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El caso de los dos amigos en Estación Canales, 1931

El día 7 de septiembre de 1931 Facundo de la Garza, subdelegado municipal de la Sección 18 en Estación Canales, envió un comunicado al Presidente Municipal de Reynosa

Cronista Municipal de Reynosa

En este manuscrito explicó que el día anterior se había presentado ante la oficina a su cargo en dicha sub-delegación el Sr. Refugio Guerrero, quién había sido lesionado a garrotazos por su compañero de trabajo Eustacio Ramos. 

El caso de los dos amigos en Estación Canales, 1931

Los dos compañeros, Guerrero y Ramos, habían estado trabajando en la “Hacienda del Rosario” durante la temporada de la pisca del algodón. El día 6 de septiembre, ambos habían tomado el camino hacia el sur para ir a tomar el tren en Estación Canales. En el trayecto, Ramos invitó a su compañero a apartarse 10 o 12 m del camino, para descansar un rato. Fue ahí, cuando Ramos atacó a su compañero con un garrote hasta dejarlo inconsciente, robándole los $24.50 pesos que había adquirido por su trabajo en el Rosario, además de despojarlo de sus dos velices que llevaba. 

Ese mismo día, el sub-delegado de la Garza explicó que inmediatamente se trasladó con Zeferino Ramírez al lugar de los hechos, donde encontraron $3.00 pesos tirados y los dos velices. El sub-delegado le pidió al golpeado las señales o media filiación de su agresor, para pasarlas a los “empleados”, ya que en esos momentos pasaría el tren. En el léxico de nuestra región el término “empleado” se utiliza para referirse a los empleados del gobierno, tales como aduanales, policías o a otras personas con cargos de autoridad.

Cuando se arrimaron a la estación encontraron dos velices, los cuáles entendieron pertenecían al malhechor. Aparentemente éste los abandonó al acercarse los empleados, escapándose por el lado posterior del ferrocarril. El sub-delegado pidió a los empleados para que lo localizaran.

    El Rosario fue la primera comunidad establecida hacia el oriente de Reynosa, durante el siglo XVIII. Por muchos años quedó dentro de la jurisdicción de Reynosa. Actualmente, esta comunidad sobrevive río abajo del Puente Internacional de Progreso-Nuevo Progreso, en el extremo oriental del municipio de Río Bravo. Al sur del Rosario se estableció la Estación La Mesa, cuando se construyó el primer ferrocarril de vía angosta en 1883. Años más tarde se modificó el trayecto a vía ancha en 1904-1905; a La Mesa se le cambió el nombre a Estación Canales, en honor al caudillo ribereño Servando Canales Molano.  La Mesa fue una de las principales comunidades dentro de la jurisdicción de Reynosa en el siglo XIX, hoy desaparecida.

En Reynosa

El sub-delegado de Canales remitió en el tren al herido y las cuatro petacas capturadas, con el comandante de los rurales. El envío fue recibido en Reynosa a las 11:30 del día 7 de septiembre. Además de esto que mencionaba el sub-delegado, el paquete que se recibió en Reynosa incluía como evidencia un costal de malva con ropa y los leños o palos utilizados para golpear al Sr. Refugio Guerrero.

En Reynosa, el Agente del Ministerio Público, Manuel A. de la Viña, pidió que se giraran órdenes para que se continuara la búsqueda del acusado Eustacio Ramos. Se le solicitó al afectado que identificara sus velices y los de su agresor. Se procedió a reconocer el contenido de las dos maletas del acusado, de color negro. 

    En una de ellas encontraron dos toallas usadas, una chamarra, unos calzoncillos, una camiseta, varios pantalones azules, unos pantalones de montar, un pantalón no descrito, una camisa, un pañuelo, dos pares de calcetines, un libro y un espejo. En el otro veliz encontraron ropa sucia usada, la cual no fue descrita. Encontraron que ambas maletas traían los sellos de revisión de la Aduana de Matamoros. Este par de velices quedaron depositados en el Archivo Municipal de Reynosa. Curiosamente el expediente de esta averiguación sobrevive actualmente en la Sección de Juzgados de este mismo Archivo, actualmente localizado en un nuevo edificio. 

De la Viña mandó a que se curara al golpeado en el Sanatorio del Dr. José María Cantú, el médico municipal de ese entonces. Después, el Agente de la Viña nombró como Peritos Médicos a los Dres. Santiago Leal y José María Cantú para el reconocimiento corporal de Refugio Guerrero. Éste presentaba nueve heridas causadas al parecer por un instrumento punzocortante.  

    La primera se encontró a nivel de la sutura “peritofrontal” derecha y se extendía por 3 cm tocando el cuero cabelludo y tejido celular. La segunda en la parte superior de la región parietal del mismo lado, que afectó el cuero cabelludo y tejido celular. La tercera se encontró en la región “mastoide” del mismo lado, de 2 cm de extensión y afligió piel y tejido.  La cuarta herida se encontró en el borde libre del pabellón de la oreja derecha. La quinta estaba situada a nivel de la cara externa del maxilar inferior del lado derecho. La sexta en el ángulo derecho del ojo derecho. La séptima en la parte media de la región frontal y las otras en la misma región.

Aunque el agresor había agarrado la cabeza de Refugio como piñata decembrina, los médicos concluyeron que estas lesiones no ponían en peligro la vida del Sr. Refugio Guerrero. Pero las lesiones si tardarían más de 15 días en sanar. 

El amigo siniestro

Refugio Guerrero era un jornalero de 50 años de edad, casado, originario de la Piedad de Cavadas en Michoacán. Pero decía que tenía su domicilio en Zacapu en el mismo estado, a donde pensaba regresar. Tenía ya tiempo viviendo en la Cd. de Harlingen, Texas.  Hacía como dos años que Eustacio Ramos había llegado a esa ciudad, donde se hicieron compañeros de trabajo y amigos. Al haberse acabado el trabajo de campo en esa ciudad se vinieron a lado mexicano, pasando por el Puerto de Matamoros, Tamaulipas. 

De ese puerto se dirigieron para la Hacienda del Rosario, que en ese entonces era parte del municipio de Reynosa. Ahí estuvieron piscando algodón por cuatro semanas y cuando fueron liquidados el domingo 6 de septiembre, tomaron el camino juntos para tomar el tren en Estación Canales. Faltando una milla (1.6 km) de distancia para llegar a la estación, ambos decidieron parar a descansar. Estando Refugio abrochándose uno de sus zapatos, Eustacio se abalanzó intempestivamente con un palo en la mano, dándole varios golpes en la cabeza, dejándolo “sin sentido”. 

Refugio narró que quiso abrir los ojos, pero solo vio que Ramos lo estaba estrangulando del cuello. Por lo cual, su amigo le siguió dando más golpes en la cabeza, hasta dejarlo tirado “sin conocimiento”. Después de mucho rato volvió en sí, dándose cuenta que estaba bañado en sangre. Fue entonces que se enteró que ya no traía los 24.50 pesos en la bolsa de su pantalón.  En ese estado se dirigió por el camino, encontrándose con un policía Rural, quién lo llevó a la estación. En el momento que llegaron, el citado Eustacio Ramos se encontraba también en la estación. Pero al divisar a Refugio, huyó abandonando los velices que cargaba. El Rural lo llevó ante el sub-delegado municipal, quién ordenó lo trasladaran a la casa del policía, para conducirlo al siguiente día a la ciudad de Reynosa.

El día 9 de septiembre de 1931, el Juez de Paz Mixto de la Cd. de Reynosa, Salvador Guevara, acordó para que se liberaran órdenes al comandante de policía de la ciudad para la búsqueda y aprehensión de Eustacio Ramos. Ese mismo día se ratificó las declaraciones de los médicos peritos y del ofendido Refugio Guerrero. A éste se le pidió la media filiación de su agresor.

Eustacio Ramos era un hombre casado de 25 años de edad, originario de una hacienda en Salvatierra, Guanajuato; de complexión regular y piel morena, tenía los ojos cafés y el pelo negro lacio. Su cara estaba marcada por muchos barros en el cutis. El dato lo recibió el comandante de la Policía Urbana de Reynosa ese mismo día. Pero ocho días más tarde, el 17 de septiembre, el comandante Andrés Bujanos, Jr., escribía que, a pesar de importantes pesquisas hechas por él y sus agentes, no le había sido posible la captura del requerido Ramos. 

    El día 25 de septiembre, el Juez Salvador Guevara insistía a que el comandante procediera a la captura de Ramos. Las últimas anotaciones en expediente de esta averiguación se relacionan con la confirmación del dictamen hecho por el Dr. Santiago Leal, de las lesiones sufridas por el Sr. Refugio Guerrero, el 1º de octubre de ese año.  Este tipo de Averiguaciones en la Sección de Juzgados en el Archivo Municipal de Reynosa, poco nos dice del final que tuvieron los protagonistas de estos eventos, aunque nos pintan algo sobre esa época, como es la migración en la frontera, el algodón, el transporte por ferrocarril, la extensión del municipio de Reynosa en esos años, del sistema judicial en nuestra región, etc.

Poco podemos decir del delincuente Eustacio Ramos. Desconocemos si escapó por los caminos hacia Guanajuato. Es probable que no haya tratado de tomar el tren, porque estaban vigilados por los empleados. Pudo haberse regresado a Matamoros y haber cruzado el río hacia Texas. Todavía menos podemos decir si este hombre  se arrepintió de haberle dado de garrotazos a la cabeza de su amigo Refugio Guerrero.

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