Reynosa

El corrido de los tequileros, 1922

  • Por: Antropólogo Martín Salinas Rivera / Cronista Municipal de Reynosa
  • 13 / Agosto / 2017 -
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El corrido de los tequileros, 1922

Ruinas del Antiguo Guerrero, en la Presa Falcón.

Reynosa, Tam.- El 17 de diciembre de 1922, una partida de “rangers” de Texas y aduanales de la montada de los Estados Unidos encontraron huellas sospechosas mientras patrullaban la frontera en los terrenos del rancho Jennings en el Condado Zapata, Texas. Temprano en la mañana del siguiente día, los oficiales siguieron el rastro hasta que descubrieron a tres contrabandistas a distancia, como a las dos de la tarde; el escenario era un lomerio con arroyos y cañones pedregosos.

Encaramados en una de las lomas observaban a su presa. El Capitán de los “rangers”, William Wright, había confrontado anteriormente a contrabandistas, por lo que decidió preparar una emboscada. Él con uno de sus hombres se colocó por el lado poniente de donde venían los contrabandistas, otros dos se apostaron a lado oriente, mientras que el resto de los oficiales se escondieron en la parte sur para bloquear una retirada. Los tres hombres estaban obligados a salir hacia el norte a una cresta desprovista de protección.

La emboscada de Wright funcionó a la perfección, un oficial que flanqueaba el lado sur dio un disparo, hostigando a los tres contrabandistas. Uno corrió desorientado hacia el norte a unos arbustos, mientras que los otros dos montaron en sus caballos tratando de escapar, corriendo hacia donde estaban el Capitán y los otros oficiales. En poco tiempo los tres mexicanos habían sido acribillados.

La Prohibición en la frontera

Fue en la época de la Prohibición de bebidas alcohólicas en el país vecino, conocida como “Ley Seca”, que se impulsó el contrabando fronterizo (1919-1933). Las bebidas mexicanas se llevaban en caballos, mulas, burros o a pie; las personas que se dedicaban a esta profesión se les conocía como tequileros. Las leyes estadunidenses veían como una transgresión a la soberanía las incursiones armadas de los tequileros, eran repelidas con fuerza letal. La Prohibición fue uno de los períodos más sangrientos en la historia del contrabando en la frontera.

La visión cultural sobre los tequileros (contrabandistas de licor ecuestres) entre angloamericanos y mexicanos era muy diferente en los condados de línea fronteriza entre Texas y Tamaulipas. El tequilero después que pasaba la mercancía la vendía generalmente a mayoristas americanos que contrabandeaban el licor a otros lugares. El consumo y el suministro de bebidas alcohólicas fue continuo en la frontera, sin parar durante los años de la “Ley seca”.

Lugares y fechas de los hechos

Los eventos de este corrido, planteados al principio del artículo, fueron recientemente estudiados por el historiador laredense George T. Díaz en su obra “Border Contraband, a History of Smuggling across the Rio Grande”. Versiones de la lírica del corrido de los tequileros fueron rescatadas en las obras del folclorista Américo Paredes y del actual Cronista de Ciudad Victoria, Francisco Ramos. 

Los versos del corrido comienzan describiendo la fecha de los hechos; mientras que la versión de Paredes da la fecha de un 2 de febrero, Ramos dice que fue un 3 de noviembre.


“El día dos de febrero

(El día 3 de noviembre)

que día tan señalado!

mataron tres tequileros

los rinches del otro lado”.


La investigación de Díaz aclara que la muerte trágica de los tres tequileros ocurrió el 18 de diciembre de 1922. En la versión presentada por Ramos, la segunda cuarteta explica que el pequeño grupo de contrabandistas provenía de Guerrero.


“Salieron desde Guerrero

con tequila y anisado

el rumbo que estos llevaban 

era San Diego mentado”.


En la quinta cuarteta de Ramos y en la sexta de Paredes vuelven a repetir el lugar de origen del contrabando.


“Salieron desde Guerrero

con rumbo para el oriente,

allí les tenían sitiado 

dos carros con mucha gente”.


El lugar que hace referencia el corrido es el antiguo Guerrero, poblado que quedó abandonado cuando se construyó la Presa Falcón a finales de los años 1940 y principios de 1950. Las ruinas de este poblado fronterizo se encuentran en las márgenes del río Salado, muy cerca de donde se une con el río Bravo. Las viejas estructuras del poblado colonial son intermitentemente sumergidas en las aguas de la presa.

Este antiguo poblado fue fundado con el nombre de San Ignacio de Loyola de Revilla por José de Escandón en 1750; fue el lugar de nacimiento del insurgente José Maximiliano Bernardo Gutiérrez de Lara, primer gobernador constitucional de Tamaulipas. Actualmente, la Nueva Ciudad Guerrero se encuentra río abajo, en las inmediaciones de la cortina de la presa. 


Paredes, en los versos recabados menciona:


“La carga que ellos llevaban

era tequila anisado,

el rumbo que ellos llevaban 

era San Diego afamado”.


Parece decir que el tequila contenía anís, otras versiones que existen del corrido menciona /con tequila ya anisado/. Pero los versos recolectados por Ramos claramente explican que el contrabando consistía en botellas de tequila y licor de anís.

El lugar a donde se dirigía el grupo de contrabandistas era el poblado “mentado o afamado de San Diego”.  A principios de enero de 1915 apareció lo que se conoce como el “Plan de San Diego”, relacionado con el nombre de un pueblo en el condado de Duval, Texas, a menos de 260 kilómetros al noreste de Guerrero, Tamaulipas.

Fue en el verano y otoño de ese año de 1915 cuando el Plan influyó en asesinatos raciales de odio en los condados de Hidalgo, Starr y Cameron en el bajo Rio Grande. Los asesinatos fueron atribuidos a partidas de individuos que cruzaban el río desde México y a los “rangers” de Texas que veían a todos los mexicanos como sediciosos. Aunque aminoró la violencia y el terror en la frontera en el otoño de 1915 resurgiría en primavera del siguiente año de 1916. Ocho años después, el Plan de San Diego era encomiado en este corrido.

Los personajes

El trío de contrabandistas estaba compuesto por Silvano Gracia, Gerónimo García y Leandro Villarreal. Según la investigación de Díaz, los dos primeros eran contrabandistas profesionales, mientras que Leandro era un novicio en este tipo de negocio ilícito. Nos cuenta el cronista Ramos que ambos, Gerónimo y Leandro, contaban con tan solo 22 años de edad (en la tumba de Leandro dice que tenía 27); la mercancía que llevaban era de un empresario que controlaba el mercado ilícito desde los Herreras, Nuevo León. Según las cuartetas recopiladas del corrido por Paredes y Ramos, dice respectivamente:


“Llegaron al Río Grande,

(Al llegar al Río Grande)

se pusieron a pensar:

-Será bueno ver a Leandro

(-Es bueno llevar a Leandro)

porque somos dos nomás–”.

“Le echan el envite a Leandro,

Leandro les dice que no: 

(y les contestó que no)

-Fíjense que estoy enfermo,

(-Miren que estoy enfermo)

Así no quisiera ir yo–”.

“Al fin de tanto invitarle

(Al fin de tanto rogarle)

Leandro los acompañó,

en las lomas de Almiramba

(y en las Lomas de Miranda)

fue el primero que murió

(fue el primero que cayó).”


Según el historiador Díaz, Leandro Villarreal era el dueño de un pequeño salón de billares en el pueblito de Guerrero, Tamaulipas. Éste en realidad no se dedicaba al contrabando y menos a quebrantar las leyes internacionales. Leandro pasaba por tiempos difíciles desde la muerte de su esposa. Tal vez pensó que trabajando con Gerónimo y Silvano le pudieran ayudar con el sustento de sus tres niños. 

Existen varias versiones ortográficas sobre la loma donde fueron emboscados: Almiramba, Miranda y Mirando. Según el historiador Díaz, el lugar de la emboscada fue en la Loma de Mirando. Existe al norte de Guerrero un poblado con el nombre de Mirando City en el Condado Webb. Este lugar se localiza al oriente de Laredo, pero todo indica que la emboscada fue hacia el sur.

El corrido cuenta que los estaban esperando “dos carros con mucha gente”, pero según el historiador George T. Díaz, los tres tequileros fueron seguidos por sus huellas encontradas por los oficiales del gobierno en Texas. Los contrabandistas serían emboscados al no ser precavidos, como lo dice el corrido. Esto sucedió en alguno de los cañones del arroyo que baja al río Bravo desde el nororiente al sur poniente, conocido como el Boleño (Valeño) en la parte al sur y Salomeño en la parte norte en el condado de Zapata.    


“Cuando cruzaron el río 

se fueron por un cañón 

se pusieron a hacer lumbre

sin ninguna precaución”.

“El capitán de los rinches 

platicaba con esmero: 

-Es bueno agarrar ventaja

porque éstos son de Guerrero”.

“Les hicieron un descargue

(Les tiraron a un tiempo)

a mediación del camino

cayó Gerónimo muerto

Silvano muy mal herido”.


Los últimos versos del corrido hacen alarde de cómo estos tequileros pudieron mostrar su valentía si hubiesen sido topados de frente y no emboscados. En realidad, estas eran las prácticas de las autoridades norteamericanas durante la Prohibición, donde los muertos fueron mexicanos y las autoridades americanas no sufrieron bajas.


“Los rinches serán muy hombres

(Los rinches son muy valientes)

no se les puede negar,

nos cazan como venados

para podernos matar”.

“Si los rinches fueran hombres

y sus caras presentaran

(y sus caras asomaran)

entonce´ a los tequileros

(también a los tequileros)

otro gallo nos cantara.

(otro gallo les cantara)”.

“Pues ellos, los tres murieron

los versos aquí se acaban,

se le concedió a los rinches

las muertes que ellos deseaban”.

El historiador Díaz aclara que a la par de este contrabando ecuestre existía un contrabando en vehículos motorizados. Por carreteras y brechas, este contrabando era practicado por americanos y mexicanos, conocidos como “bootleggers”. El número de oficiales americanos muertos fue muy elevado en las confrontaciones con estos contrabandistas motorizados.

Epílogo

El historiador Díaz, dice que los rinches durmieron en el lugar de la emboscada, cenándose los alimentos de los tequileros que preparaban para la comida ese día. Sus cuerpos fueron dejados tirados donde habían caído, hasta que vino el médico forense a decir que estaban muertos. Enseguida fueron los cuerpos depositados en excavaciones superficiales.

En la emboscada, Leandro Villarreal fue el primero en ser acribillado por los rinches. Casi ocho décadas después, en noviembre 10 del año 2000, los familiares exhumaron sus restos del lugar. Su existencia sería recordada con una misa en la iglesia Nuestra Señora de Lourdes en el poblado de Zapata, Texas. El memorial fue noticia en los periódicos; sus restos permanecen en una tumba con una lápida donde las hazañas de los tequileros fueron esculpidas en la lápida. 

De acuerdo con los pobladores de Guerrero, afirma el cronista de Ciudad Victoria, Francisco Ramos, las coplas de este corrido son atribuidas al compositor Raúl Benavides, conocido como “El Rinche”. 


“El que compuso estos versos

no se hallaba allí presente,

estos versos son compuestos

por lo que decía la gente”.

“Ya con ésta me despido

en mi caballo Lucero,

mataron tres gallos finos 

del pueblito de Guerrero”.

“Aquí va la despedida

en medio de tres floreros,

y aquí se acaba el corrido,

versos de los tequileros”.

El corrido de los tequileros, 1922

Retrato de Leandro Villarreal, uno de los tequileros.

El corrido de los tequileros, 1922

Nueva tumba de Leandro Villarreal, en Zapata, Texas.


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