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Bernardo Atxaga regresa con la naturaleza por testigo

‘Desde el otro lado’, un conjunto de cuatro historias inéditas que reflexionan sobre la muerte con aves, reptiles y roedores convertidos en narradores

Un búho en un paisaje al atardecer.Bernardo Atxaga regresa con la naturaleza por testigo

— Hablando sin mayor precisión, te diré que vi unos cien gansos, esos que con sus continuas deposiciones convierten la zona de la charca en un barrizal repugnante y que luego, cuando deambulan, ensucian la zona de recepción e incluso, a veces, el Pabellón Chino. Vi además unos cincuenta patos, de quienes podríamos decir lo mismo que de los gansos. Perros no vi, pues sus dueños ya se los habían llevado a casa tras hacer, también ellos, sus deposiciones. Había ardillas, sapos, pajarillos, arañas y mapaches, y una familia de coyotes que rondaba tontamente el corral de los pavos reales, porque de tontos es intentar entrar en un recinto que está completamente alambrado. Como es lógico, los ratones no faltaban. Había muchísimos. En ese sentido, este parque seminatural de Reno es maravilloso. Recuerdo que cuando vivía en Nuevo México casi no había, y estaba obligado a alimentarme de serpientes, lo cual era una incomodidad. Las serpientes saben más raro que los ratones, y son más difíciles de cazar. Por cierto, que también aquí hay serpientes, sobre todo en la parte alta del parque, al otro lado de la carretera de circunvalación McCarran, ya en el monte; pero, en general, casi nunca me acerco hasta allí, solo cuando siento nostalgia de los sabores de Nuevo México.

— De acuerdo, búho, búho que vigilas noche y día, tú, el más sabio de los pájaros, tú que desde que vives en el Rancho San Rafael estás en plena forma, bien alimentado, bien aposentado en la torre del edificio de recepción, ad-mirado por los visitantes que acuden al parque y aparcan allí, sobre todo por los niños y niñas de las escuelas, todo lo que dices es interesante, pero ¿qué más viste? Concretamente, ¿viste humanos?

— Ya te contestaré, pero déjame antes hacer una consideración.

— Adelante, búho, lo que tú quieras.

— Pues a los parques como este del Rancho San Rafael, que en parte son, por así decir, fabricados y que en parte no lo son, que son terreno virgen, mucha gente los denomina “semisalvajes”, de la misma manera que a los peces que han sido pescados en el mar, y no en las piscifactorías, los llaman “salvajes”. Son formas imprecisas de hablar, y además enfáticas. En lo que respecta al parque, yo prefiero denominarlo “seminatural”.

— Tienes razón, búho.

Había ardillas, sapos, pajarillos, arañas y mapaches, y una familia de coyotes que rondaba tontamente el corral de los pavos reales, porque de tontos es intentar entrar en un recinto que está alambrado

— Tampoco “carretera de circunvalación” me convence. Se ajusta a la realidad, pero es una expresión torpe. Sería mejor decir “ronda”, “ronda McCarran”. El problema es que nadie ha dicho nunca “ronda McCarran”. Aquí en Reno dicen “McCarran Boulevard”, una denominación que, por cierto, tampoco es correcta, porque “bulevar” significa “avenida o calle ancha, generalmente con árboles y un andén central”. Pero así de imperfecto es el lenguaje que se utiliza en este mundo.

— Sigues teniendo razón, búho. Y ahora, volviendo a la pregunta, ¿qué más viste ayer noche en el parque, aparte de gansos, patos y demás? ¿Viste humanos?

— ¿A qué hora?

— Entre las 21:00 y las 24:00, pongamos.

— Te vi a ti.

— Ya.

— También vi al cabezota que iba contigo. Un tipo que, si lo puedo decir, me recordó a los sapos que viven en Nuevo México, que son grandes y con protuberancias en la cabeza. Están llenos de veneno y no son comestibles. En cambio, los llamados sapos de pala...

— Ya sé que el cabezota venía conmigo. Dime más cosas, por favor.

— Vi que os escondíais en el túnel que pasa por debajo de McCarran y conecta las dos zonas del parque, la humanizada y la agreste. Digo “humanizada” por generalizar y porque es verdad que los humanos diseñaron esa parte para hacer aparcamientos, caminos, charcas, corrales y todo lo demás. Pero a lo que iba: tú y tu amigo cabezota os metisteis en el túnel y os quedasteis allí bastante tiempo. No sé exactamente cuánto, porque en un momento dado, me olvidé de vosotros.

— Búho, búho que gracias a la suavidad de tus plumas te mueves sin hacer el menor ruido, tú, pájaro hermoso, dueño de la noche, inteligencia hecha ave, tú que viviste en Nuevo México pero ahora vives aquí, en Reno, Nevada, en el Rancho San Rafael Regional Park, observándolo todo, tú que, si te lo propusieras, podrías ser un colaborador extraordinario, trata de ampliar la información sobre la noche de ayer, 28 de abril. Haz un esfuerzo, por favor.

— Si lo que quieres es un informe más general, aquí van unos cuantos datos. Vi, con cierta claridad, porque había luna llena y la oscuridad no era impenetrable, un coche de la policía. Estaba aparcado con las luces apagadas en un camino de tierra paralelo al arcén de McCarran dirección Reno Norte, zona Universidad, en un punto desde el que se domina la pradera central del parque, desde el Pabellón Chino hasta el corral de los pavos reales, y, además, en especial, la ladera de la cruz gigante iluminada y la entrada del túnel en el que os habíais metido tú y el cabezota.

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