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LOS OBISPOS ENCUBRIDORES

En lo que constituye un hecho inusitado, este mes el Papa Francisco ordenó la creación de un tribunal especial en el Vaticano para juzgar a quienes hayan protegido a curas pederastas. En México, uno de los hombres que más ha luchado contra el flagelo de los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes es Alberto Athié. En entrevista, dice ya tener la lista de los jerarcas católicos del país que caen en ese supuesto: la encabeza el arzobispo primado Norberto Rivera Carrera, defensor de Marcial Maciel.

Ante la inminente apertura en el Vaticano de un tribunal para juzgar a los obispos encubridores de sacerdotes pederastas —hecho inédito en la Iglesia—, en México ya se tienen la lista y los expedientes de los jerarcas católicos mexicanos enjuiciables por ese delito y que muy probablemente serán denunciados en la nueva instancia.

28 junio 2015 | Rodrigo Vera | Proceso

EXHIBIDOS. Encabezada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, la lista de obispos mexicanos solapadores de pederastas será enviada a El Vaticano.LOS OBISPOS ENCUBRIDORES

Encabezada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, dicha lista también incluye a Jesús Carlos Cabrero Romero, arzobispo de San Luis Potosí; José Luis Chávez Botello, arzobispo de Oaxaca; Jonás Guerrero, obispo de Culiacán; Marcelino Hernández, obispo de Colima; y Raúl Vera, obispo de Saltillo, entre otros.

Uno de los más combativos luchadores contra la pederastia sacerdotal en México, Alberto Athié Gallo, comenta a Proceso: “Ahora el papa Francisco le subió de nivel al reconocer que no solamente existen sacerdotes pederastas, sino también obispos que los protegen. Reconoce la necesidad de procesar a estos obispos encubridores a través de un tribunal exclusivo para ellos. Es algo novedoso, nunca antes visto”.

—¿Cuál es aquí la estrategia? ¿Ya se detectó a los jerarcas mexicanos que encubren pederastas y podrán ser denunciados en ese tribunal?

—Sí, claro. Nosotros aquí ya tenemos los casos. Tenemos bien identificados a esos obispos. Incluso toda la información y todas las pruebas de sus encubrimientos. Yo llevo años de mantener contacto con las víctimas de abuso sexual, así como con sus abogados y con las organizaciones sociales que llevan cada caso. En ese aspecto no hay ningún problema.

“Nuestra estrategia es formar parte de una red de redes internacionales al momento de interponer nuestras denuncias. Es decir; vamos a denunciar a nuestros obispos, pero lo haremos acompañados con gente de otros países que harán lo mismo con los suyos. Ya estamos trabajando en ello”.

Athié señala que sólo están esperando que Francisco defina “cuáles serán las reglas del juego del tribunal, pues hasta el momento sólo fue anunciada su creación”.

LA LISTA MEXICANA

El miércoles 10, el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, anunció que durante una reunión con el consejo de nueve cardenales que lo asesoran en el gobierno de la Iglesia universal —conocido como el C-9—, el Papa decidió crear el tribunal, a raíz de una propuesta “de avanzada” hecha por la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores y presentada en ese encuentro cupular por el purpurado estadounidense Sean O’Malley.

El tribunal —dijo Lombardi— dependerá de la Congregación para la Doctrina de la Fe y tentativamente juzgará a los obispos por dos delitos: “abuso de cargo” y “negligencia”. Fue toda la información que adelantó.

Athié externa sus dudas: “¿Los obispos encubridores podrán ser denunciados sólo por las víctimas o también por terceras personas? ¿Las denuncias se interpondrán solamente en El Vaticano? ¿Podrán las víctimas participar en el proceso? ¿Cuáles serán los delitos y los castigos? ¿Será considerado delito el hecho de que un obispo no denuncie a un pederasta ante la justicia civil? En fin, faltan muchos puntos por definir”.

Por lo pronto, dice, ya tiene reuniones con algunas víctimas y sus abogados para preparar una estrategia conjunta y no “pecar de ingenuos”, pues el tribunal puede ser una maniobra vaticana de simulación que no combatirá a fondo el problema del encubrimiento episcopal.

—¿Quiénes son en México los obispos protectores de sacerdotes pederastas?, pregunta el reportero.

—Para empezar está el cardenal Norberto Rivera. Sin duda es el prelado mexicano más implicado en dar protección a sacerdotes pederastas. Ni más ni menos fue el encargado de defender públicamente a Marcial Maciel, señalando que sus víctimas no eran más que partícipes de un complot contra la Iglesia. Maciel era un hombre muy poderoso e influyente en el pontificado de Juan Pablo II. Y la defensa del cardenal Rivera fue la defensa de un estratega.

“En cambio, la protección que dio Rivera a sus sacerdotes pederastas Nicolás Aguilar y Carlos López Valdés ya fue el típico encubrimiento de un jerarca a sus subalternos. Estos dos casos son muy conocidos y están ampliamente documentados. Ambos pederastas continúan libres y quizá abusando de menores”.

Por encubrir a Aguilar, Rivera fue demandado ante la Corte de Los Ángeles, California. El proceso sigue abierto en Estados Unidos. Por el caso de López Valdés, el mismo papa Francisco reconoció su culpabilidad al grado de que le envió una carta a una de sus víctimas, Jesús Romero Colín, para pedirle perdón.

En su momento, el caso López Valdés fue tratado directamente por dos obispos auxiliares de Rivera: Jonás Guerrero y Marcelino Hernández. Ambos acordaron sólo darle tratamiento psicológico al abusador; jamás lo denunciaron ante las autoridades civiles ni tomaron en cuenta a las víctimas. Guerrero es actualmente obispo de Culiacán; Hernández lo es de Colima (Proceso 2004).

OTRO ENCUBRIMIENTO

Athié señala que otro caso evidente de encubrimiento es el del arzobispo de San Luis Potosí, Jesús Carlos Cabrero Romero, quien protegió a Eduardo Córdova Bautista, cura de su arquidiócesis y actualmente prófugo.

Cuenta: “Pese a las denuncias en su contra, incluso de adineradas familias católicas con mucho peso, la Arquidiócesis de San Luis Potosí siempre estuvo encubriendo al padre Córdova y ascendiéndolo de cargo. El pederasta llegó a ser apoderado legal y encargado de las relaciones Iglesia-Estado de la arquidiócesis. Incluso tenía posibilidades de ser arzobispo. Era un hombre muy poderoso.

“Pero a raíz de que el padre Córdova abusó sexualmente de un menor de edad cuando lo llevó a pasear a la Ciudad de México, y de que este chico dio a conocer el abuso, la presión social orilló al arzobispo Cabrero a denunciar finalmente a su protegido ante la justicia civil. No le quedaba de otra. Hasta el experimentado cardenal Norberto Rivera tuvo que enviar a San Luis Potosí a su abogado, Armando Martínez, para que asesorara a Cabrero en este espinosísimo caso”.

Athié asegura que Córdova “durante 30 años” abusó de menores en San Luis Potosí mientras ejercía su ministerio sacerdotal. “Se calcula que abusó de más de cien niños”. Agrega que no sólo lo encubrió el actual arzobispo Cabrero, sino también sus dos antecesores en el cargo: Arturo Szymanski y Luis Morales Reyes, ex presidente del Episcopado Mexicano.

“Cuando supo que la policía ya buscaba al padre Córdova, Luis Morales giró instrucciones para que sacaran al sacerdote del país. Morales es el más implicado en el caso”, afirma Athié.

Otro prelado a quien debería sentarse en el banquillo de los acusados, agrega Athié, es José Luis Chávez Botello, arzobispo de Oaxaca.

Y relata su caso: “El padre Gerardo Silvestre Hernández, muy querido por el arzobispo, llevaba tiempo abusando impunemente de menores, hasta que un grupo de sacerdotes recabó pruebas y se las entregó al arzobispo Chávez Botello. Pero éste inmediatamente descalificó a los sacerdotes, diciéndoles que pertenecían a la corriente de la teología de la liberación y de la teología india, que tenían celo del padre Gerardo y sólo querían desestabilizar a la arquidiócesis.

“Así, Chávez Botello ideologizó la denuncia y protegió a su sacerdote incluso ante el Vaticano, a donde llegó el asunto. Allá le dieron la razón al arzobispo. Pero no en Oaxaca, donde las autoridades judiciales hallaron culpable al pederasta de un solo caso, entre varias denuncias presentadas. Y el padre Gerardo está actualmente preso por ‘corrupción de menor’, un delito menos grave que el que en realidad cometió. En cualquier momento pueden dejarlo libre debido a las gestiones del arzobispado”.



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