Las promesas se quedan en Reynosa y los políticos en McAllen

Estando a pocos días de las elecciones más importantes de la historia moderna de nuestro país, nos encontramos en la misma coyuntura de hace ya tiempo atrás que pareciera se ha vuelto costumbre, por quien votar si es que voto y buscar en los candidatos al "menos peor" pero ahora ese menos peor se esconde cada vez más, y como consecuencia de eso el ciudadano de a pie pierde la fe y la confianza en los que vienen por que de antemano saben que serán igual o peor que los que se van.

No es para menos su escepticismo, el político actual se lo ha ganado a pulso, ¿o hay acaso hoy en día una persona en la ciudad, Estado o País que pueda decir que su calidad de vida es mejor que hace 5, 10, 15 ó 20 años atrás? Que gracias a las políticas públicas aplicadas en los últimos años tiene mejor educación, cultura, deporte, seguridad, salud, infraestructura, vialidades de calidad, transporte público dignos, etc.? Que gracias a la buena administración pública tienen más y mejores empleos y que cubre todas las necesidades de una familia?.

Las promesas se quedan en Reynosa y los políticos en McAllen

Hoy en día las campañas políticas han dejado de lado la propuesta viable, el debate de ideas, el discurso sincero por el encono, el señalamiento, la culpa, el reproche, acusándose unos a otros, denostarse a granel, por una competencia de ver quien divulga lo peor del contrincante olvidando sus propios pecados y omisiones cuando en su momento pudo hacer una diferencia. El honor, la justicia, los valores éticos y morales y la búsqueda por el bien común han sido reemplazados por intenciones y acciones abyectas y desalmadas de buscar el beneficio propio y de la camarilla de secuaces que lo acompañan en la aventura. Los ideales y el estoicismo son relegados, abandonados en algún viejo baúl y cambian de colores y bandera a conveniencia por perseguir su propia grandeza, y la avaricia le gana a la empatía.

La historia reciente de nuestros políticos es en el mejor de los casos mediocre, si hacemos recuento de los últimos alcaldes de esta ciudad podemos recapitular que todos viven al otro lado de la frontera (incluyendo a la actual alcaldesa), con mando a distancia es fácil gobernar cuando la consecuencia de su ineptitud no recae sobre ellos sino sobre todos los demás.

No es de extrañarse que en cada elección gane siempre el abstencionismo, desgraciadamente esa es su mejor arma, el voto "duro" es lo que los mantiene comiendo pan caliente, diría Molotov.

La guerra sucia es al parecer la mejor arma del discurso político y se da en todos los niveles, la descalificación y en muchos casos la intimidación puede más que la innovación y el reinventarse.

Si pones atención, los principales partidos siguen poniendo a los mismos candidatos o siguen los mismos grupos de poder tras bambalinas, desde hace más de una década y hay uno que de plano lo tomó como su principado personal, en el caso concreto de la alcaldesa Maki Ortiz queriendo heredarle el cetro de poder a su retoño Carlos Peña, el colmo del cinismo. A ella se le olvida que vivimos en una democracia, a nosotros no.

No es de sorprenderse el por qué ya nadie cree en la clase política de hoy, las promesas se quedan en promesas y los políticos se quedan en McAllen.

Hoy más que nunca hay que salir a votar, demostrarles que la última palabra es nuestra, no suya, y al que quede, exigirle resultados, cuentas claras y transparencia absoluta, de no cumplirlo ya sabe que nuestro voto vale más que mil promesas y sabrá que en una democracia el que manda es el gobernado, no el gobernante.

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Face: Jorge Barba Durán