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SOLALINDE SE SUMA: QUE SE REFUNDE EL PAÍS

El nombre de Alejandro Solalinde suele asociarse a la defensa de los derechos humanos, a los migrantes indocumentados y a los movimientos sociales. En estos días el sacerdote está inmerso en su adhesión a la convocatoria del obispo Raúl Vera para desarrollar un nuevo orden constitucional y refundar el Estado. En un país de histórico rechazo a la implicación de curas en los asuntos políticos, Solalinde cuestiona lo mismo a la jerarquía eclesiástica que a la estatal; acusa por igual tergiversaciones y ambiciones en la Biblia –“escrita por machistas y misóginos”– que en la Constitución por las reformas estructurales de calado neoliberal, o califica de mentira el dogma de la creación o la doctrina del pecado original tanto como la promesa de desarrollo económico de los gobiernos o sus políticas de seguridad.

En la entrevista con Proceso la noche del miércoles 14 no mantuvo en secreto sus convicciones. Simplemente, afirma, nadie se las había preguntado y cuando se le inquiere la línea teológica que lo inspira, la identifica: se llama teología basilial.

Llega puntual. En torno a él se movilizan guardaespaldas que establecen un perímetro, movimiento inusual pues no se trata de un príncipe de la Iglesia, no goza de rango arzobispal ni puede llamársele heredero de los 12 apóstoles como a un obispo. Pero Solalinde, quien se declara misionero, es incómodo a grupos criminales y gubernamentales, así que es un blanco buscado por muchos. 

SOLALINDE SE SUMA: QUE SE REFUNDE EL PAÍS

 

Llega puntual. En torno a él se movilizan guardaespaldas que establecen un perímetro, movimiento inusual pues no se trata de un príncipe de la Iglesia, no goza de rango arzobispal ni puede llamársele heredero de los 12 apóstoles como a un obispo. Pero Solalinde, quien se declara misionero, es incómodo a grupos criminales y gubernamentales, así que es un blanco buscado por muchos. 

Sin embargo, afirma no temer a la muerte por su fe en la vida eterna y también porque, asevera, ya nada detiene el despertar de la sociedad tras lo ocurrido con los jóvenes de Ayotzinapa.

“Algo que me cuesta entender es cómo este gobierno puede seguir como va y no leer la realidad ni los signos de los tiempos”, dice, para luego añadir que la administración de Enrique Peña Nieto “heredó y sigue la inercia de un sistema caduco, corrupto y autista”.

De Dios y los ejércitos

Para el sacerdote, la masacre de Tlatlaya y la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala ilustran una realidad nacional: que el gobierno no es una instancia de servicio público, sino un verdadero peligro para el pueblo, agravado por la complicidad y acción criminales.

Se le pregunta acerca de sus fuentes de información respecto del ataque perpetrado en Iguala el 26 y 27 de septiembre, especialmente al afirmar que los estudiantes secuestrados fueron calcinados, como luego expondría en parcial coincidencia la Procuraduría General de la República. Sólo explica que la gente le tiene confianza y rechaza ofrecer más datos.

“Aquí no hay piezas sueltas. No es cierto que un matrimonio corrupto, criminal y narco es responsable (en alusión al exalcalde igualteco José Luis Abarca y su esposa). Ellos eran parte perfecta de un sistema que sabía quiénes eran los jóvenes”, agrega.

Desaparecer a las normales es una tendencia que Solalinde advierte en un caso: siendo gobernador de Hidalgo, el hoy secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cerró la Normal de El Mexe. Recuerda además que en el Tribunal Permanente de los Pueblos, en noviembre pasado, los estudiantes de Ayotzinapa fueron muy claros al advertir que hay una política de exterminio contra los jóvenes.

“Los hechos hablan. Los que han sido asesinados en todos estos años son jóvenes. También mujeres. Los feminicidios siguen a la orden del día y ningún gobierno se atreve a declarar una alerta de género”, reprocha.

Se le insiste en Ayotzinapa y responde que lo más delicado es “la clara intervención del Ejército”. Recuerda que en Guerrero es conocida la interacción de la clase política con la militar y los cárteles. Su atención se coloca de inmediato en otro asunto:

“El Comando Norte (instancia operativa del Departamento de Defensa estadunidense) está preparando a los mandos militares mexicanos para cuidar los intereses de las trasnacionales, no la soberanía, no a México, sino a los inversionistas extranjeros a los que nuestros gobernantes están supeditados.

“El Ejército es una de esas partes esclerotizadas del Estado. No se ha renovado y está anquilosado. Tengo pruebas y experiencias, no de ahora sino de muchos años, de su complicidad con el narcotráfico. Lo viví desde Oaxaca. Puedo decir nombres de generales, comandantes que estuvieron metidos en eso, y asegurar que son utilizados para cuidar intereses económicos.”

A pregunta expresa sobre esos nombres, refiere una vivencia de septiembre de 1988, cuando un grupo de catequistas le informó que en la Mixteca Alta había sembradíos dirigidos por militares en comunidades indígenas. Él acudió a denunciarlos ante el comandante de zona, el general Rodolfo Reta Trigos.

Un día después, un capitán del Ejército arribó a la comunidad de San Pedro Juchatengo preguntando por Solalinde. Le dejó una amenaza. Ante el riesgo, el obispo Bartolomé Carrasco lo reubicó en San Pedro Teosacoalco. Ahí, la autoridad comunal cedió un pedazo de tierra a Lorenzo, un catequista que acudió a denunciar junto con él.

Lorenzo quiso buscar sus pertenencias en su comunidad de origen. Pero encontró su antigua vivienda en llamas. Momentos después lo mataron. Para ubicarlo fue inútil que torturaran hasta la muerte a otro catequista.

“Tlatlaya, Ayotzinapa y muchos episodios de estos años demuestran que el Ejército no es seguro ni confiable para el pueblo”, insiste reprochando la política militar de Felipe Calderón continuada por Peña Nieto. 

Por lo anterior, Solalinde teme la violencia social. Si el pueblo responde con más violencia, cree que sería “el acabose, el pretexto que quiere el gobierno de Peña Nieto para arrasar todo principio de organización social”. Puntualiza que debe procederse con inteligencia, estrategia, con críticas puntuales, visibilizando los crímenes de Estado y sus infidelidades constitucionales, las traiciones al pueblo… y revertir las condiciones dominantes, lo que podría ocurrir mediante un Constituyente ciudadano.

Su teología 

Solalinde se identifica con quienes quieren un cambio de Constitución, pero también de “operadores”. Esto es, en sus palabras, renovar al gobierno, porque “así como está no sirve al país y es simulador”. Pero ese cambio, advierte, no puede venir de los “gatillos”.

La verdadera reforma, sostiene, sólo pueden realizarla dos sectores: los jóvenes y las mujeres. Considera que estas últimas son menos proclives a la corrupción.

–Curiosa apreciación de un sacerdote, pues supondríamos que fue Eva la responsable de la caída en el paraíso... –se le comenta.

–¡Esa es una mentirotota! Adán y Eva nunca existieron como personas. Seguro hubo parejas que originaron a otras en una línea de evolución. Pero, claro, tenía que ser la mujer la culpable, porque quienes escribieron la Biblia eran puros hombres, 40 autores totalmente cargados al patriarcado y al machismo. 

“A los hagiógrafos, lo santo no les quita lo machistas. Era una cultura de Medio Oriente que prevalece. Hace apenas tres o cuatro años se originó la primera mujer rabina. La Iglesia católica todavía sigue esperando.

Solalinde rememora el Génesis y refiere la respuesta que dio Adán a Dios cuando éste lo confrontó por comer la fruta prohibida:

“Adán le dice: ‘Ésta que me diste por compañera, ésta fue. Yo, inocente, caí. Porque ésta es la perversa, no yo’. Ésa es la interpretación que se da en esa exposición antropológica. La Biblia no es libro científico, es libro de fe con un revestimiento cultural, un libro inspirado en el que mora el Espíritu Santo. Dios está ahí, pero el revestimiento cultural del hombre se mantiene.”

Lo mismo refiere con los apóstoles. Asegura que había discípulas, pero las escrituras no lo dicen porque los hagiógrafos eran hombres y escribían desde una óptica de género. También hombres son los que deciden los santos, así que la santidad recae más en los hombres que en las mujeres.

Con un gesto de desagrado recuerda que Tomás de Aquino decía que la mujer era un parahombre, un ser que se quedó en camino de ser hombre, es inferior según él, y esa argumentación se mantiene. Reta a la jerarquía:

“¿Podrían sostener esta afirmación de que la mujer no es digna de asumir todos los servicios de la Iglesia delante de una mujer y delante de una comisión de derechos humanos y de la opinión pública?”

A sus 70 años Solalinde excluye al Papa Francisco de sus críticas a la jerarquía y lo llama pastor. Se considera practicante de una teología basilial. El vocablo procede del griego y alude a un rey o casa real, la de Jesucristo.

Renovar las relaciones

El viernes 9 los obispos Raúl Vera y Ramón Castro, los sacerdotes Miguel Concha, Solalinde y el laico Javier Sicilia integraron un panel en la Universidad Pontificia de México, la máxima casa de estudios católicos del país.

Ahí abordaron diversos temas de la Iglesia Católica, y la posición de Sicilia fue especialmente crítica contra la jerarquía. Solalinde suscribió parte de lo expuesto por el poeta. El auditorio estaba repleto.

Hubo dos coincidencias elementales entre todos los participantes: nadie admite la vía violenta y todos aceptan el Constituyente. En su caso, cree que, exceptuando las recientes reformas estructurales, la Constitución vigente es buena, pero igual es necesario refundar al país e invertir las relaciones para que los de abajo sean quienes ejerzan la soberanía. 

El sacerdote insiste en la vía pacífica, aunque no por ello “por caminos tibios, enclenques ni vacilantes”, para que el gobierno sepa “que hasta aquí llegó su régimen corrupto y la entrega, porque no somos botín de trasnacionales ni traspatio gringo”.

–¿Qué aportará usted al Constituyente? –se le pregunta.

–Ahí hay cuestiones muy concretas que suponen formación y educación. Yo soy un misionero, no soy político ni estadista. A mí lo que me gustaría es que se tome conciencia de quién es Jesús, que se acerque el reino de Dios y se genere una gran revolución basilial, es decir, de renovación de relaciones económicas, sociales, artísticas, de todo tipo. Mi sueño no es tomar decisiones sino ayudar al cambio de mentalidad y que, como resultado, se logre desterrar a los que niegan la vida al hombre.

“Este país debe ser rescatado de los malos gobiernos, traidores y ciegos, que se han convertido en un arma contra nosotros. Yo seguiré trabajando en buscar que esto cambie por el camino de la paz.”



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