Blake y Mortimer no tienen mucho que hacer. Pero sí guardan algo capaz de darle la vuelta a la situación: los planos del Espadón, una especie de avión submarino capaz de atacar al enemigo sin prácticamente ser detectado.


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