Reynosa

Historia y folclor del contrabando

Durante su niñez ocurren los movimientos de la Intervención Francesa en Matamoros y los conflictos de la Guerra de Secesión Estadounidense en la frontera de Texas

  • Por: Martin Salinas Rivera
  • 14 / Junio / 2020 -
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Historia y folclor del contrabando

La casona de la Resendeña en el Charco Escondido (Congregación Garza).

Cronista Municipal de Reynosa

(Segunda parte)

Amediados del siglo XVIII los primeros exploradores novohispanos que cursaron el interior del territorio entre los ríos Bravo y San Fernando en lo que es ahora Tamaulipas, encontraron que en la parte sur perduraba el agua en una serie de charcos que eran alimentados por los arroyos durante las temporadas de lluvia. El líquido en algunas de estas depresiones geológicas perduraba durante todo el año, manteniendo una variedad impresionante de vida silvestre, donde se podían encontrar hasta pumas y jaguares.

El Ramireño y Macario eran algunos de los nombres de estos aguajes cerca del río San Fernando. En el septentrión de la cuenca hidrográfica del río San Fernando, uno de estos arroyos que descarga hacia el sureste, va formando una serie de charcos. Una de estas depresiones se conoce como el Tajito en el área conocida como El Charco Escondido. 

Por un extenso expediente de 1784 en el Archivo Histórico de Matamoros, que incluyen las diligencias y el proceso de posesión de más de 113 sitios de agostaderos al oriente y sur de las porciones de Reynosa, sabemos que El Charco Escondido se encontraba al sur del agostadero de Santo Domingo. Este era un extenso territorio al sur de las porciones de tierras repartidas a los primeros colonos en 1767 y 1768. El Charco Escondido permaneció dentro del territorio del latifundio del Sauto o la Sauteña desde el siglo XVIII.

Entre 1831 y 1832, José María Garza Adame había adquirido El Charco Escondido del Estado de Tamaulipas y su primo la tierra inmediata hacia el norte conocida como los Magueyes. Fue ahí, donde según el Cronista de Camargo, Don Ernesto Garza Sáenz, habían llegado a establecerse algunas familias desde la villa de Camargo, a mediados del siglo XIX. Existe una versión oral la cual dice que venían huyendo, previendo las atrocidades de la ocupación de Camargo, durante la Intervención Estadounidense de México entre 1846 y 1848. 

Durante la segunda parte del siglo XIX, por las inmediaciones de El Charco pasaba el camino conocido como el Sendero Nacional, que iniciaba en el Puerto de Matamoros hacia los poblados de Nuevo León. Al Puerto llegaban por mar y tierra todo tipo de mercancías, que eran enviadas legal o ilegalmente en trenes de carretas a diferentes puntos de México. 

Por el río Bravo existía la principal ruta comercial, utilizando los barcos americanos de vapor y chalanes mexicanos que eran estirados con animales. Éstos atracaban en una serie de embarcaderos a lo largo del río. Las embarcaciones llegaban hasta Mier y cerca de Guerrero, pero en Camargo subían las mercancías por el río San Juan. Los chalanes eran un tipo de comercio local flotante. Cuando pasaban por Reynosa, los pobladores bajaban al río a comprar las mercancías del Puerto. 

En ese tiempo, el territorio en donde se encontraba El Charco Escondido era también la sección más importante en ganadería dentro de la jurisdicción de Reynosa.

Los Reséndez Garza

Nazaria Garza Villarreal tenía 16 años cuando se casó con Mariano Reséndez Vera, el verano de 1851. Nazaria era la hija más joven de la extensa familia Garza Villarreal, que se había asentado unos pocos años antes en el lejano El Charco Escondido. Nazaria y Mariano eran los padres de Mariano Reséndez Garza, el séptimo de sus once hijos. 

Mariano nació dentro de una reconocida familia a principios del año 1860. Durante su niñez ocurrieron los movimientos de la Intervención Francesa en Matamoros y los conflictos de la Guerra de Secesión Estadounidense en la frontera de Texas. En 1870, El Charco fue testigo del asalto del General Gerónimo Treviño a las tropas del movimiento antijuarista, liderado por el General Pedro Martínez. Tal vez Mariano presenció el arribo de Porfirio Díaz a El Charco Escondido en 1876, en su lucha por llegar a la Presidencia de México. 

En realidad, Mariano era parte de una familia acomodada. Su padre manifestó sus propiedades ante el alcalde de Reynosa, Desiderio Rodríguez, en 1877. La familia Reséndez Garza habitaba en El Charco en una construcción de cuatro piezas de cal y canto (sillares de caliche enjarrados con mortero), que tenía un valor de ochocientos pesos. Las ruinas de esta propiedad perduran en esa comunidad enfrente de la plaza, en la parte norponiente. 

La propiedad incluía dos norias con sus corrales. El padre declaró que poseía también una labor de temporal de media fanega, 195 equinos (entre caballos, yeguas y burros), 74 vacas, dos carretones para bueyes y 600 animales caprinos. Contaba con cuatro sitios de agostadero en el Rancho Santa Elena, donde se encontraban un estanque y un corral de madera. La fortuna de don Mariano Reséndez Vera ascendía a $2,737.00 pesos, en esos tiempos una vaca de vientre o un caballo costaban seis pesos.

Mariano se crió dentro y en las inmediaciones de la "Zona Libre" donde la importación de mercancía extranjera quedó libre de aranceles entre 1858 a 1905. La región se convirtió en el polo de atracción para todo tipo de gavillas de bandoleros, opositores del gobierno y contrabandistas, que eran perseguidos por las tropas porfiristas. 

En 1881, el alcalde de Reynosa, Juan B. Chapa Cavazos, propuso el proyecto para la edificación del mercado o "Parián" en la Plaza Zaragoza, en el centro de lo que es hoy el mercado Zaragoza. Parte de la inversión fue por cooperación de los mismos ciudadanos. Entre las sesenta y nueve personas que contribuyeron para este mercado estaban algunos de El Charco Escondido (la actual Congregación Garza), incluyendo al padre e hijo conocidos como Mariano Reséndez Vera y Mariano Reséndez Garza. El padre tenía una estrecha relación con el ayuntamiento de Juan B. Chapa. El papá aportó $12.00 pesos para dicha construcción, mientras que su hijo contribuyó con solamente $2.00 pesos.

El control porfirista

Con el apoyo del general Doroteo Reyes Ogazón, Porfirio Díaz empezó a controlar las insurrecciones permanentes solapadas por los antiguos generales del noreste de México: Gerónimo Treviño, Francisco Naranjo y Genaro Garza García. En el noreste, especialmente en Tamaulipas, los contrabandistas manejaban a placer operaciones bien organizadas. Uno de éstos era el joven Mariano Reséndez Garza. 

El Presidente envió al general Reyes como gobernador provisional de Nuevo León (presidió entre el 12 de diciembre de 1885 y el 4 de octubre de 1887). Posteriormente permaneció como jefe de la Tercera Zona Militar que abarcó los Estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En el año 1885 se creó también el cuerpo de la Gendarmería Fiscal para detener las actividades del contrabando

Se elaboraron planes para perseguir a los insurreccionados Catarino Garza e Ignacio Martínez. A los bandoleros Mauricio Cruz y Santos Bazaldúa serían fuertemente confrontados en 1867 y en especial al principal contrabandista Mariano Reséndez. 

El plan secreto para aprehender al contrabandista solo lo conocían el propio Porfirio Díaz, Bernardo Reyes y los generales Pedro Martínez, Eulalio Vela, Luis Chousal. Tiempo más tarde, el Teniente Coronel Nieves Hernández también conoció el plan. A este último no le confiaban los otros generales, porque decían que tenía nexos en las operaciones de contrabando.

En los próximos artículos narraremos sobre la captura y muerte de este notorio contrabandista de El Charco Escondido, Mariano Reséndez Garza.

Historia y folclor del contrabando

Manifiesto del capital que tenía Mariano Reséndez Vera en 1877, padre del contrabandista del mismo nombre. Sección Tesorería del Archivo Municipal de Reynosa.

 

Historia y folclor del contrabando

Detalle de mapa donde se observan las primeras Porciones de Tierras de Reynosa, Santo Domingo y El Charco Escondido, en el siglo XVIII.

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