La muerte de Pedro Flores, 1886

José Pilar Palafox.
Cronista Municipal de Reynosa
Según la Averiguación que se encuentra en la Sección de Juzgados del Archivo Histórico de Reynosa (AHR), fueron once los testigos que comparecieron ante el personal del Juzgado de Reynosa entre los días 12 de mayo y 29 de junio del año 1886, para desenmarañar el homicidio perpetrado en la persona de Pedro Flores. Estas indagaciones ocurrieron después que el personal y dos peritos huelleros habían terminado las diligencias en el camino inmediato a la vía férrea por el antiguo rancho La Gloria, donde se había encontrado muerto el caballo colorado zaino y los aparejos del difunto.
De acuerdo a las declaraciones hechas por los testigos desde el 12 mayo, Pedro Flores estaba desaparecido desde el 29 de abril de 1886. Una de las declaraciones más extensa fue expuesta por Donaciano Farías, quién fuera el cuñado de Pedro Flores. El cuñado arribó a la villa de Reynosa desde el poblado de Camargo el día 6 de mayo. Al dirigirse a la casa de su hermana mayor, Timotea, encontró que en la vivienda solamente se encontraba su madre María San Juana Montes, quién había llegado esa mañana desde el rancho La Escondida, donde vivía con su esposo Faustino Rodríguez.
Faustino, de 58 años de edad, era el dueño de La Escondida y el padrastro de Timotea, Donaciano y Francisca, de 26, 25 y 22 años de edad respectivamente; ésta última era la esposa del difunto Pedro Flores. Las dos hermanas, Timotea y Francisca, salieron en una carreta prestada para ese rancho, temprano esa mañana del día 6 de mayo; pues la mamá les trajo la novedad que Pedro Flores había salido para el Potrero de Santa Rita y no había llegado al lugar de su destino.
El día 12 de mayo, el Alcalde 1º Constitucional, Ramón R. Anzaldúa, con su personal se dirigió al rancho La Escondida para obtener las declaraciones de las dos hermanas y otras personas con las que había tenido contacto Pedro Flores, horas antes que se desapareciera el 29 de abril. Es a través de la maraña de las declaraciones que tenemos alguna información sobre el viaje que hizo el difunto hasta su desaparición.
Los encargos
Según las declaraciones en el expediente resguardado en AHR, Pedro Flores era aparentemente una persona tranquila y no le tenía mala voluntad a nadie, pero si aparentaba ser muy inquieto. La esposa decía que no cargaba arma, ni un “cortapluma.” Su esposa Francisca declaró que su marido estuvo ocupado arreglando unos asuntos en Reynosa días antes de su viaje. La vivienda del matrimonio se encontraba en un lugar conocido como labor de la Reforma, aparentemente en las inmediaciones de la villa.
La cuñada de Pedro, Timotea, estaba casada con Abraham Medrano, quien tenía su hogar dentro de la misma villa. Desde el miércoles 28 de abril, Pedro Flores anduvo consiguiendo un chorizo que le habían encargado. En la noche, el difunto llegó a la casa de su cuñada en Reynosa y le dijo que su caballo iba un poco “destroncado”; ahí le expresó que se iba quedar un rato a dormir para después seguir para abajo.
La cuñada le pidió que se regresase a dormir a la Reforma a lado de su esposa, pues sabía que ésta se encontraba mala de un dolor. Pedro le dejó encargado el morral con los chorizos, mencionándole que pasaría por él en la mañana. Pedro partió de la Reforma como a las siete de la mañana y llegó a pie a la casa de su cuñada a las ocho de la mañana.
En el morral había cuatro reales de chorizo, que le llevaba a don Pilar Palafox. Este personaje luchó en la guerra contra los franceses en Puebla; participó en la famosa batalla de 5 de mayo del 1862. Fue un importante “preceptor de niños”, como se les conocía a los profesores en esa época; educó a un número considerable de pupilos en el norte de Tamaulipas y el sur de Texas, impartió las primeras letras en la Grulla (en Texas), La Mesa, Charco Azul, Charco Escondido, etc. En ese momento, Pedro Flores le lleva a Palafox los chorizos al rancho La Escondida.
Dentro del morral también llevaba un real de chorizo que le lleva a su mamá, doña Teodora Sánchez de Gallardo, quién estaba casada con Manuel Gallardo. Su madre y su padrastro vivían en Rancho Viejo en el Potrero de Santa Rita; este lugar se encontraba al oriente del actual tramo de carretera que une el Puente Internacional Donna-Río Bravo con la autopista de paga, donde se encuentran los bancos del río Bravo conocidos como Santa Rita.
Según su esposa Francisca, Pedro iba a recoger dos pesos de su padrastro; quedó de regresar el mismo día 29 de abril en la noche, sin falta. Llevaba también una maleta con un “pleé” (tipo de manta), unas camisas y pantalones para dos de sus mozos, que se encontraban en Rancho Viejo trabajando para su padrastro Manuel Gallardo desde el 19 de abril de 1886.
En la mañana, Pedro se dirigió al centro del pueblo y regresó dos horas después. Su cuñada mencionó que cuando retornó a su casa ya venía montado en su caballo. Ya con el morral de los chorizos le pidió un costal que le había prestado anteriormente, iba tan de prisa porque tenía que alcanzar a un compañero. La noche anterior Pedro le había pedido a su cuñada le cocinara uno de los chorizos para su madre, pero en las prisas no se lo llevó.
Horas después, Faustino Rodríguez quien era originario de Montemorelos divisó desde su casa en La Escondida que pasaba Pedro para abajo, cerca del mediodía de ese jueves 29 de mayo. Faustino observó que otros individuos pasaron para arriba o para abajo por el camino de su rancho; supo que Pedro Flores alcanzó a Blas Sánchez en el camino y que este decía se saludaron mientras que Pedro Flores continuaba más aprisa.
Blas Sánchez dijo que viajaba para ver a su hermano Guillermo en el rancho San José, cuando se encontró a Pedro entre el rancho de Lino Reyna y el de Florencio Mercado. Blas explicó que Pedro iba montado en su caballo colorado a galope para abajo. Al llegar al racho de Antonio Reyna, lo vio a pie en la puerta del solar de la casa, mientras que él continuaba para el rancho San José.
En Santa Ana
Ahí en el rancho Santa Ana, Pedro se paró a saludar a Bartolo Guajardo y a Blas María Reyna, de 18 y 20 años de edad respectivamente. Bartolo dijo que Pedro llegó a la puerta del solar de su “tatita” Antonio Reyna como a las 12 del día, no estaba seguro de la fecha, le parecía que había pasado el Viernes Santo (en realidad fue una semana después).
La plática entre ellos fue sobre un caballo bayo propiedad de Antonio Reyna, que lo tenía el cuñado de Pedro, Abraham Medrano. Pedro iba a traer un caballo a la casa de su padrastro Manuel Gallardo, les proponía cambiárselos por el bayo.
Tanto Bartolo como Blas María describen al supuesto caballo que montaba Pedro Flores como una yegua colorada zaina, la cual se encontraba tuerta por el lado del subir (lado donde se pone el pie para montar) y muy “encerdada” (con mucha crin). Estos dos muchachos fueron los últimos que platicaron con Pedro antes que encontrara a su(s) homicida(s). El fatal destino de Pedro Flores será contado en el próximo artículo.

Fotografía de un caballo bayo.
