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El misterio de las pantallas vampíricas que han entusiasmado al público en el cine

Una larga tradición de obras que se han atrevido a proponer una historia alternativa del cine, a partir del poder sobrenatural de algunas de sus imágenes más icónicas

La coincidencia en las librerías de la novela criminal Última sesión (Mondadori) de Marina Pessl y del absorbente ensayo Hollywood gótico (Es Pop) de David J. Skal invitan a recordar una larga tradición de obras que se han atrevido a proponer una historia alternativa del cine, a partir del poder sobrenatural de algunas de sus imágenes más icónicas.

Vlad Tepes o El empalador, el personaje histórico que inspiró a Bram Stoker para crear a Drácula.El misterio de las pantallas vampíricas que han entusiasmado al público en el cine

2. De culto. Los incondicionales del enigmático y esquivo cineasta Stanislas Cordova funcionan casi como una secta secreta, capaz de comunicarse en código y de reunirse en catacumbas para asistir a proyecciones clandestinas de las películas de su ídolo. Cordova es el agujero negro en el centro de Última sesión (Mondadori), un thriller que le ha salido bastante tedioso y desorientado a la norteamericana Marisha Pessl. Cualquier aficionado al cine de terror no tardará en comprobar que la autora habla por boca de ganso al explorar la supuesta aureola maléfica de un cineasta atrapado en los márgenes de una novela rutinaria.

3. Ecos. Si Theodore Roszak tuviese el mismo temperamento que Florence Stoker, quizá sentiría el impulso de llamarle la atención a Marisha Pessl por lo que, sin duda, parece algo más que mera casualidad: Última sesión parece el apaño serie B de Flicker, celebrada novela del ensayista de Chicago, incomprensiblemente inédita en España, que, a través de un intrincado relato conspirativo, logra entroncar la historia del cine con la persecución de los cátaros en la Edad Media. El modelo en que se basó el autor para crear al misterioso cineasta Max Castle fue el fascinante Edgar Ulmer, autor de Satanás (1934).

4. Demonios animados. De la mano del gato Waldo, una suerte de doppelgänger diabólico del gato Félix, el historietista Kim Deitch lleva años elaborando, viñeta a viñeta, una historia subterránea de Hollywood donde los delirios de la animación de principios de siglo anticipan las derivas lisérgicas de la Contracultura. El bulevar de los sueños rotos (La Cúpula), firmado junto a su hermano Simon Deitch, es una de sus obras mayores pero no conviene olvidar otros títulos como Hollywoodland, Shadowland, A Shroud for Waldo o The Stuff of Dreams consagrados a soñar Hollywood como la más opresiva de las alucinaciones.

5. Meca de fantasmagorías. Con la trilogía formada por sus novelas La muerte es un asunto solitario, Cementerio para lunáticos y Matemos todos a Constance, Ray Bradbury acuñó una eficaz fórmula para auto-mitificar sus años como joven escritor y guionista aspirante en Los Angeles. A través de un preciso equilibrio entre novela negra y derivas fantásticas, el autor de El vino del estío propuso un rico imaginario de cementerios adosados a estudios cinematográficos, jaulas flotantes con leones y cadáveres en el interior y viejas divas amenazadas de muerte, con personajes inspirados en Ray Harryhausen, Fritz Lang o James Wong Howe.



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