Escena

Héctor Suárez, actor “Soy mecha cortita, no me dejo de nadie”

Boxeador, sastre, torero, jugador de futbol americano y estudiante de arquitectura, son algunas de las actividades que Héctor Suárez realizó antes de convertirse en actor de teatro, cine y televisión.

  • Por: Guillermo Rivera
  • 04 / Febrero / 2015 -
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Héctor Suárez, actor  “Soy mecha cortita,  no me dejo de nadie”

 

La comedia le trajo desencuentros con los presidentes de origen priista y con los dueños de las televisoras, los Azcárraga y Salinas Pliego.

A sus 76 años Héctor Suárez no olvida su origen ni las inquietudes sociales que han motivado su trabajo desde siempre. 

¿Cuál es el problema más grave que le ha causado hacer comedia crítica?  Han sido muchos, pero ninguno taaan grave para afectar mi trabajo al grado de detener mi estilo de hacer comedia confrontativa, analítica. Parto de la base de que no puedes subestimar al público de ninguna manera. La obligación como actor, líder de opinión, porque en eso te convierte la actuación, es respetarlo y pensar que el público no es pen... Es inteligente, no idiota… 

La muerte de Chespirito hizo que recordáramos aquella frase de Emilio Azcárraga Milmo: “televisión para jodidos”. Usted tuvo roces con él. Emilio. Es el hombre con el que he tenido los pleitos, los encuentros más fuertes, adrenalínicos y emocionales de mi vida. Sin embargo, eso me enseñó. Tuve la respuesta de un hombre que nunca me acusó de conflictivo ni de problemático, a diferencia de muchos productores. No es paranoia lo que me hace hablar: estamos rodeados de ca... que abusan del trabajador y están acostumbrados a que nadie, por miedo, temor, reclama nada. En México, somos una cultura sin reclamo.

Eso es bueno para el industrial, el productor, el dueño. Hablamos de apatía y negligencia por parte de la gente, del miedo a perder su trabajo, su entrada de dinero, lo cual es respetable. No estoy juzgando, pero de eso se han aprovechado estos ca....

¿Cuál fue el desencuentro más intenso con Azcárraga Milmo? Yo fui el primer sorprendido. Conocí a Emilio de lejos. Lo vi ofender a Chucho Salinas y a Héctor Lechuga cuando yo estaba haciendo Chucherías… te estoy hablando de hace 45 años, quizá 50. Cuando lo vi tan agresivo y prepotente con mis compañeros, me quedé sin aliento. Le pedí a Dios no tener ningún roce con este señor en toda mi vida, porque yo soy mecha cortita y no me dejo de nadie, nunca. 

Pasaron los años y sí tuve que, necesariamente, mantener una relación con Azcárraga Milmo por ¿Qué nos pasa?, un programa exitosísimo con un rating que creo no se ha igualado hasta la fecha. Así que tuve que tratar al dueño de mi empresa.  Recuerdo la primera vez que me mandó a llamar.... El programa se transmitía con éxito y llevaba unos cinco meses. “¿Me mandaste a llamar?”.... Me dijo: “¿Por qué jijos de la chi... -así hablaba- no han mandado los videos a RTC (Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía) para que hagan análisis y censura?”. “Pues porqué no”. “¿Cómo que no?”. “Si lo censuran, el programa no existiría, Emilio”. “¡Entonces voy a estar pagando multa porque a ti se te hinchan los h...!”. “Pues no los voy a mandar”.

¿Qué le respondió él? Yo le dije: “¡Los primeros dos programas que enviamos, los censuraron y los prohibieron, Emilio! Afortunadamente tenemos material, no tenemos que enviar nada a RTC. Saquemos los programas, ve el éxito que tienen”. “¿Entonces voy a seguir pagando?”. “Pues págalo”. Agarró el teléfono y llamó a Amelita, que era su secretaria: “¿Cuánto estamos pagando de multa porque estos ca... no envían el material a RTC? ¡Cuánto! ¿Sólo 120 pesos?”… Volteó y me preguntó: “¿Ya no han dado guerra estos ca...?”. “No”. “Ah, pues no les mandes ni ma..., hazte pen... y síguele, chaparro”. Pasó. Él era así.

Luego empecé a tener problemas que no te voy a contar porque fueron pleitos muy fuertes.

¿Cuál fue el más fuerte? Nada más te voy a contar el último que tuvimos. Este güey, Emilio, era cinta negra en karate, yo creo que me hubiera partido la ma.... Tenía unas pinches manos así (extiende levemente los brazos). Cuando me peleaba con él, yo parecía un perro chihuahueño ladrándole a un pin... San Bernardo.

Mi cara se me estaba dañando por tanto maquillaje, por tanta caracterización. Eran un chin... de personajes, entonces ya la tenía muy maltratada por tanta prótesis. Lo fui a ver para que me diera permiso de descansar e ir a Los Ángeles a un tratamiento capilar y la chin..., de pelo, piel, todo. Me dijo: “¿Para qué chin... vas a ir a allá si aquí hay chin...? Además no podemos parar el programa, ni pasar repeticiones. Es una pen...”. Le respondí: “Sí, pero mi cara está primero”. “¿Entonces para qué chin... te alquilas, pen...?”. “¿Cómo que para qué me alquilo, ca...?”. “No, no, no, no me ca...”. “Pues no me pen...”. “¿Quién chin... te crees?”. “¿Y tú?”. “¡Ah, qué la chin...! Pues nada más que el dueño de esta chin...”. “Pues con que me vaya yo a chin... a mi madre de este chin... se arregla todo, pero a mí no me dices pen... y me respetas, ca...”.

Esto, según recuerdo, fue en los ochenta, no sé exactamente en qué año, pero el presidente era Miguel de la Madrid. Me acuerdo de él porque me mandó a llamar para que quitara el programa. Muy diplomáticamente me dijo que la ropa sucia se lava en casa y que México estaba ante los ojos del mundo entero, y que el programa, lejos de ser positivo, era negativo para la juventud. Mencionó a El Flanagan y su frase “¡Queremos rock!”. Le dije que sí a todo porque me di cuenta de que era inútil hablar con él y contradecirlo. Se lo conté a Emilio. Se ca... de risa. Dijo: “No le hagas caso, mándalo a la chin...”.

Fui muy respetuoso, era mi presidente, imagínate… Lo escuché con atención pero seguí haciendo lo que se me daba la gana. Ese señor no se metió conmigo, no tuve ninguna llamada de atención. Emilio se ca... de la risa, como se ca... de la risa de todos los presidentes, igual que el hijo. La primera etapa de ¿Qué nos pasa? fue en los ochenta, fue la chin...; la segunda ya fue con Azcárraga Jean, en los noventa, cuando tuve más problemas.

Hace apenas unos cuatro años usted le escribió una carta en donde denunciaba la censura. Yo ya estaba vetado y me mandó a llamar para hacer Iniciativa México. Lo que pasó es que en la segunda etapa de ¿Qué nos pasa? no me dejaron hacer lo que yo quería. Entonces fui a buscarlo y le dije: “No te gusta lo que hago, me estás prohibiendo muchas cosas. Yo te advertí que era un programa así. Tú no estás a gusto, yo tampoco. Faltan nueve meses de mi contrato, vamos a dejarla ahí, ¿no, ca...? No me los pagues, no hay pe.... Me voy y ambos tranquilos. No hay bronca, maestro”. Así es como finalmente me fui.

Antes hubo otros vetos. Me vetaron por una intervención que tuve en Mala noche no, con Verónica Castro. 

¿El segundo? ¡No, era como el tercer veto de mi vida! A la mañana siguiente fui por todo mi equipo, porque llevé mis cámaras y pantallas para trabajar en Televisa y yo tenía una presentación en Querétaro. Ya no me dejaron entrar. 

Luego, ya en la noche de ese mismo día, vi en las noticias: “Héctor Suárez está vetado por haberse metido con el presidente”. ¡No ma..., ca...! No era cierto. Entonces, en aquella época, la hermana de mi primera esposa, Anamari Gomís, logró una cita con el presidente a través de Pepe Carreño, que le manejaba las noticias. Él era jefe de prensa, no sé qué chin..., y me consiguió una cita con Salinas.   ¿Y cómo lo recibió? ¡A toda ma...! 

Le dijo: “Ni hable, no, no, no, ya sé a qué viene a hablar conmigo. Me tiene sin cuidado. Vamos a platicar de otra cosa”. Me preguntó por el programa ¿Qué nos pasa?, que por qué no pasaba al aire, que era un programa extraordinario, necesario para el público, para la sociedad mexicana. Y todo eso me lo dijo en… ¡ya ni la chin... con mi memoria!... fue en sus oficinas de Palacio Nacional. Hay cosas que olvido, es culpa, a lo mejor, de tanta pinche neurona muerta por el alcoholismo que padecí hace un chin... de años.

El ca... (Salinas) me dijo bromeando: “Ahora vételos usted a ellos y véngase a Canal 13, levántelo”. El canal era del Estado en ese momento, después fue comprado por un oje....”. ¡Pu..., a toda ma...! Me fui al canal e hice un programazo que se llamó La cosa. ¡Fue un ma...! Fue tan fuerte que tuvieron que mover un programa de noticias en Televisa porque yo pasaba a la misma hora. El de Jacobo.

Hasta que llegó Ricardo Salinas Pliego. Fue cuando me tuve que salir porque no aguanté el trato que me dio, prepotente y déspota. No estuvimos de acuerdo en muchas cosas. No me pareció justa su actitud para un actor que estaba en ese canal con un programa de éxito. Y como yo también soy delicadito, me fui.

Regresó dos veces a Televisa y las dos veces lo vetaron. Además de vetarme tras la segunda etapa de ¿Qué nos pasa?, sucedió con Iniciativa México. Duré tres programas y me enca... porque empezaron a mutilar mi trabajo. Le envié la carta a Emilio Jean pero nunca me respondió. El asunto fue que los hermanos Galindo cortaban mi trabajo, como si fuera un pin... pedazo de carne. No se puede hacer eso. Hay un contenido, una idea, una autoría.

Empecé a meterme con los diputados y senadores. Dijeron que eso no, y lo cortaron. Me enca.... Un día fui y les quité el programa. Me vetaron. Ya no me dejaron entrar. La carta decía: “Déjame hablar contigo, no quiero que esto se haga público, Emilio. Cuando te explique vas a entender”. No me peló. Le envié tres cartas. Pensé: “Ah, no me pelas, ca.... Ahí te va una pin... carta pública”, y lo hice. La publicaron cortada en algunos medios. No me contestó ni me contestará nunca. No le somos importantes los trabajadores.

La clase política actual me genera rabia, asco, hartazgo, desesperación. Trabajó durante la máxima época priista. Se habla de un regreso del PRI… ¿cuál? Hay muchos PRIs. Basta que cambies de estado para ver PRIs diferentes. Este hombre que gobernaba en el PRI del Estado de México y se viene al DF, ¿cómo chin... va a poder sacar todo adelante? La pin... bomba le explotó en la cara. Esta frase que nos aventó a todos nos indignó más: decir que “superemos” Ayotzinapa. “A ver tú, ca... —le diría—, ¿te parecería, con todo el respeto debido, que cualquiera de tus dos hermosas hijas fuera la 44, la 45? ¿Cuánto tiempo necesitas para superarlo?”.

Si le pasara a él, al otro día sabríamos quiénes fueron, sin buscar chivos expiatorios, como nos tienen acostumbrados. 

Usted creció en la Obrera, una colonia popular del Distrito Federal.

Mi infancia fue muy bella. Yo no viví con mis padres, sino con mi abuela y mi hermano. Ella era una soldadera de verdad, de Guanajuato. Ella me crió. No sé qué edad tendría cuando murió. Fue como mi mamá. Tuve una infancia con carencias, pero llena de experiencias chin.... 

Estudiando arquitectura, en el primer año de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Poli, una tarde volví a casa y mi hermano Sergio estaba enfermo. Tenía una novia que había conocido ocho días antes, una española, muy guapa, que lo fue a despertar. Le pedí que no lo despertara porque había pasado una mala noche. 

Le pidió que le ayudara a leer un guión pues estudiaba actuación. Le ayudé y le gustó. 

Total, que me estuvo molestando dos meses para que fuera de oyente a la clase de don Carlos Ancira… y en esa clase cambió mi vida, todo. Cuando salí fue como si me hubieran cambiado el metabolismo. Algo pasó en mí, extraño y fuerte. Dejé la arquitectura y comencé con mi carrera.

Todo me costó mucho trabajo. Aunque me iba bien en teatro, empecé a picar piedra. Me costaba trabajo y me sigue costando. 

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