Juicio y condena
A García se le instruyó una causa en su contra por el delito de abandono de la escolta del 21º Cuerpo Rural en el rancho Jacalitos de la jurisdicción de Reynosa; también se consideraba como sospechoso del delito de espionaje
ETIQUETA. En Matamoros, en ceremonia cívica de 5 de febrero. Al centro el general Jesús Carranza, jefe de Armas en Matamoros y el general Pablo González, jefe de División del Noreste.
Leonardo M. García se presentó en Matamoros como comisionado para vender reses y caballos a un americano, con el cual no pudo hacer trato el mayor Francisco J. Múgica, ese 5 de junio de 1813.
Más tarde cruzó a México con el mismo extranjero, pero le fue imposible llegar a un acuerdo con los dueños del ganado por que se les hacía cara la comisión que cobraba. Aceptó una proposición de su amigo Calixto por 12 mil pesos con muy bajas ganancias.
Estando en Brownsville, Leonardo fue arrestado durante la noche dos veces en el Hotel Hoyt, donde le quitaron copia de la factura de las armas y parque que le había mandado al General Agustín Castro, la nota del pedido hecho en Corpus Christi y una impresión del Plan de Guadalupe. Lo amenazaron para que se cruzara a Matamoros o se fuera de Brownsville dentro de 24 horas, si no sería arrestado de nuevo
Prefirió partir para Alice, Texas, donde encontró al señor Calixto, quien le informó que fuera a Laredo el día 14 de julio para que recibiera el dinero de la propiedad en Nuevo León; quedó con él de firmar ahí una libranza o pagaré mientras recogía las escrituras que había dejado con un amigo en las inmediaciones del río Bravo desde que cruzó para Texas.
Llegó a San Antonio el día 7 y para el 8 de julio tenía los boletos para viajar ya noche a Laredo. Ese día anduvo buscando la dirección que le había dado un amigo, donde se encontraba un carro de dinamita que quería comprar. En la tarde fue invitado a la casa de Antonio Elosúa en la calle de la Presa con quien estuvo entre las 7 y 8:25 de la tarde, habló con el hermano de éste explicándole que ya de regreso vería lo de la dinamita.
PRIMER ARRESTO
Yendo camino para la estación del tren, Leonardo fue arrestado en la calle del Comercio en San Antonio, acusado por el americano de apellido Burus por abuso de confianza y revolucionario. Al americano le había prometido entregarle unas reses.
Desde la prisión le escribió al señor Elosua avisando lo que le había ocurrido. También envió una carta a Macedonio García para que le avisara al cónsul de Brownsville Agustín Garza González que le cubriera la fianza, pero no tuvo contestación.
El abogado defensor le comunicó que un amigo de Monterrey, hospedado en un hotel, tenía $300.00 pesos para su fianza, por lo que le pidió al abogado que intercediera para que el Sheriff le permitiera salir a tratar el asunto.
Otro abogado de nombre George Martin le ofreció pagar la fianza siempre que le pagara después $100.00 pesos cuando recibiera el dinero en Laredo sobre la propiedad en Nuevo León.
Consiguió salir a la calle custodiado por el ayudante del Sheriff; inmediatamente fue a ver a Antonio Elosua, quien le dijo que hablara con el Dr. Jesús M. Rodríguez y Eduardo Herrera (Junta Constitucionalista de San Antonio) para que le pagara la fianza. Cuando le platicó lo de las armas enviadas al General Castro, le dijeron que tan pronto supieran que las hubiese recibido se la darían.
Leonardo permaneció en prisión y el día 26 de septiembre durante la ejecución de un “negro” por ahorcamiento se presentó mucha gente, entre los que venía el Capitán Manuel Miranda pariente de Lucio Blanco.
Él sin sospechar que fuera espía huertista le pidió que hablara con el doctor Rodríguez, sobre si ya tenía aviso sobre las 250 carabinas y el parque enviados al General Castro, para que le arreglase el pago de la caución.
Miranda regresó como a los cuatro días diciéndole que había hablado con el doctor argumentándole que le dijera dónde estaban las armas y el parque, para poder reunir mil pesos; esto para pagar la fianza, sus deudas y se fuese.
Leonardo le contestó que le era imposible, porque las armas las habían cruzado a México desde hacía cuatro meses. Miranda le decía que era difícil poder ayudarle de esa forma, diciéndole que después volvería.
Unos días después un visitante (que venía a ver a otro preso) desde Del Río, Texas, le trajo una carta de su amigo Antonio Hernández Martínez; le decía que tuvo dificultades en el camino por lo que se devolvió con las armas, empacándolas de nuevo en los velices. Estas las dejó con un amigo, con órdenes que solamente ellos dos las podían recoger.
Enseguida envió por correo una carta para el doctor Rodríguez para que viniera el tal Capitán Miranda a hablar con él, para darle las nuevas de su amigo Antonio y además las armas.
ESPIONAJE HUERTISTA
Pero fue en eso, que cayó preso Francisco R. Villavicencio en la misma celda que Leonardo ocupaba.
Este fue el que le abrió los ojos diciéndole que el Capitán Manuel Miranda era un espía huertista. Al salir este prisionero, Leonardo le entregó una carta para el General Agustín Castro que en ese momento se encontraba en Camargo, Tamaulipas; pero a éste no lo volvió a ver más.
El día 7 de noviembre lo soltaron por primera vez al no encontrarlo culpable el jurado.
Fue en coche a visitar a Antonio Elusoa, a quien le pediría días después en la casa del doctor Rodríguez dinero para un pasaje en el tren a Laredo.
Después de cambiar un cheque para el pasaje en el banco fue a visitar a su abogado, a quien le pidió que contrademandara al americano que lo había encarcelado.
De ahí pasó a comer a su hotel, donde sería aprehendido y regresado a la cárcel de nuevo el día 11 de noviembre.
Después de seis meses en prisión en San Antonio, Leonardo fue puesto en libertad el 15 de diciembre de 1913.
Al día siguiente visitó al doctor Rodríguez, a quien le pidió dinero para regresar a la frontera además de una carta de presentación para el General Jesús Carranza (uno de los 14 hermanos de don Venustiano Carranza) que se encontraba en La Barranca, en las inmediaciones de lo que es ahora el Puente Internacional Los Indios.
El doctor Rodríguez le respondió que dinero no tenía, pero que por la carta fuera por ella en la tarde.
Para el día 20, se enteró en el hotel donde se hospedaba que habían dado órdenes para su reaprehensión; razón por la cual se refugió en una casa de un amigo italiano.
Ahí, su primo Francisco González (hijo de un tío de Lampazos) lo visitó y le ofreció darle una carta para que se presentara ante el General Jesús Carranza, con quien había estado en la Barranca. Debido a que ya contaba con la carta que le dio el doctor, le pidió un carrito para que lo llevara a la estación y $6.00 pesos para el pasaje en el tren.
El día 28 de diciembre partió de la estación Sunset de San Antonio para llegar a Harlingen, Texas, al mediodía del 29 de diciembre de 1913. De ahí tomó “el motor” para llegar a la Feria donde se encontraba su amigo Esteban Rodríguez.
Planeaba que ya que se desocupara su amigo lo pudiera llevar en coche a presentarse con el General Jesús Carranza, para que le permitiera ir por las armas y parque que se encontraban en Reynosa para el General Castro.
En esta villa, la historia oral de sus pobladores cuenta que existieron varios depósitos de armas durante la revolución: dos por la calle Madero, uno por la calle Bravo, otros en diferentes ranchos de la localidad.
Soñaba que lo ayudaría a viajar a Laredo donde resolvería la venta de su propiedad, para pagar todas sus trácalas.
El día 10 de enero de 1914, viajó en coche con su amigo a Brownsville donde se enteró que el Cónsul Constitucionalista Garza González y el General Agustín Castro se encontraban en Matamoros.
Le pidió al jefe de la aduana, Alfredo Pérez, que lo presentara con el General Carranza; éste se encontraba demasiado ocupado. Ese día sólo pudo hablar con el General Castro. Leonardo se tuvo que regresar a la Feria con su amigo, quedando de volver al siguiente día. Esa noche del sábado y en la madrugada del siguiente día anduvieron vendiendo botellas de “juiskle” (wiski) en los bailes de la Feria y Harlingen.
El domingo ya en la tarde, con el carro averiado de una de las ruedas regresaron a Brownsville. Su amigo Esteban cruzó a buscar a un peluquero en Matamoros que no pudo llevar desde el sábado a la Feria, porque estaba encargado de un restaurante en esa ciudad.
Trató de encontrar al General Castro y al jefe de la aduana para que no le cobraran en el puente, pero no los encontró por ser día domingo. Leonardo se juntó con su amigo, que venía con el peluquero, en la botica del profesor Pérez Maldonado. Fue de nuevo a la casa del General Castro donde le dijeron que había salido a pasear en coche hasta el obscurecer.
Decidió regresar a Brownsville con sus dos compañeros; pensó dejar en la casa del cónsul una carabina de repetición que le regaló su amigo Esteban y regresarse con su veliz de ropa a Matamoros. Su amigo y el peluquero se tenían que ir pronto para la Feria; se encaminaron a pie hacia el puente cuando fueron detenidos por empleados del gobierno.
A Leonardo M. García se le instruyó una causa en su contra por el delito de abandono de la escolta del 21º Cuerpo Rural en el rancho Jacalitos de la jurisdicción de Reynosa; también se consideraba como sospechoso del delito de espionaje.
Su espíritu aventurero lo había puesto circunstancialmente en contextos relacionados con espionaje y contraespionaje de los grupos constitucionalista y huertistas en Texas.
En su declaración escrita de puño y letra, Leonardo concluye que después de “once meses de aventuras seguía siendo esclavo y defensor de la Constitución”.
VIAJE . De la estación de tren Sunset en San Antonio, Texas, partió Leonardo M. García en 1913.
