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El poema del cuerpo

Una antología reúne las voces de 13 autoras hispanoamericanas poco conocidas y unidas por la indagación en lo físico como vehículo mediador entre la interioridad y el mundo

En El cielo de abajo. La escritura del cuerpo en trece poetas hispanoamericanas, antología recientemente publicada bajo los auspicios de la Fundación Lara, la poeta y narradora española María Alcantarilla (Sevilla, 1983) propone un acercamiento singular a la poesía latinoamericana escrita por mujeres a lo largo del siglo XX, lanzando desde la otra orilla del idioma una mirada que le permite estudiar con perspectiva un corpus poético colectivo tan sugerente como insuficientemente conocido.

 En su recorrido, la antóloga recala en distintos puntos de la geografía latinoamericana, cubriendo una amplia representación de regiones del subcontinente, compilando 13 voces de 10 países.

El poema del cuerpo

Resulta interesante ver cómo, pese a lo divergente de las voces poéticas seleccionadas, todas ellas confluyen en una visión sorprendentemente uniforme de la escritura del cuerpo. El cielo de abajo recoge los resultados de un exhaustivo y en ocasiones difícil proceso de búsqueda, tras el cual la antóloga traza un mapa personal que contrapone intuición a razón, buscando ampliar los límites del imaginario poético femenino, procurando, como se señala en el prólogo, huir de lo amoroso y lo confesional, evitando espacios previsibles, como el hogar, y eludiendo retóricas periclitadas, como la poética del tú, a fin de centrarse con certera precisión en la idea del cuerpo como vehículo mediador entre la interioridad y el mundo. La propuesta se hace eco de una idea de Alejandra Pizarnik, "el deseo de hacer el poema del cuerpo con el cuerpo".

La selección de poetas no se ajusta a criterios generacionales, pero el hilo conductor que la vertebra efectúa un recorrido cronológico década a década, que comprende los dos tercios finales del siglo XX y los inicios del siglo XXI. El corpus poético representado se ancla en lo más sólido de la producción poética latinoamericana de la última centuria. En este sentido, las coordenadas espacio-temporales del proyecto son reveladoras. La supresión de barreras geopolíticas permite constatar la existencia de una sensibilidad asombrosamente homogénea que trasciende las señas de identidad nacional. El resultado es una singular representación de voces que sorprenden por su potencia, a pesar de que en la mayoría de los casos se trata de nombres que no aparecen recogidos en antologías.

Nacidas entre 1920 y 1962, las poetas representadas describen una trayectoria invisible que cabe entender como una historia alternativa de la poesía latinoamericana escrita por mujeres a lo largo de seis décadas. He aquí la nómina completa: Olga Orozco (Argentina, 1920-1999), Diana Morán (Panamá, 1932-1987); Ileana Espinel Cedeño (Argentina, 1933-2001), Hanni Ossott (Venezuela, 1946-2002), Alina Galliano (Cuba, 1950-2017), Esther Seligson (México, 1941-2010), Blanca ­Wiethüchter (Bolivia, 1947-2004), Tatiana Oroño (Uruguay, 1947), Ana María García Silva (Perú, 1948), María Eugenia Brito (Chile, 1956), Mery Yolanda Sánchez (Colombia, 1956), Carmen González Huguet (El Salvador, 1958) y María Baranda (México, 1962). Con excepción de Orozco, las antologadas tienen en común el ser poco o nada conocidas o incluso haber caído en el olvido. La labor de rescatarlas se llevó a cabo en algún caso venciendo grandes dificultades (en una nota se constata que no fue posible localizar a las autoras o los herederos de todas las poetas y se insta a los titulares de los derechos a ponerse en contacto con la editorial).

En cuanto al enfoque que guía la antología, la indagación de un modo de expresión femenino, la selección se propone reflexionar desde el cuerpo, buscando entender su fisicidad, el cuerpo como canal, vehículo y medida de una visión poética que busca deslindarse de maneras más usuales de centrarse en la escritura femenina. La intensa búsqueda del cuerpo físico en su expresión poética más íntima, la búsqueda del cuerpo como mediador (como señala la antóloga), cristaliza en una visión colectiva que desdibuja los límites individuales de cada personalidad creadora.


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