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El ´Cata´ y ´La Polar´, ¿quién tiene la culpa?

El vertiginoso comienzo de año nos ha sorprendido con importantes temas de coyuntura de las que se está hablando todos los días en los medios de comunicación: Three amigos, la detención de Ovidio, o el choque del metro en la CDMX. Sin embargo, hay un par de acontecimientos en los que debemos enfocar nuestro análisis para repensar el camino que estamos trazando como sociedad: La fiesta del "Cata" Domínguez y el homicidio en el restaurante "La Polar". 

Frente a estos dos eventos la reacción es coincidente: asumir que la violencia es un medio de interacción social que nos impacta de manera diferenciada, pero con una normalización que incluso los fomenta. Los grupos sociales la pueden utilizar para divertirse o para deshacerse de alguien, y quizá sin calcular cabalmente las consecuencias. 

El ´Cata´ y ´La Polar´, ¿quién tiene la culpa?

En el caso del "Cata" Domínguez, lo más simple sería calificarlo como un apologista de la violencia. He escuchado incluso a personas que critican al menor (hijo del "Cata") como si se tratara de un niño que tiene maldad por haber pedido a su papá una fiesta con esa temática. Aproximarse al problema adjetivando a los implicados es fácil y poco útil. 

Como canterano del Cruz Azul, en la idiosincrasia del fútbol mexicano y sobre todo de la afición del equipo de la Noria el "Cata" Domínguez es un jugador que le ha echado ganas, tuvo el don de jugar bien al balón y por eso lleva varios años portando la camiseta de su equipo. Con esta descripción del "Cata", se hace casi imposible hacerse entender que uno de sus ídolos sea "El Chapo" Guzmán. Supongamos mejor que el "Cata" Domínguez simplemente quiso cumplir un deseo de su hijo, que para una sociedad cansada de la violencia es reprobable, pero para un futbolista mexicano dedicado exclusivamente a tratar de ganar dos torneos al año no se trata de algo grave porque él no ha padecido esa violencia en carne propia. Al contrario, cada semana él y sus compañeros tienen en sus manos la felicidad de la afición al verles ganar o la tristeza, pero incondicional apoyo al verles perder. Al final, los futbolistas juegan, recibirán alguna crítica, pero regresarán a su casa con la tranquilidad que incluso su propia afición no tiene. 

En el comunicado conjunto de la Liga Mx y el Club Cruz Azul, ambas instituciones reprueban los hechos y refieren que se encargarán de dar capacitación al jugador sobre temas de violencia, como si se tratara de una persona a la que hay que tratar para que entienda que el narcotráfico es malo y asunto arreglado. No es así, la Federación Mexicana de Fútbol y los dueños de los equipos no han entendido que el fútbol en México es un referente de comportamiento y lo que hagan sus integrantes en el ámbito público o en las redes es de interés público.

En el caso del homicidio del Sr. Monroy en "La Polar", la conversación pública ha girado en torno a que se trató de una golpiza como las que se dan todos los días en las calles, pero que esta vez a alguien se le pasó la mano. No hay ninguna justificación para que el personal de un restaurante haya ultimado a golpes a un comensal. Pero al igual que en el caso del Cata hay que preguntarnos por qué paso: ¿los meseros son unos violentos que se despiertan todos los días con ganas de matar a alguien? A diferencia del "Cata" Domínguez, es prácticamente seguro que el contexto social en el que desenvuelve el personal del restaurante es de alta de violencia.  

No es casualidad que este miércoles se informara que los presuntos sicarios que atentaron contra la vida de Ciro Gómez Leyva hayan sido detenidos en la Gustavo A. Madero e Iztapalapa, dos de las alcaldías más violentas y olvidadas de la Ciudad. De acuerdo con el estudio realizado por el Inegi sobre la percepción de inseguridad de las 16 delegaciones, Iztapalapa está en el lugar 15 y Gustavo A. Madero en el 9. 

Cerrar el restaurante en el caso de la Polar o que el jugador y su Club den una explicación pública son acciones inmediatas, pero sin solución de largo plazo. El reto está en que como sociedad debemos aspirar a revertir la banalización o materialización de la violencia como forma de socializar e incluso de sobresalir.  

Twitter: @MaiteAzuela