La cuesta de enero 2026: Más allá de la anécdota

Cada inicio de año, la economía mexicana enfrenta un fenómeno recurrente que trasciende lo anecdótico: la llamada cuesta de enero. Más allá de la explicación simplista que la asocia exclusivamente con el gasto excesivo en las fiestas decembrinas, este fenómeno refleja un ajuste sustantivo en la liquidez de los hogares producto de restricciones estructurales sobre el ingreso disponible, las expectativas de consumo y la capacidad financiera familiar. En el contexto económico actual —caracterizado por un crecimiento económico prácticamente nulo y de restricciones en el mercado laboral— es indispensable analizar los factores que podrían intensificar la cuesta de enero y profundizar sus efectos al arranque de 2026.
El consumo privado ha mostrado un crecimiento moderado pero persistente en 2025. Si bien en meses recientes el Indicador Mensual del Consumo Privado (IMCP) mostró variaciones positivas (por ejemplo, una expansión anual de alrededor de 2.1% en septiembre de 2025), sus tasas de crecimiento real no denotan un dinamismo robusto que sostenga un consumo saludable más allá de los estímulos temporales de fin de año. Este comportamiento sugiere que parte del consumo observado en los últimos meses de 2025 (indicadores oportunos, en octubre y noviembre habrían registrado crecimientos interanuales de 3.2% y 2.6%), lo que pudo estar adelantado por ingresos extraordinarios —como el aguinaldo y primas decembrinas— y por el uso intensivo de crédito más que por mejoras estructurales en el ingreso real de los hogares.
Parte del consumo elevado en la temporada decembrina se sostiene mediante crédito al consumo, incluyendo tarjetas de crédito y préstamos personales. Según datos de la CNBV, la cartera crediticia aumentó 13.3% a octubre de 2025 alcanzando aproximadamente 1.86 billones de pesos. Si bien el acceso al crédito ofrece liquidez adicional para sostener el gasto, también plantea riesgos de sobreendeudamiento; en el mismo período la cartera vencida se incrementó 16%. En este contexto, la cuesta de enero se presenta como la manifestación del gasto y consecuente endeudamiento acumulado en los meses previos. Aun cuando se trata de un fenómeno recurrente, en el entorno económico actual confluyen diversos factores que pueden intensificar su impacto y prolongar sus efectos sobre las finanzas de los hogares.
La inflación es un factor determinante en la cuesta de enero, dado su impacto directo sobre el poder adquisitivo de los hogares. Si bien la inflación general se ha mantenido dentro del rango objetivo establecido por Banxico, cerrando diciembre en 3.69%, la inflación subyacente continúa por encima de dicho intervalo (4.33%). Más aún, los precios de bienes y servicios esenciales —como alimentos, transporte y servicios de salud— han registrado incrementos significativos indicando que no todas las presiones inflacionarias se han disipado, afectando de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos.
La situación del mercado laboral mexicano también influye en la capacidad de los hogares para absorber choques estacionales como la cuesta de enero. La economía informal continúa siendo un componente significativo del empleo total representando 55.4% según la ENOE, generando ingresos más inestables (no perciben de manera directa los aumentos en el salario mínimo) lo que limita el acumulado de ahorros y la capacidad de los hogares para enfrentar períodos de menor actividad económica, amén de no tener acceso a prestaciones laborales ni mecanismos formales de protección social.
Hacia el cierre del año, la estacionalidad provoca una reducción en la creación de empleo, según datos del IMSS en el mes de diciembre se perdieron 320 mil puestos de trabajo. En este contexto, la pérdida o precarización del empleo amplifica los efectos de la cuesta de enero, al limitar aún más el ingreso disponible de los hogares.
No se puede soslayar que el aumento al salario mínimo ha sido uno de los principales instrumentos utilizados para mejorar el ingreso de los trabajadores. No obstante, el impacto real de este aumento enfrenta limitaciones claras: solo una parte de la fuerza laboral que labora en el sector formal se beneficia directamente de este ajuste, mientras que una gran proporción de trabajadores en la informalidad no ve sus ingresos ajustados en función del salario mínimo. Esto significa que la mejora salarial no se traduce de manera homogénea en un aumento sostenido del ingreso real disponible, especialmente para los hogares más vulnerables.
La cuesta de enero al inicio de 2026 se encuentra condicionada por factores estructurales más profundos que un simple rebote estacional del consumo. La combinación de un crecimiento económico insuficiente, presiones inflacionarias persistentes, fragilidad laboral y una mayor dependencia de mecanismos de endeudamiento ponen de manifiesto debilidades subyacentes en la capacidad financiera de los hogares.
*Presidente de Consultores Internacionales, S.C.



