La primera víctima del Corolario Trump: Venezuela

El triunfo electoral de Donald Trump para un segundo período no consecutivo fue visto por venezolanos —dentro y fuera de EE.UU.— como la última oportunidad de lograr una transición política en Venezuela. La esperanza de millones de venezolanos de volver a la democracia en Venezuela, una vez más, fue puesta en manos del presidente estadounidense. Sin embargo, Trump tenía otros planes.
La conquista del voto hispano en el sur de la Florida ya no es una prioridad para el Partido Republicano. En la campaña electoral de 2024, después de haber sido utilizados como proxy del bloque cubano-americano en 2020, los venezolanos se convirtieron en blanco de ataques continuos en el contexto del mensaje antiinmigración de la campaña electoral de Trump. En un estado que es ficha segura del Partido Republicano, la criminalización de los inmigrantes venezolanos, lejos de provocar rechazo en las diásporas cubanas y venezolanas, encontró amplio respaldo.
Entre las primeras medidas de la nueva administración de Trump estuvo la emisión de una serie de órdenes ejecutivas para frenar la inmigración irregular. Una de las comunidades migrantes más afectadas por esta decisión fue la venezolana, con la designación del Tren de Aragua como organización terrorista, pues basta con la nacionalidad para criminalizar al gentilicio en EE.UU.
En este contexto se produjo uno de los episodios más controvertidos de la lucha política por la democracia venezolana. El liderazgo opositor venezolano, luego del fraude electoral del año 2024, apostó por una intervención militar de EE.UU. como el único recurso para deponer a Nicolás Maduro, tras la fallida contienda electoral. A pesar de la ilegitimidad del régimen político de Nicolás Maduro, el abrumador respaldo al candidato opositor, Edmundo González, no fue suficiente para obligar a Maduro a reconocer su derrota.
En este escenario, la líder del movimiento opositor, María Corina Machado, no sólo respaldó la narrativa oficial que criminaliza a los venezolanos en EE.UU., al insistir en el rol de Nicolás Maduro como supuesto líder del Tren de Aragua, sino que además validó falsedades como la manipulación de la elección presidencial de Joe Biden en 2020, en un vano intento de lograr el apoyo de la administración Trump a sus llamados a la intervención en Venezuela.
Si bien el escenario de una intervención militar parecía lejos de ser inminente, el inicio de una serie de ataques contra pequeñas embarcaciones, primero en el Caribe y luego en el Pacífico, cambió la percepción sobre las intenciones reales de la Casa Blanca. La estrategia apuntaba a la lucha contra el narcotráfico, bajo el argumento de la responsabilidad del líder de facto de Venezuela en el tráfico de drogas. Aun cuando se aludió al fentanilo, sustancia de la que Venezuela no es un país de tránsito, la administración de Trump insistió en que se trataba de la lucha antidrogas, contando con el respaldo de María Corina Machado, quien reiteradamente ha acusado a Nicolás Maduro de estar involucrado en el negocio de drogas.
Luego de 28 ataques a embarcaciones, con más de 110 fallecidos, el presidente Trump elevó la amenaza contra el régimen de Maduro al confiscar buques petroleros que transportaban crudo venezolano. Aun cuando la Casa Blanca rechazaba la noción de un interés en el cambio de régimen, la realidad apuntaba justamente a una estrategia agresiva orientada a provocar la salida de Maduro del poder mediante la asfixia financiera, que los sectores dominantes de la oposición respaldaban públicamente.
Luego de una primera incursión en el territorio venezolano, algo que Trump había asomado en reiteradas ocasiones, el liderazgo opositor se mostró optimista sobre el futuro democrático del país. La captura de Nicolás Maduro, junto a Cilia Flores, en la madrugada del 3 de enero, inicialmente causó sorpresa y luego dio paso a una efímera euforia dada la incertidumbre sobre el destino inmediato del país.
En su lobby por una política más agresiva hacia el régimen de Maduro, María Corina Machado insistió en la debilidad del gobierno y en el supuesto respaldo del 80% de la Fuerza Armada a una salida democrática. Sin embargo, a pocos días de la operación de extracción militar en Venezuela, tal parece que no fue sólo a Maduro a quien decapitaron. La decisión del gobierno de Trump de descartar a la oposición, en concreto a Machado, ha sido devastadora para las aspiraciones de una transición democrática en el país.



