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Gabriela de la Garza hace hechizos de amor en “Amarres”

La serie, que se estrena el jueves en HBO Max, es la primera producción original mexicana del servicio de streaming

Ana es una madre mexicana con mucha suerte para el amor, pero algunos accidentes y malas decisiones la dejan sin dinero y se ve obligada a revivir su don para la brujería en la serie de comedia romántica “Amarres”.

Gabriela de la Garza hace hechizos de amor en “Amarres”

Mientras tanto, se tiene que hacer cargo de la revolución que ocurre cada día en su casa con un hijo muy inteligente pero ensimismado, una adolescente voluble y una niña que hace lo que quiere.

“Me encanta poder representar a una mujer así”, dijo De La Garza. “Por supuesto que me he topado con las caras de sorpresa cuando digo ‘trata de una mujer entre comillas sola que tiene que sacar adelante a sus tres hijos y cada uno es de un padre distinto’”.

De la Garza señaló que para ella lo más gratificante es ver a Ana esforzándose por sus hijos.

“Es una mujer trabajadora que tiene que hacer lo que tenga que hacer para sacar a su familia adelante y creo que eso es lo más valioso de la historia y con lo que mucha gente se va a poder ver identificada”, dijo.

La abuela de Ana era una poderosa y solicitada bruja que hacía hechizos, conocidos como amarres, para que la gente consiguiera el amor que estaba buscando. Pero ella no está tan interesada en seguir con la tradición y decide traspasar el puesto de su abuela en el tradicional Mercado de Sonora, meca de la brujería en la Ciudad de México, para así obtener el muy necesitado dinero y concentrase en su taller de costurería.

Sin embargo, sufre un accidente automovilístico en el que pierde el dinero del puesto, pero conoce a un guapo paramédico (Juan Pablo Medina) que quiere salir con ella. En el hospital su hijo le dice que no se preocupe, que le compró una póliza de seguro millonaria y, por si fuera poco, el agente de seguros (Hugo Catalán) es muy guapo y queda prendado de ella... aparentemente. Pero en realidad se aprovecha de Ana y la deja nuevamente en ceros.

Su asistente en el taller le sugiere que monte de nuevo el puesto de brujería en la trastienda, ella accede muy a regañadientes, pronto empiezan a llegar más clientes para amarres que para arreglar vestidos.

“A todos los niveles socioeconómicos la brujería está siempre presente”, dijo De La Garza. “Nada más hay que rascarle poquito para que empiecen a salir todas estas cosas que tenemos ya como parte de nuestra educación, queramos o no, nos demos cuenta o no”.

Si la vida de Ana es cautivadora, la de sus hijos Armando (Martin Saracho), María (Alicia Jaziz) y la pequeña Olga (Nicole de Albornoz) es en sí misma un universo. Armando es un genio para las matemáticas gay, María es una talentosa grafitera, aunque a veces sufre por su carácter explosivo, y Olga es muy religiosa al grado de sentir que Dios le habla.

“María es la más normal ¿te das cuenta? En este mundo de locos, en esta familia, María es normal, es artista”, dijo Jaziz. “(Está) padrísimo representar personas de nuestra generación... está padrísimo hacer proyectos frescos y que hablen de todos estos temas como son y como van”.

La serie fue filmada en Popotla, un barrio de clase media de la Ciudad de México, refrescantemente diferente de Roma o Condesa. La casa de la familia de Ana está dañada tras el sismo de 2017 que afectó a la ciudad y tiene cintas de protección civil afuera.

“Creo que es un gran logro que estemos personas como yo, una mujer de 34 años abiertamente lesbiana, que tengamos esa oportunidad de contar nuestras historias. Habla mucho de la apuesta del streaming y habla mucho de lo que quiere hacer en Latinoamérica”, dijo la productora de la serie, Fernanda Eguiarte. “Soy orgullosamente clasemediera y lo he disfrutado mucho, disfruté plasmándolo”.



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