UE no quiere confrontar, pero los aranceles están listos
Reacciones de líderes europeos ante la amenaza de Trump
Una pistola ya está sobre la mesa. Vale 93.000 millones y son los aranceles de represalia que quedaron congelados el verano pasado y que, sin una nueva intervención de la Unión Europea, entrarían automáticamente en vigor el 7 de febrero.
Es en esta arma -por ahora- en la que Europa piensa basar su respuesta a la enésima agresión firmada por Donald Trump.
¿Cómo afectarán los aranceles de represalia a Europa?
La sensación es que, a diferencia de lo ocurrido recientemente, en el dossier Groenlandia existe una mayor unidad entre los 27, impulsada por una irritación creciente hacia el aliado estadounidense. Hablar de ruptura, sin embargo, sigue siendo un tabú. En Bruselas casi nadie cree que convenga ir a un enfrentamiento total con Washington.
De aquí al jueves por la noche, una intensa ronda de contactos y reuniones servirá para delinear el alcance de la respuesta europea. Serán decisivos, sin duda, los encuentros que el presidente estadounidense mantendrá en Davos.
Detalles sobre la cumbre extraordinaria de la UE
En el cuartel general comunitario esperan un "one man show" al más puro estilo Trump, pero para Bruselas lo verdaderamente relevante será lo que surja de las reuniones lejos de los reflectores. No por casualidad, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, decidió convocar una cumbre extraordinaria de los 27 el jueves a 19 horas, de modo que varios líderes -incluida Ursula von der Leyen- puedan sentarse a la mesa tras haber tomado el pulso, en primera persona, a las intenciones de la Casa Blanca.
Entonces, el Consejo de la UE deberá pronunciarse sobre la conveniencia o no de activar los aranceles de represalia por 93.000 millones.
Con un añadido: desde el punto de vista técnico, para Estados Unidos aplicar un 10 % adicional de aranceles solo a ocho países europeos es complejo. Debería exigir un certificado de origen detallado de los productos afectados. La UE podría incluso proporcionarlo, pero los plazos de envío se alargarían. Los costos, explican fuentes comunitarias, serían significativos sobre todo para la parte estadounidense.
Por eso, desde las cúpulas de la UE se predica firmeza, pero también calma. Y se evita adelantar posiciones sobre el instrumento anti-coerción, la opción nuclear que Bruselas creó para responder a acciones económicas coercitivas de terceros países.
Reacciones de líderes europeos ante la amenaza de Trump
Se trata, no obstante, de una herramienta concebida con fines disuasorios, cuya activación requiere meses y, sobre todo, para la que aún no existe una mayoría cualificada de los 27 a favor, pese a la presión de París. Emmanuel Macron, al igual que en verano, ha tomado el liderazgo del grupo de los halcones. Convocó al Consejo Nacional de Defensa y Seguridad sobre Groenlandia y rechazó la invitación de Trump para integrarse en el consejo de Gaza.
Pero no todos comparten su postura. El británico Keir Starmer reiteró que Londres está del lado de los groenlandeses y de los daneses, aunque advirtió que "una guerra comercial con Estados Unidos no beneficia a nadie". El canciller alemán, Friedrich Merz, se hizo eco: hay que evitar una escalada, subrayó, y adelantó que buscará un encuentro cara a cara con Trump.
A esta posición de Berlín se sumó con claridad el viceprimer ministro italiano, Antonio Tajani, quien llegó a Estrasburgo para reunirse con la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola.
No hay ruptura, pero sí la cabeza bien alta: ese es el estribillo de los europeístas. Tanto es así que Budapest, esta vez visiblemente incómoda, se vio obligada a definir la cuestión de Groenlandia como "bilateral" y no europea.
