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¡Subir y zangolotearte al son de una cumbia..!

Suben, bajan, eso es de todos los días en la vida de un conductor del transporte de pasajeros urbano

Subir y zangolotearte, sentado escuchando una cumbia y sentir el traqueteo de un lado para otro en el microbús, Pesero/pesera, camión o transporte público colectivo y en dos horas y media recorrer toda la ruta ida y vuelta hasta la colonia “Vamos Tamaulipas”.

¡Subir y zangolotearte al son de una cumbia..!

Subir y zangolotearte, sentado escuchando una cumbia y sentir el traqueteo de un lado para otro en el microbús, Pesero/pesera, camión o transporte público colectivo y en dos horas y media recorrer toda la ruta ida y vuelta hasta la colonia “Vamos Tamaulipas”.

Es la vida diaria de Rubén Iñiguez de la Cruz quien mete cambios, cobra pasaje, sintoniza el stereo y checa tiempos para no atrasarse o adelantarse en su recorrido que hace hasta cinco veces al día para mover de 300 a 400 pasajeros diarios. 

Sale desde el centro de la ciudad recorre las calles hasta llegar al bulevar Morelos atraviesa frente a la vieja refinería y todos los días hace alto, acelera y frena: sube pasaje cobra y vuelve a acelerar en su unidad standard porque las automáticas no duran y gastan mucho combustible.

Sus clientes son los mismos todos los días: pasajeros estudiantes amas de casa, obreros de la construcción y trabajadores y trabajadoras de las maquiladoras, pues en el trayecto pasa por el Parque industrial Reynosa que aglutina a cerca de cien mil plantas donde se ensamblan productos que van principalmente a los Estados Unidos.

Cada 5 o 6 meses Rubén le cambia de suspensión al camión porque no hay calle buena saliendo de las maquiladoras en el trayecto a la colonia Vamos Tamaulipas y peor en época de lluvias en que la unidad prácticamente se resbala entre el lodo y los pozos que en cada lluvia se vuelve a abrir.

Y son de cinco a seis mil pesos lo que le cuesta cada cambio de suspensión.

Se acaba una cumbia y sigue otra: sube pasaje, baja pasaje; Iñiguez de la Cruz no trae chalán que es el que ayuda a los viajeros a bajar bolsas, acomodar el pasaje para que quepan más. En esta unidad sentados caben 27 pero cuando se llenan y parados hasta 60 caben.

“Bajan, gracias, aquí bajo”

Viajan en silencio, nadie platica, algunos van con audífonos escuchando música, rara vez alguien dice algo más que para señalar que van a bajar o un lacónico gracias. Iñiguez de la Cruz no va a un consultorio particular, tampoco al Seguro Social o alguna clínica particular cuando le duelen los riñones, tiene que esperar la cita que le den en el Seguro Popular.

Después de pasar el área de la carretera a Río Bravo y pasar el sector de maquiladoras todo el panorama cambia: pozos, charcos, tumbos y bamboleo. 

La brecha y calles de la colonia “Vamos Tamaulipas”provoca daños en  amortiguadores y cojinetes. 

Así Rubén todos los días sale de su casa desde las 5 de la mañana y regresa a eso de las 8 o 9 de la noche.

En esta ruta comenta Armando Azuara uno de los lideres del Gremio Unido de Choferes, que los conductores de los camiones se cooperan y con el apoyo de máquinas del estado o del municipio rehabilitan calles y brechas con caliche y escombro que ellos mismos compran.

Aquí antes las unidades circulaban hasta altas horas de la noche, pero las condiciones de inseguridad provocaran que las pesetas solamente transiten hasta las 8 o 9 de la noche.

El camino continúa las calles en mal estado, también. 


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El panorama en al menos 20 rutas del transporte público colectivo es de charcos y pozos.





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