El caso del extraño túnel de la Condesa
El número 271 de la calle Benjamín Hill, en la Condesa, lucía como una fortaleza.
El 13 de julio pasado, miembros de la Asamblea de Barrios desalojaron con violencia a sus habitantes y desde entonces se encargaron de convertirlo en una guarida... La cual inclusive tenía un túnel.
De 3 metros de largo, el corredor conectaba con otro inmueble cuya entrada está en Eje 3 Sur Baja California.
A gatas o arrastrándose debía andar cualquiera que quisiera pasar hasta topar con un muro. Ahí había un hueco tapado por cajas con papelería.
El túnel fue cavado en una suerte de habitación en obra negra. Carecía de iluminación y tendría unos meses de antigüedad. El objeto del mismo lo ignoran las autoridades: pudo ser para ocultar armas o droga, o para improvisar una salida alterna.
El dueño de la casa a donde iba a parar el túnel aseguró no haberse dado cuenta: "Solo oía ruidos como de que estaban remodelando, oía que cavaban y cincelaban pero no sabía esto".
Olía a terregal húmedo y estaba frente a una barda a la mitad, rodeada de ropa sucia y una grabadora.
Afuera, a las ventanas colocaron mallas metálicas, en un recodo del inmueble dispusieron cámaras, y jóvenes vigilaban en las azoteas e incluso sus inquilinos servían como informantes.
Uno de ellos resultó fundamental para que agentes de la Procuraduría capitalina pudieran entrar ayer a cumplimentar una orden de cateo: la señora de las garnachas.
La mujer fue vigilada con anterioridad: casi siempre a la misma hora sacaba del inmueble una mesa y su comal.
Así se planeó y alrededor de las 6:00 horas unos 40 agentes de Investigación rodearon el sitio. La vendedora salió y la puerta quedó abierta, pero apenas corrieron hacia ella los policías, dos sujetos la cerraron y pusieron una tranca metálica.
Con equipo especial, personal del Grupo Especial de Reacción e Intervención (GERI) logró derribar el portón metálico, pero para eso ya muchos de los que vivían en el lugar se escondieron en sus cuartos.
Como solo la planta baja estaba sujeta a cateo, los dos pisos superiores se colmaron de personas, sin que pudieran ser molestados.
La orden judicial, otorgada en mayo, era por despojo, aunque las autoridades encontraron también tres bóvedas de 20 centímetros de ancho por 50 de largo. Tenían aspecto de "clavos" (compartimientos para esconder droga), opinaron agentes.
Todo el entorno era cascajo, basura y humedad. Aunque no hubo resistencia de los ocupantes de las 6 habitaciones, algunos se fueron lanzando acusaciones.
"Ustedes son el Gobierno ahorita, pero cuando se les ofrece algo de nosotros ¿qué son?", externó una mujer mientras arrastraba una gran bolsa con ropa.
Un cuarto contrastaba: habilitado como oficina, estaba pintado de rojo, tenía persianas blancas y piso de parqué; contaba con un escritorio, una mesa con un microondas y un mueble con figuras de la Santa Muerte.
En otra habitación había 9 motonetas, tanques de gas, propaganda de la Asamblea de Barrios y 313 cohetones.
Aquí al parecer operaron grupos de choque, ladrones y narcomenudistas. Fue invulnerable hasta la mañana de ayer.
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