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El verdadero éxito

Publiqué hace días en Facebook una fotografía en la que estoy impartiendo una conferencia y le puse esta frase: “Cuando haces lo que amas, estás benditamente condenado al éxito”.

Ahora bien, muchas veces ocurre que el éxito se considera como sinónimo de generar mucho dinero, adquirir bienes materiales, ropa costosa, etc., aunque no necesariamente es así. Y recordé una canción muy viejita que cantaba Mario Pintor, y se llamaba precisamente:

“Mi Éxito”

El verdadero éxito

Empieza haciendo alusión a esta percepción muy generalizada de asociar el éxito a esos elementos externos que acabo de mencionar. “Me preguntan por ahí que por qué no logro el éxito, que es el traje del campeón, la ropa de colección y el atuendo del dinero”.

Entonces dice el artista que se va a confeccionar un traje con otras medidas de éxito. “El sastre ha de perdonar, solo le pido hilvanar los trozos que iré poniendo”. Empezando después a describir los “retazos” con los que conformará su traje del éxito.

“Cada vez que tengo fe, tengo éxito”. La fe mueve montañas, dijo Jesucristo. No sé si lo quiso decir literalmente (nunca he visto a nadie mover una), pero sí sé que cuando tienes fe, sobre todo en ti mismo, puedes hacer cosas mucho más prácticas que mover una montaña. Puedes mover los miedos que te paralizan y te impiden avanzar hacia tus metas. Puedes mover obstáculos que se interponen en tu camino. Puedes mover la indecisión. Tener fe en ti mismo, en tu capacidad y en tu valor como ser humano, independientemente de que tal vez por el momento tus esfuerzos no estén dando el resultado que tú esperabas, definitivamente es una clase muy especial de éxito.

“Si perdono en vez de odiar, tengo éxito”. Por su parte, Gandhi decía que el perdón es el atributo de los fuertes. Siempre será más fácil acumular resentimientos, pero es importante saber perdonar. Perdonar a quien te ofendió, y principalmente, perdonarte a ti mismo. Perdonar tus errores, tus imperfecciones, no odiarte a ti mismo, no ir por la vida “latigueándote” porque en algún momento te equivocaste. Sé bondadoso contigo mismo, aprende de tus errores y sigue adelante.

“Y si llego a tropezar y me vuelvo a levantar, tengo éxito”. Alguien más dijo (les debo el nombre, no me acuerdo): “Caer no es vergonzoso ni peligroso. Permanecer postrado es ambas cosas”.  Las caídas son parte de la vida misma, así que no debiera preocuparnos tanto si eventualmente nos toca caer, nos toca fracasar, nos toca perder. Lo que sí debiera preocuparnos es no tener la voluntad de levantarnos. Eso sí es vergonzoso, no es una conducta digna de nadie que se considere ser humano. Y es peligroso, porque el permanecer postrado te puede llevar rápidamente a asumir el papel de víctima y a perder la confianza en tus propias habilidades.

Continúa el autor mencionando algunos otros “retazos” para confeccionar su propio traje del éxito y termina diciendo “Y si un ‘gracias’ escuché del hermano que ayudé, para mí no cabe duda, el que canta se los jura, es la forma de lograr mi éxito”. El buscar maneras de compartir lo que tienes y lo que eres para ayudar a otros sin esperar nada a cambio también es importante. Haz lo que merece recompensa, sin esperarla.

Tu proyecto

 más importante

Nuestros alumnos en la UTT terminan su carrera como ingenieros en gestión de proyectos, habilidad ésta por demás importante, aunque el proyecto más importante que deberíamos saber gestionar debiera ser uno mismo, nuestra propia vida, enfocándola en ascender por la escalera del éxito verdadero, que como hemos visto, tiene más que ver con conquistas internas que con adornos externos.

César Lozano platicaba la historia de dos ranitas que cayeron en un balde lleno de leche. Una de ellas empezó a llorar, a gritar, a decir “nos vamos a ahogar”. Dejó de luchar, se dejó caer al fondo del balde, y efectivamente, se ahogó. La otra dijo, “pues yo voy a seguir nadando, pataleando; si me ahogo, al menos encontrarán aquí una rana acalambrada de tanto patalear”. Y siguió nadando en círculos. Con ese movimiento lo que hizo fue batir la leche. Después de mucho rato de patalear, la leche batida se convirtió en mantequilla sólida y la rana pudo salir del balde.

Y una de las canciones menos conocidas de Donna Summer, la reina de la música disco, decía “On my honor, I will try” (por mi honor, yo trataré). Así que, por tu honor, sigue tratando, sigue luchando, y nunca, pero nunca, dejes de “patalear”. Con ello, te lo aseguro, lograrás el verdadero éxito.


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