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Ficción curatorial

Presente en Museo Nacional de San Carlos la exposición "Archivo infinito de una pintura en duda"

La historia de una colección de arte, intentos de hurto de las obras, una investigadora asesinada y su obsesión por una pintura de autoría cuestionable. Todo eso desfila en la más reciente exposición del Museo Nacional de San Carlos. 

Archivo infinito de una pintura en duda es una colaboración con el Programa en Estudios Curatoriales de la Maestría en Historia del Arte de la UNAM, cuya quinta generación perfiló esta muestra que tiene como eje rector la obra San Juan Bautista niño (ca. 1855-57), originalmente atribuida al francés Jean-Auguste-Dominique Ingres.

Ficción curatorial

  "Es conocer la historia del San Juan Bautista niño, su camino, su proceso, también tomando en cuenta si es una obra original o si es una atribución. Es una pieza que, más allá de si es original o no, es hermosa, clave, y es símbolo de este museo y de esta colección nacional", explicó durante un recorrido a medios Paulina González Villaseñor, parte del equipo de curadores.

 CUATRO NÚCLEOS

 Dividida en cuatro núcleos y con más de 70 obras, entre pinturas, esculturas, grabados y fotografías -además de 50 piezas de arte objeto, videos y documentos-, la exposición es resultado de un proceso de investigación que permitió a los jóvenes incidir en problemas de la historia del arte y resaltar los procesos de conformación de un acervo como el que alberga dicho recinto.

  "La idea era, justamente, hacer una lectura contemporánea de la colección del Museo Nacional de San Carlos; ésa era la tarea. Nosotros teníamos la libertad de escoger el tema y las obras, pero teníamos que hacer una nueva lectura de la colección", compartió Magaly Alcántara, también curadora.

  Así, con el fin de invitar al espectador a reflexionar y analizar la labor de investigación que se lleva a cabo dentro de los museos, así como la construcción de una verdad desde la perspectiva institucional, los curadores decidieron introducir toda una narrativa a partir de un archivo ficticio en el que se entrelazan huellas verdaderas y falsas alrededor del San Juan Bautista niño.

 MUCHA HISTORIA

 De esa forma se aborda la primera exhibición de esta pieza en el País, en 1857, y su adquisición a través de un marchante francés; su relevancia pedagógica y estilística en la Academia de San Carlos a mediados del siglo 19 y principios del 20, y la lucha de poder con el discurso oficial a partir de su dudosa autenticidad.

 Todo ello al tiempo que se presentan al público obras de grandes maestros europeos y mexicanos, incluida Josefa Sanromán, una de las pocas mujeres del siglo 19 que tuvo participación dentro de las exposiciones de la Academia de San Carlos.

  "Ella no fue alumna de San Carlos. Hay que recordar que en esa época todavía las mujeres no tenían permitida la educación dentro de ella, pero, como parte de su vida diaria, podían recibir clases con maestras particulares de pintura o de dibujo, más allá de la postura o la música que se les enseñaba", precisó Alcántara.

 BIEN AVALADO

 Para este proyecto incluso sometieron a la obra firmada por Ingres a diferentes estudios con luz ultravioleta y reflectografía infrarroja por parte de personal del Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte de la UNAM. No con el fin de confirmar o descartar su autenticidad, sino simplemente para reforzar que en la investigación en historia del arte no hay verdades absolutas, sino que se van construyendo.

 "Más que esto de original o copia, sería también conocer el valor de las piezas que tenemos. En este museo, cada pieza, puede contarnos una historia; cuál fue su camino hasta llegar acá. Eso sería lo importante en lo que nos habríamos de concentrar", concluyó Aaron Cruz Aguilar, otro de los curadores.

PERMANECERÁ HASTA AGOSTO 

 La muestra permanecerá en exhibición en el recinto de Puente de Alvarado 50, Colonia Tabacalera, en la CDMX hasta el 15 de agosto.

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| Para este proyecto, la obra atribuida al francés Jean-Auguste-Dominique Ingres fue sometida a diversos estudios, no para confirmar su autenticidad, sino para desvelar que en la historia del arte no hay verdades absolutas.


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