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El agostadero San Juan de Carricitos de don José Narciso Cavazos, 1808

Para 1808, lo herederos de don Narciso le notificaron al gobernador Manuel Iturbe e Iraeta sobre las correrías de ganado que hacía el cabo de la Escuadra de la Compañía de Reynosa, llamado Antonio Domínguez. Esto lo ejecutaba en la guardarraya del agostadero y para fuera de San Juan de Carricitos, acompañado de varios vaqueros que el mismo contrataba

Cronista Municipal de Reynosa

Un expediente de 1808 en la Sección de Justicia del Fondo Colonial en el Archivo Municipal de Reynosa (AMR), cuenta sobre el denuncio hecho por los albaceas de don Narciso Cavazos sobre el saqueo o corridas de reses en el agostadero nombrado San Juan de Carricitos. Estas tierras se hallaban en el litoral costero, al lado izquierdo (norte) del río Bravo.  

El agostadero San Juan de Carricitos de don José Narciso Cavazos, 1808

    La extensa propiedad estaba formada por 106.5 sitios de ganado mayor, unas 186,972.5 hectáreas o un poco menos de medio millón de acres. Desde el año 1789, el difunto Narciso Cavazos había introducido en esos terrenos 1,400 vacas de vientre, más de 30 manadas de yeguas, y un crecido número de mulas y caballos mansos. José Narciso Cavazos era originario de la villa del Pilón (actualmente Montemorelos) hijo del matrimonio de don José Manuel Cavazos y de doña María Josefa González de Hidalgo. Su agostadero actualmente se encuentra distribuido en lo que es hoy los condados de Willacy, Kenedy e Hidalgo, Texas. 

    Fue el agostadero más grande otorgado a un vecino de Reynosa por la Corona Española, en la parte izquierda (norte) del río Bravo. El latifundio más grande en la jurisdicción de Reynosa existió por la parte derecha (sur) del río Bravo, el cuál fue otorgado a don Antonio Urizar del Comercio de México. 

Después de cercenarle 113 agostaderos a lo largo del río en 1784, le quedaron a su hermano Andrés Vicente Urizar, el heredero, 658 sitios de ganado mayor.  De acuerdo con el cronista e historiador José María Báez se les conoció a esos terrenos de los Urizar como el Sauto y posteriormente como la Sauteña.

Los parientes de Narciso

Narciso Cavazos no estuvo presente durante los primeros años que se formó la primera villa de Reynosa, supuestamente existía un parentesco con los pobladores que se habían asentado en Reynosa, tal como su fundador Carlos Cantú (González-Hidalgo). José Narciso contrajo nupcias en dos ocasiones. Su primer matrimonio en 1769 fue con doña Ignacia Hinojosa, una de las tres hijas de don Juan Hinojosa y doña Ana Báez de Benavides.

    La hermana de doña Ignacia era Rosa María Hinojosa de Ballí, quien fue la esposa de José María Ballí (Guerra). Este a su vez era el hermano de Juan Antonio Ballí (Guerra), el propietario del rancho San Antonio, donde se trasladaría la villa de Reynosa en 1802. En el siglo XVIII, Rosa María fue la principal promotora en la adquisición de una serie de propiedades, especialmente en lo que es hoy el Valle de Texas. 

    José Narciso Cavazos y su esposa Ignacia procrearon a José Manuel, María Francisca, María de los Santos, y María Ignacia. En sus segundas nupcias, Narciso se casó con María Guadalupe Cavazos y Gutiérrez, quien era originaria de la Mota (hoy General Terán, N.L.). El matrimonio procreo a José Jorge, José Blas, María Clara, Juan Nepomuceno, María Teresa, José María y Rosalía. Guadalupe era hija de don José Francisco Cavazos y de doña María Francisca Gutiérrez.

El desarrollo de Carricitos y los lipán apache

El 23 de noviembre de 1807, Narciso mandó redactar su testamento en Reynosa donde repartía sus bienes y mencionaba las propiedades en Peñitas y San José en el vecindario del Pilón, heredadas por parte de su madre y una comprada a su hermano Manuel, y en el enorme agostadero San Juan de Carricitos. Narciso para entonces ya se encontraba enfermo y por tener baldo el brazo no firmó, por lo que su hijo José Manuel Cavazos lo hizo ante el Justicia Mayor de Reynosa, José María Ballí, y varios testigos instrumentales. 

   Había dejado en su testamento a su mujer, doña María Guadalupe Cavazos y Gutiérrez, y a don Antonio Silverio de Verridy como albaceas y fideicomisarios de sus propiedades. Al siguiente año en 1808, cuando don Narciso ya era un difunto, los representantes de los herederos de Narciso pedían al gobernador del Nuevo Santander, Manuel Iturbe e Iraeta, se procediera bajo derecho en los robos de ganado que ocurrían en el agostadero de San Juan de Carricitos. 

    Los albaceas en sus explicaciones sobre el saqueo de ganado por los militares de Reynosa narraron como don Narciso había desarrollado anteriormente su propiedad al norte del río Bravo. En 1790, al siguiente año de haber introducido las primeras vacas, en el agostadero se habían herrado más de mil crías de ganado mayor. 

Un año después en 1791, se lograron 500 crías de las cabezas ya marcadas. En ese mismo año, los indios lipán apache acometieron en el ganado del rancho antes de terminar de herrar a los animales. En esa ocasión lo indios se llevaron nueve manadas de yeguas con todo y crías. 

    Las bandas lipán empezaron a depredar los ranchos de las Villas del Norte a lo largo del río Bravo a partir de 1765. Un recrudecimiento de las hostilidades lipán apache en la región ocurrió entre 1790 y 1792, cuando una partida de más de 200 indios de guerra atacó al presidio de Laredo. En 1792, los indios lipanes volvieron a dar en el citado rancho de Carricitos, llevándose 60 mulas y más de 100 caballos mansos. Por tal motivo, la gente de don Narciso no pudo concluir el herradero de lo caballar ese año y menos marcar las crías del ganado vacuno.

    Fue por eso que, en 1793, Narciso Cavazos construyó un fuerte en su rancho, colocando escoteros bajo su costa, para ver si por ese medio paraban las hostilidades que hacían los nombrados indios bárbaros. 

Para el año 1794, solicitó vaqueros para recoger y herrar el ganado. Pero no los consiguió por haber un temor generalizado en la población, causado por las entradas de los indios del norte. Pero no por esto, Narciso dejó de asistir en el rancho, aunque con gran riesgo de su vida y la de sus hijos.

    Ya con algo de quietud en el año de 1795, don Narciso contrató algunos vaqueros y determinó juntar el ganado vacuno y demás bienes para herrar lo orejano. Aunque se verificó la tarea, no se consiguió terminar por el crecido número de crías que se había reproducido y que no se habían podido herrar en los años anteriores. 

Fue por lo que quedaron sin marcar parte de los animales del agostadero y algunos que se habían salido a tierras realengas por el Encino de la Cruz. Este era el lindero norte del agostadero de Carricitos, por donde se habían pasado al Rincón del Paso costeando las bahías hasta La Parrita. Para cuando los herederos pusieron la denuncia en 1808, el número era muy elevado, como entre las ocho y las diez mil cabezas de ganado.

Saqueo de ganado en Carricitos por la milicia de Reynosa

Ya existía ganado vacuno y caballar, mostrenco o salvaje, vagando en el litoral costero en ambos lados del río, desde antes que se colonizara el Nuevo Santander. Los vecinos de las villas del río Bravo practicaron las corridas o carneadas en esos animales para el suministro de carne. 

Don Narciso Cavazos trató de impedir esa práctica en el ganado de su rancho, presentándose ante el Justica Mayor de la villa de Reynosa verificando lo robado y obligando a los culpables a que le pagaran.

  Para 1808, lo herederos de don Narciso le notificaron al gobernador Manuel Iturbe e Iraeta sobre las correrías de ganado que hacía el cabo de la Escuadra de la Compañía de Reynosa, llamado Antonio Domínguez. Esto lo ejecutaba en la guardarraya del agostadero y para fuera de San Juan de Carricitos, acompañado de varios vaqueros que el mismo contrataba.  

Los albaceas denunciaban que, Domínguez había capturado más de 80 reses, varias de ellas con la señal del rancho de don Narciso.

     La viuda, doña Guadalupe, junto con uno de los herederos había acudido ante el Justicia Mayor de la villa para hacerle presente el perjuicio que de semejantes corridas les resultaban. Explicándole al mismo tiempo que ningún derecho tenía el citado Domínguez, ni como heredero, ni criador, ni colindante de aquel agostadero. 

    El dicho Juez le respondió que no podía hacer nada al respecto debido a que Domínguez había traído licencia del señor gobernador para eso. Después de este incidente, supieron que el hermano, el sargento Estanislao Domínguez, también ocurrió a ese gobierno a solicitar una licencia igual. Por lo que los herederos indagaron con el gobierno del Nuevo Santander y supieron de la resolución a esa licencia. 

    El gobernador Iturbe e Iraeta les respondió a los Domínguez el 14 de noviembre de 1808: "no ha lugar a la licencia que se solicita por deberse reservar para, solo los herederos y legítimos sucesores de los individuos que hayan tenido cría de ganado mayor en las inmediaciones de los parajes en que se halla el orejano o mesteño; pues son los que en la realidad tienen derecho a él, y los que por tanto pueden disfrutar de aquella gracia siempre que la soliciten". 

    El reclamo de los herederos de Narciso, decía que el Justicia Mayor de Reynosa era parcial de Antonio Domínguez, debido a que desatendió de interrogarlo y mandar soltar las reses que tenían del agostadero de Carricitos. 

Por lo cual pedían se liberara orden para que se notificara a Antonio Domínguez para que entregase las reses que hubiesen juntado. También para que se le advirtiera de una multa que se le podía imponer, esto para que sirviera de ejemplo a otros individuos que se quisieran introducir en aquellos parajes y agostaderos con frívolos pretextos. 

 Los albaceas en una última nota decían que Antonio Domínguez, no contento con juntar partidas de ganado de los herederos de don Narciso Cavazos, hacía matanzas de algunas reses. Esto era para el consumo de sus acompañantes, utilizando solo las porciones que juzgaban de su gusto para su sustento, dejando tirado los restos en el campo a pudrirse. Los representantes de los herederos pedían se diera la orden para que se entregasen los animales juntados y que se pagasen por las reses muertas.

   Los hermanos Antonio y Estanislao Domínguez eran nada menos que los hijos de doña Gregoria, nietos de Juan Antonio Ballí, los herederos de las tierras en el condado de Hidalgo donde se encuentra la ciudad de McAllen. En 1810, Estanislao llegó a ser Justicia Mayor de la villa de Reynosa

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Mapa del Condado de Willacy Oficina General de Tierra, donde se enseña la parte sur del Agostadero San Juan de Carricitos, 1921. Biblioteca de Abeline.

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Vestuarios lipán apache, acuarela de Lino Sánchez y Tapia basado en los dibujos de José María Sánchez y Tapia, circa 1828.


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