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De la tradición a la utopía: Marte, feminismo y cultura pop

Un viaje espacial por la representación literaria y cinematográfica del planeta rojo

I.

En su tránsito por el sistema solar, la Tierra se halla custodiada desde tiempos inmemoriales por Venus, planeta más cercano al Sol que el nuestro, y Marte, al que un cinturón de asteroides separa a su vez de los gigantes Júpiter y Saturno. No cabe una imagen simbólica más precisa del ascendiente opresivo que han tenido sobre la cultura occidental las asignaciones a uno y otro planeta. Venus ha representado tradicionalmente lo femenino, es decir, lo ligado a la belleza, el amor y la fertilidad, algo que no deja de ser paradójico, pues se trata de uno de los planetas más inhóspitos del sistema solar; mientras que el imaginario mitológico y artístico asociado a Marte ha tenido que ver con la masculinidad viril: la ira, la guerra, la pasión. Sin embargo, es posible localizar expresiones de la cultura popular que han vulnerado esta dualidad, más aún, que en concreto permiten pensar lo marciano en términos ambiguos, susceptibles de lecturas feministas.

De la tradición a la utopía: Marte, feminismo y cultura pop

II.

Como hemos apuntado, a Edgar Rice Burroughs le debemos el imaginario marciano quizá más popular de todos los tiempos, gracias a su ciclo de 11 novelas que arranca con Una princesa de Marte (1912) y concluye tres décadas después con la colección de relatos John Carter de Marte (1942). Burroughs insiste en el relato heroico del terrestre que viaja al planeta rojo, donde sus aventuras incluyen la conquista de una princesa local. La originalidad de Una princesa de Marte y sus continuaciones reside en que Dejah Thoris, la noble de la que se enamora el recién llegado John Carter, encarna en buena medida los principios feministas de la New Woman, es decir, de la representación poderosa de la mujer en la prensa y la cultura de masas que se deriva del feminismo de la primera ola en su vertiente amazónica. Dejah es atlética, inteligente y decidida, "la auténtica hija de Marte, el dios de la guerra", en palabras del propio Burroughs, que hace hincapié en su desnudez como símbolo de sensualidad —hablamos al fin y al cabo de literatura pulp—, pero, también, de afirmación sin tapujos de su lugar en el mundo, de una voluntad férrea de ser. La imagen de Dejah Thoris ha tenido un impacto profundo en la literatura y el cine posteriores, y hoy por hoy es más popular que la del mismo John Carter, como ponen de manifiesto los cómics de la editorial Dynamite sobre ella publicados en los últimos años.

III.

La llegada del ser humano a la Luna y los programas espaciales Voyager y Viking convierten hasta hoy a Marte en la siguiente parada de la exploración espacial, por lo que la cultura popular empieza a considerar el planeta como un escenario no fabuloso sino factible. Lo simbólico se desplaza de lo abstracto a lo social, y las representaciones de Marte y sus implicaciones son pragmáticas, cuando no estereotípicas. Recordemos la Trilogía marciana (1992-1996) del escritor de ciencia-ficción Kim Stanley Robinson y películas como Desafío total (1990) y Fantasmas de Marte (2001), en las que la dureza ambiental del planeta rojo tiene un equivalente en mujeres de acción, sin complejos, adscritas al feminismo posmoderno que sigue a la segunda ola del movimiento. Pero puede que el producto de la cultura popular más influyente del momento sea un libro de autoayuda: Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus: La guía definitiva para entender a tu pareja (1992), en el que el psicólogo pop John Gray recurre a la heteronormatividad para devolver a Marte y Venus sus atributos convencionales en relación con uno y otro género. Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus ha tenido infinidad de reediciones y secuelas, aunque en los últimos años su autor ha relativizado lo esquemático de sus propuestas, como delata el título del reciente Más allá de Marte y Venus: Las relaciones en el complejo mundo actual (2018).

IV.

Si Marte ha tendido a confluir en la cultura popular como planeta, mito e idea, en tiempos recientes ha predominado el último de los tres aspectos citados, en especial si aplicamos una mirada feminista. El personaje que presta su nombre a la serie televisiva Veronica Mars (2004-2019) es una joven detective que resuelve sus casos en la pequeña ciudad imaginaria de Neptuno. El ascendiente marciano de Veronica sobre la localidad simboliza el tránsito desde el posfeminismo milenarista al feminismo de cuarta ola: pese a haber sido violada, se niega a ser leída como víctima, es asertiva, y no se engaña al respecto de la naturaleza desigual para unos y otras del sistema en el que lleva a cabo sus pesquisas, aunque se lo toma con humor. Puede que por ello Veronica Mars pasara en su momento bajo el radar analítico, como suele ocurrir con la cultura pop sin discursos explícitos, y más si va dirigida a las chicas. Hablamos de una generación que se ha criado con el anime de Naoko Takeuchi Sailor Moon (1992-1997), en el que el personaje de Guerrero Marte representa de manera espléndida el espíritu impulsivo y vehemente de la serie, y con el videoclip Oops!... I Did It Again (2000), en el que la cantante Britney Spears recupera en suelo marciano el poder de fascinación de la mítica Barbarella.


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