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Todos los riesgos... del nuevo presidente

La decisión de AMLO de minimizar su seguridad alarma a los expertos

  • Por: Elena Reina
  • 03 / Septiembre / 2018 -
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Todos los riesgos... del nuevo presidente

EN CONTACTO. López Obrador insiste en que a él no lo verán con guaruras".

El tres de julio pasado, dos días después de las elecciones presidenciales, un modesto Volkswagen Jetta atravesó el Zócalo, la plaza principal de Ciudad de México, y se estacionó frente a la puerta del Palacio Presidencial.

Andrés Manuel López Obrador se bajó del asiento del copiloto para dirigirse a pie a la oficina de su predecesor. Una mujer se abrió paso entre los codazos de la multitud de periodistas. Quería pedir trabajo. Nadie le impidió acercarse al presidente electo de la República. Él le plantó dos besos en cada mejilla.

Expertos en México y en el extranjero contemplaron atónitos esta escena, así como otras similares que se han venido sucediendo, ante las extraordinarias implicaciones que ello supone para la seguridad del presidente, de sus acompañantes, e incluso de los mandatarios extranjeros que visitarán México en los próximos seis años.

En un país con 85 personas asesinadas al día (25 por cada 100,000 habitantes), con más de 100 candidatos acribillados a tiros en la campaña, López Obrador ha decidido circular por sus calles como si fuera inmortal.

A él, dice, "lo protege la gente". Convencido a cada paso de que su rotundo éxito en las urnas radicó en gran medida en alejarse de la imagen de un presidente convencional —tradicionalmente inaccesible y rodeado de escoltas— proclamó desde su campaña un anuncio histórico: si ganaba, no viviría en la residencia oficial de Los Pinos, viajaría en aviones comerciales y prescindiría del órgano técnico militar encargado históricamente de la protección de los presidentes y su familia, el Estado Mayor Presidencial.

Poco después de celebrar su victoria, lo ha repetido en diferentes actos públicos.

Esta medida, a tres meses de que tome posesión y se haga efectiva, tendrá un impacto no solo en su seguridad, que es la de todo un país, sino en la de los mandatarios extranjeros que vengan de visita oficial, pues, aunque en algunos casos como es el de Estados Unidos, el presidente viaja con un equipo propio de seguridad, el Estado Mayor Presidencial resulta clave en su custodia.

Para los responsables de seguridad de varias embajadas europeas en México el anuncio no ha modificado "de momento" sus protocolos, pero la mayoría se muestra escéptico con que vaya a desaparecer por completo el órgano; todavía más con que nadie vaya a desempeñar las funciones que este realizaba.

"La seguridad de un jefe de Estado es mucho más compleja que los escoltas que lo acompañan. Hay labores de inteligencia que nadie ve, pero que se tienen que realizar", apunta uno de ellos, bajo condición de anonimato. Todos coinciden en que esta medida tiene que ver con "contentar" a un electorado, pero dudan de que realmente se lleve a cabo tal y como ha prometido el futuro presidente.

Aunque López Obrador insiste en que a él no lo verán con "guaruras" (escoltas), esta semana ha sucedido algo muy distinto. La tranquilidad de las embajadas está muy relacionada con lo que ocurre en la práctica en ocasiones como esta. Este martes, se reunió con el mandatario de Guatemala, Jimmy Morales, en Chiapas.

Y, aunque todo el país observó cómo el futuro presidente mexicano se bajaba de un avión de Aeroméxico, detrás de los focos y acompañándolo se encontraba el Estado Mayor Presidencial. Según unas imágenes de la prensa local, la aeronave TP02, propia de esta institución, voló hasta el encuentro con miembros de este órgano y de la Secretaría de Exteriores, como se ha realizado tradicionalmente con el resto de mandatarios, para gestionar la seguridad del evento y de la visita oficial.

El expresidente de Uruguay José Mujica, conocido por su estilo de vida humilde, quiso también reducir a la mínima expresión su equipo de seguridad, aunque contó con protección durante todo su mandato. Con un contexto diametralmente opuesto, pues Uruguay cuenta con una población de casi tres millones y medio de habitantes y la tasa de homicidios más baja de Latinoamérica (de 8 por cada 100,000), el comportamiento del líder mexicano ha recordado al del exmandatario uruguayo.

El que fuera el jefe de seguridad durante la presidencia de Mujica, Carlos Haller, recuerda que la protección del expresidente "tenía más que ver con canalizar el cariño de la gente, que no lo agobiaran", algo similar a lo que propone López Obrador. No obstante, su seguridad estaba coordinada con el Ministerio de Interior y Defensa del país sudamericano. Haller, un civil designado por Mujica, cuenta a este diario que viajaba con él y con su doctora —"No recuerdo que fuéramos más de cuatro en ningún viaje", agrega— y que, como López Obrador, tenía especial antipatía a las medidas de seguridad, pero debía de plegarse a la ley, que establece una escolta y ciertas medidas de protección.

La decisión de renunciar al Estado Mayor Presidencial tiene mucho que ver con la mala fama que ha rodeado desde hace décadas a esta institución, apunta quien fuera subsecretario de la policía de la Ciudad de México durante los años en que gobernó López Obrador (desde 2000 a diciembre de 2005), Gabriel Regino. "Se ve como el órgano que ha dominado al país, el que ha dirigido al presidente, en sus decisiones, en sus movimientos, en todo. Hace labores de inteligencia y contrainteligencia y posee un suprapoder. Además, no rinde cuentas a nadie, es completamente opaco", añade y reconoce que apoya su decisión, siempre y cuando este cuerpo se sustituya por uno de élite, por ejemplo, de la Policía Federal.


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