La epopeya del Bravo
En 1848, el tratado de Guadalupe Hidalgo selló la epopeya empezada siglos antes, dejando al río como parte del límite internacional entre las dos naciones
El nombre de Río Bravo es el primero en aparecer en español y proviene de la elaboración de la cartografía del Golfo de México recabada durante los descubrimientos de la primera mitad del siglo XVI. Los datos que llegaban a Sevilla, España, en las bitácoras de barcos y documentos oficiales fueron copiados para ser utilizados en la elaboración de mapas del continente americano por los cartógrafos europeos, interesados en el conocimiento del Nuevo Mundo.
Así quedaron plasmadas las expediciones del gobernador de Jamaica, Francisco de Garay (1519-1523), el naufragio de Pánfilo de Narváez y Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1528-1536), la expedición de Hernando de Soto y Luis Moscoso Alvarado (1539-1543) o el naufragio de la flota de la Nueva España (1554); la evidencia está en la cartografía en número de nomenclaturas que recuerdan los testimonios de los sobrevivientes que cruzaron este río de norte a sur, algunos en embarcaciones, otros a nado y otros caminando vadeando el río.
Una de las nomenclaturas reconocibles es la de los “Médanos de la Magdalena,” que aparece con diferentes variantes como: de la mag. Médanos, R. de la Madalena, Médanos de La Magda Lena, Y. (Isla) de las Magdalein, etc. Este sitio se encuentra actualmente donde está el Puerto Mansfield, en la parte central de la Isla del Padre. En el lugar encallaron tres barcos de la flota de la Nueva España con cargamentos que llevaban oro para España en 1554.
El lugar fue estudiado por los arqueólogos texanos a finales de los años 1960 y principios de 1970. La Isla del Padre se conoció como Isla de la Magdalena en los siglos que siguieron.
En la delineación cartográfica del litoral costero aparece asociados a estos médanos lo que va a ser a final de cuentas el río Bravo. Las variantes que se conocen en los diferentes mapas de la época son: Costa Brava, C. Bravo. R. Bravo, Río Bravo, R. Pravo, etc. La nomenclatura C. se utilizó para indicar la palabra Cabo (Bravo). Los dibujantes de la época en Europa no tenían una noción geográfica de la región por lo que era común alterar la secuencia de las nomenclaturas de un mapa a otro.
En un solo mapa se incluye las palabras R. Pravo, R. Bravo y C. Bravo. Al pasar el tiempo, como fue llegando más información, se dibujó el interior del continente y la desembocadura del río, delineando su curso cada vez más largo hacia tierra firme.
EXPEDICIONARIOS
En el siglo XVII, el río Bravo fue explorado por la expedicionarios liderados por el francés René Robert Cavelier, Señor de la Salle, quien instaló una colonia francesa en la costa central del actual Texas. Fue la compra de la Luisiana a principios del siglo XIX, lo que impulsó a los Estados Unidos a delimitar su territorio en el río Bravo, pues la Salle había sido el explorador del río Mississippi y el creador de la Luisiana.
En 1848, el tratado de Guadalupe Hidalgo selló la epopeya empezada siglos antes, dejando al río como parte del límite internacional entre las dos naciones. Esto traería por vez primera la exploración y un trabajo cartográfico meticuloso del río por la Comisión de Limites de México y Estados Unidos, a partir del año 1852. El tratado de Guadalupe Hidalgo definía el uso de dos nombres, río Bravo y Río Grande, para la misma línea fronteriza entre los dos países, la tercera más larga en el continente americano y la más transitada en el mundo.
Como dato curioso, el nombre de Bravo en los mapas del siglo XVI es muy probable que no se refería al caudal del río. La toponimia venía de los eventos registrados entre los indígenas y los exploradores españoles. En diferentes ocasiones estos últimos fueron confrontados bravamente por la población nativa del río.
*Antropólogo; Cronista Municipal de Reynosa
