Noticias

¿Mosquitos transgénicos para combatir el zika?

La OMS insta a los países a buscar nuevas formas para erradicar al insecto transmisor
  • Por: El País
  • 17 / Febrero / 2016 -
  • COMPARTIR
¿Mosquitos transgénicos para combatir el zika?

Sao Paolo, Brasil

A falta de un tratamiento y de una vacuna, frenar la expansión del virus del zika pasa por erradicar al mosquito que lo transmite, el Aedes aegypti. Una de las fórmulas es evitar que el insecto se reproduzca; otra, que muera antes de llegar a transmitir la enfermedad. Para ambas se pueden emplear mosquitos genéticamente modificados, un sistema que aún se está probando pero que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha respaldado este martes. El organismo, que ha precisado que todavía se necesitan más ensayos para extender su uso, ha instado a los Gobiernos a buscar nuevos métodos para poner freno a la epidemia que ha alcanzado ya a 34 países de América y que puede afectar a entre tres y cuatro millones de personas.

“Dada la magnitud de la crisis del zika, la OMS alienta a los países afectados y a sus asociados a impulsar el uso de los viejos y nuevos enfoques para el control de mosquitos como la línea más inmediata de defensa contra el virus”, ha indicado la organización en un comunicado. La OMS habla, por ejemplo, de un proyecto que consiste en liberar mosquitos Aedes genéticamente modificados para que su descendencia muera antes de llegar a la edad adulta, y evitar así su reproducción. El sistema, desarrollado por la empresa británica Oxitec, se probó en islas Caimán y ya se ha usado en la ciudad brasileña de Piracicaba. Brasil es el país más afectado por el brote.

En un documento en el que detalla nuevas formas de lucha contra el virus, la OMS habla también de otros dos métodos: liberar de forma masiva de insectos machos esterilizados con dosis bajas de radiación —estrategia que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ya usó para luchar contra otros insectos en partes de África—; y el uso de mosquitos portadores de la bacteria Wolbachia, que no infecta a humanos pero que inutiliza los huevos que ponen las hembras que se reproducen con machos portadores de dicha bacteria. Una estrategia “prometedora”, dice la OMS, que ya se ha demostrado eficaz para frenar la transmisión del dengue, una infección que también transmite el mosquito Aedes aegypti. 

La organización que preside Margaret Chan y que el pasado 1 de febrero declaró la alerta sanitaria global incide, sin embargo, en que para extender el uso de mosquitos genéticamente modificados y otro tipo de métodos similares hacen falta más ensayos. La utilización de estos sistemas, que implican la erradicación del Aedes aegypti —que la OMS define como una “amenaza tenaz y oportunista”— es polémica. Varias organizaciones ecologistas han advertido sobre lo que su desaparición puede suponer para la diversidad.

Aplican restricciones en donación de sangre

>Las autoridades sanitarias de Estados Unidos recomendaron a los bancos de sangre del país que rechacen las donaciones de personas que hayan viajado en las cuatro semanas previas a naciones donde el virus del zika ha estado activo, parte de las directrices que buscan proteger el abasto de sangre.

>La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) también recomendó a los establecimientos rechazar donaciones de personas que hayan tenido contacto sexual con alguien que hubiera viajado a un país afectado en los últimos treses meses. La Cruz Roja adoptó medidas similares este mes.

>En Canadá, las autoridades de salud están rechazando las donaciones de personas que hayan salido del país, el territorio continental de Estados Unidos y Europa.

>Aunque la FDA aclara que no ha habido reportes de que el virus se haya infiltrado a los bancos de sangre, advierten que la transmisión mediante donaciones es una posibilidad real.

¿Mosquitos transgénicos para combatir el zika?

Bomberos contra el virus

Ver caras cansadas y tensas es algo normal estos días en la sede en Washington de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), donde el virus del zika ha desatado todas las alarmas y roba buena parte de los esfuerzos de los expertos. Hace dos semanas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia global por el aumento de casos de microcefalia y otras complicaciones neurológicas posiblemente asociadas al virus del zika. Pero la OPS, su brazo americano, lleva ya nueve meses monitorizando la situación en la zona, la principal afectada por un virus que aún presenta demasiadas incógnitas. El centro neurálgico de la respuesta del organismo regional a la nueva amenaza epidemiológica es el Centro de Operaciones de Emergencia, o COE, una suerte de gabinete de crisis ubicado en el corazón de la sede de la OPS. Desde allí, una quincena de expertos coordina la información y la respuesta ante la nueva emergencia sanitaria.

“Somos como bomberos”, explica Sylvain Aldighieri. El epidemiólogo fue nombrado en noviembre jefe del equipo de especialistas. Aunque él prefiere que le llamen “comandante”, bromea con una sonrisa algo cansada. Al fin y al cabo, hace 15 días que prácticamente no sale de la sala, instalada en el icónico edificio cilíndrico de la OPS, una joya arquitectónica de los años sesenta del siglo XX que resalta entre los anodinos edificios vecinos.

El COE se basa en el Sistema de Comando de Incidencias creado en los años 70 por los bomberos de California para coordinar una respuesta rápida ante los gigantescos incendios con diversos focos simultáneos que suelen producirse en ese Estado. Bajo este sistema, una quincena de responsables de diversas áreas —desde epidemiólogos, médicos clínicos, a expertos en logística, salud pública o control de vectores— coordinan y articulan las actividades de respuesta. Son ellos quienes deciden el envío de expertos a los países y se aseguran de que tienen los recursos necesarios. También colaboran en la coordinación de las tareas locales de prevención y en la preparación de emergencias médicas que puedan surgir, desde microcefalia al síndrome de Guillain-Barré.

“Somos los gerentes de una respuesta intensa a nivel del país”, resume Aldighieri. Tras la explicación simplificada, se oculta una complicada tarea. El “comandante” habla con su equipo casi todos los días. La reunión del grupo de comando de incidente, puede durar horas. No es la primera emergencia de este centro especializado. El gabinete de crisis ya se activó para la crisis del Ébola, y la región tiene experiencia en emergencias como la del H1N1 o el cólera en Haití.

Hay sin embargo una diferencia fundamental entre esas crisis y la actual: lo poco que se sabe sobre el zika y sus consecuencias, o la causalidad, como lo denominan los científicos, entre este virus y la microcefalia. “El zika es nuevo y enfermedades nuevas pueden dar miedo, sobre todo cuando afectan a los más vulnerables”, reconocía esta semana el director del Centro de Control de Enfermedades (CDC), Tom Frieden.

“Hablar de niños con cabecitas pequeñas es algo muy trágico. Hay ese componente emocional muy fuerte y de percepción del público, y hay que tener eso en cuenta. Es muy difícil justificar el no preocuparse por eso”, coincide Marcos Espinal, director del Departamento de Enfermedades Transmisibles de la OPS. Pero el organismo internacional sanitario, puntualiza, “no ha reaccionado porque sea algo emocional, sino porque hay casi 3 mil o 4 mil casos de microcefalia reportados en Brasil. Ha reaccionado para adelantarse a la curva y ponerle atención”, afirma. La declaración de emergencia, dice, “ayuda mucho en el flujo de dinero, de la cooperación internacional, para compartir muestras e información”.

Cada vez surgen más estudios que parecen confirmar la relación entre la microcefalia y el zika. Pero todavía faltan pruebas concluyentes. Y obtenerlas no es nada fácil porque la región donde se está expandiendo sufre muchas otras epidemias —los cuatro tipos de dengue, o el chikungunya que también transmite el mosquito Aedes aegypti, el agente transmisor del zika- que se entremezclan, confundiendo, al menos por el momento, los datos—.

“El virus nos provoca un gran desafío porque tenemos brechas de conocimiento y brechas de diagnóstico”, lamenta Aldighieri. “Nuestro desafío es saber lo que pasó al principio del embarazo, así que una de las prioridades es tener técnicas confiables para decir lo que pasó y discriminar entre virus de la misma familia”.


DEJA TU COMENTARIO
EL MAÑANA RECOMIENDA