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DE VIAJE A LA PATAGONIA

  • Por: Reforma
  • 20 / Marzo / 2017 -
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DE VIAJE A LA PATAGONIA

MUCHO QUE VER. Recorrer las callecitas de su pequeño centro.

Ushuaia, Argentina 


Donde los Andes se hunden y el continente americano llega a su fin, la legendaria Patagonia presume un sitio único: Ushuaia. Pequeña pero sin desperdicio, la ciudad más austral del planeta es uno de los imanes turísticos más importantes de Argentina. Un enclave cosmopolita y salvaje al mismo tiempo; aquí todo puede suceder: es el fin del mundo.

DE VIAJE A LA PATAGONIA

BELLO PARAJE. Al subir el acantilado del  centro de Ushuaia sorprende la vista.

Parque Nacional Tierra de Fuego

No hay manera de ahorrarse un suspiro al ver por primera vez el bosque de lengas, tan característico del ecosistema subpolar magallánico. Durante la primavera austral los árboles ya se han poblado otra vez de hojas, que irán cambiando de tono a lo largo de las estaciones hasta desaparecer en el manto blanco de nieve. Hay que contratar una caminata guiada por expertos, que combinan esta actividad con un paseo en canoa surcando los lagos. La excursión dura ocho horas; casi al final, una comida caliente y sabrosa espera a los paseantes en el refugio. El día termina en la hermosa Bahía Lapataia, el escenario perfecto para ver caer la tarde.

Canal de Beagle

Este histórico brazo de mar es veleidoso: no se deja navegar todos los días. El viento debe soplar con dulzura para que los barcos turísticos logren zarpar. Si esto sucede, lo que en primavera y verano es muy probable, el visitante obtendrá una enorme recompensa. El Canal de Beagle debe su nombre al barco inglés Beagle, que lo surcó en 1830 por primera vez. En su segundo viaje, tres años más tarde, navegaba a bordo un joven naturalista llamado Charles Darwin. Los encuentros de los ingleses con los indios yaganes, oriundos de la zona, se recuerdan por sangrientos. Las historias que guarda el canal son narradas por los marineros mientras el barco se dirige al famoso faro Les Éclaireurs o del fin del mundo, la estrella del recorrido.

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DE EXCURSIÓN. Para llegar a el Lago Fagnano debe ser a bordo de camionetas 4X4.

Lago Fagnano

Para llegar a él no hay mejor manera que una excursión a bordo de camionetas 4X4, aptas para los terrenos más complicados. Bosques escondidos y madrigueras de castor, pendientes empinadas y ríos antes de encontrarse con el enorme lago de origen glacial, el más importante de la región. La playa, llena de piedras grises talladas por el agua cristalina y, al fondo, cerquita, los pico nevados podrían ser el paisaje de otra galaxia. Para rematar, la excursión contempla una caminata bosque adentro hacia una pequeña cabaña donde uno de los guías, que se ha adelantado, ya tiene listo un asado típico (y perfecto) de bifes y choripanes. 

Reserva de Cerro Alarkén 

Al subir el acantilado más próximo al centro de Ushuaia dos cosas sorprenden: la vista que ofrece al voltear hacia abajo -el Canal, las montañas, el pueblo- y la que regala si la cabeza gira hacia arriba: un edificio gris en el mejor estilo contemporáneo, imponente. Se trata del Hotel Arakur, que en idioma en yagán significa “acantilado”: el más prestigioso de la ciudad. Desde aquí parten las caminatas hacia el cerro para admirar la flora y la fauna fueguinas: bosques de lengas, ñires y coihues. Los senderos desembocan en un mirador natural, que brinda vistas panorámicas de la Bahía de Ushuaia; las cadenas montañosas del Martial y Vinciguerra, con su glaciar; los valles de Andorra y del Río Chico; el Cerro Cortés; los montes Olivia y Cinco Hermanos y el Canal de Beagle. La cereza en el pastel es una sesión en el spa del hotel, cuyas vistas al atardecer son incomparables.  

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AL NATURAL. Lago Fagnano, una de las estampas de Ushuaia. 

Cartel del fin del mundo

Hay algo de épico en esta tierra. Será porque siempre ha sido imán de personajes extraños, exploradores de rincones remotos, forajidos excéntricos y amantes de la naturaleza. Todos quieren llegar al punto que demostrará que han estado en el fin del mundo. Más allá, nada. O todo. Ushuaia, que en yagán quiere decir “bahía profunda”, es pequeña y modesta pero al mismo tiempo inabarcable y misteriosa, una de esas ciudades que hechiza sin remedio, aunque bien a bien no se alcance a definir el motivo. Por la tarde, al terminar las excursiones, vale la pena recorrer las callecitas de su pequeño centro, cálidas y repletas de comercio. Y, luego, bajar hasta donde empieza el Canal de Beagle y buscar el cartel. Las fotos no mienten: has llegado al límite.



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