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La canción de ‘Friends’ y las mejores sintonías de las series

El regreso de la serie no ha traído de vuelta a The Rembrandts, el dúo responsable de su archiconocida canción

Por entonces no era más que una serie sobre un grupo de amigos que vivía en Nueva York. Alguien debió de llamar a otro alguien y ese alguien le dijo que había una banda de lo que por entonces se consideraba power pop, o simple pop rock tirando a soft, que sería perfecta para componer una sintonía para la serie en cuestión, nada más y nada menos que Friends. Corría el año 1994 y la banda estaba preparando su, por entonces, tercer disco, al que pensaba titular simplemente LP. 

Los protagonistas de ‘Friends’ junto al dúo The Rembrandts, en 1995.La canción de ‘Friends’ y las mejores sintonías de las series

Porque sí, The Rembrandts siguen hoy en activo, pero ¿alguien recuerda algo que no sea I’ll Be There For You?

I’ll Be There For You seguía la estela de temas como As Long As We Have Each Other, de B. J. Thomas, el tema de apertura de la sit com familiar Los problemas crecen (1986), es decir, canciones que, de alguna forma, resumían lo que el espectador iba a ver, en fondo y forma. Las letras hablaban de aquello de lo que iba la serie en cuestión —la familia que permanece unida pase lo que pase “mientras se tengan el uno al otro”, o el grupo de amigos que siempre “estará ahí”—, y lo hacían también de la forma desenfadada o más o menos dramática en que la cosa iba a desarrollarse. Carole King reformó su Where You Lead, el clásico de Tapestry, para cantarlo con su hija Louise Griffin y convertirlo en la sintonía de Las chicas Gilmore, el primer disparo televisivo de Amy Sherman-Palladino, protagonizado por la encantadoramente parlanchina Lorelai y su hija, la leidísima Rory.El carácter telenovelesco de las series en la década de los noventa —con temporadas inacabables y argumentos que eran casi un cajón de sastre en el que todo cabía: se daba el contexto, un instituto, las playas de Santa Mónica, una familia disfuncional— hizo de sus temas de apertura casi himnos. Pensemos en el I’m Always Here, del desconocido hard rocker Jimi Jamison, y lo inevitable que es ver correr a David Hasselhoff en bañador por las playas de Malibú al escucharlo, ligerísimos de ropa. 

Por supuesto, las hubo también instrumentales, y entre estas había las que jugaban ya a escapar de lo establecido —Twin Peaks, por supuesto, pero también Doctor en Alaska, Seinfeld— y las que simplemente necesitaban de una intro que las distinguiese y no restase protagonismo al verdadero cebo del asunto, la fábrica de adolescentes perfectos de Aaron Spelling: 90210.

Con la sofisticación de las series llegó también la sofisticación de las sintonías, que de repente eran incluso pequeños tesoros de artistas gigantescos, como Fiona Apple, que compuso y cantó a capela el tema —Container— con el que se abre The Affair, o la versión que Elvis Costello hizo de This Year’s Girl para The Deuce; o simplemente se elegía un tema enorme, como Way Down In The Hole, de Tom Waits —versionada por The Blind Boys of Alabama—, para dejar claro que lo que iba a verse a continuación, nada menos que The Wire, tenía mucho de tormentosamente genial. 

Lo mismo ocurre con el Woke Up This Morning, de Alabama 3, que sirve de arranque a Los Soprano, y que hizo mundialmente famosa a esta banda de acid house de Brixton no del todo conocida. 

En este caso, la canción ya existía y fue una decisión de autor —de showrunner— elegirla.

Alan E. Ball que, recordemos, estuvo en los inicios de esa sofisticación —suya es A dos metros bajo tierra—, eligió para su True Blood, uno de los primeros shows en apostar por lo fantástico de esa nueva era de lo platafórmico, el Bad Things del casi clon de Chris Isaak, Jace Everett, del que nada se sabía antes ni se ha sabido después, pero que durante los años en que se emitió la serie recibió un buen puñado de nominaciones a todo tipo de extraños premios —incluido el Scream Award a Mejor Canción del Año—. 

No era en ningún caso una ruptura como la que se dio con Big Little Lies, en 2017. 

La elección de la brumosa, mutante y perfecta Cold Little Heart, de Michael Kiwanuka, era más que una declaración de intenciones.

 La música es tan esencial en el trabajo de Jean-Marc Vallée como los planos desde el interior del coche, como puede comprobarse también en Heridas abiertas, por lo que debía quedar claro, contundentemente, desde el principio.

A diferencia de la de The Rembrandts, la obra de Kiwanuka no puede ser absorbida por la serie —pese a lo mucho que la representa— en parte porque las series ya no se han vuelto interminables, y también, por supuesto, porque la canción no se pliega por completo a los intereses de la misma, como lo hacía el tema de The Rembrandts. Ocurre lo mismo, por ejemplo, con la genial I’ll Be Fine, de Clairy Browne and The Bangin’ Rackettes, banda australiana de soul deliciosamente sesentero, que servía de apertura a Please Like Me —serie que innovó dedicando cada inicio de capítulo a preparar algún tipo de comida mientras el también genial Josh Thomas, creador y protagonista, cantaba y bailaba la canción en cuestión—. La canción tiene una vida dentro de la serie, y luego tiene otra fuera, como parte de una compacta obra en marcha.

Dos curiosidades más. La primera tiene que ver con la evolución de esa idea de la obra en marcha y, sobre todo, de considerar al músico como parte indispensable de, incluso, la trama. The End of the Fucking World, la portentosa obra de culto del indie grunge de los casi años 20 del siglo XXI, no tiene una intro propiamente dicha, pero todo lo que suena lo ha compuesto para la ocasión Graham Coxon, el exguitarrista de Blur, rendido a un folk decididamente huraño y dulce a un tiempo, como demuestra Walking All Day. De otra forma, pero en el mismo sentido, apunta la banda sonora de Stranger Things, a cargo de Survie, el dúo de Austin, Texas, formado por Kyle Dixon y Michael Stein, que hacen un claro homenaje al cine de los ochenta con esa sintonía que, para siempre, eso sí, como el famosísimo I’ll Be There For You, de The Rembrandts, no podrá evitar sonar a la serie y siendo, a su vez, otra cara, muy distinta, de la misma moneda.

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