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Crisis de democracia angloestadounidense

Cómo fue que las dos democracias más venerables e influyentes del mundo (la del Reino Unido y Estados Unidos) terminaron con Donald Trump y Boris Johnson al mando?

  • Por: Jeffrey Sachs
  • 25 / Agosto / 2019 -
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Crisis de democracia angloestadounidense

No se equivoca Trump al decir que Johnson es el “Trump del Reino Unido” (sic). Y no es meramente cuestión de personalidades o estilos similares: también es un reflejo de defectos patentes en las instituciones políticas que permitieron a esos hombres llegar al poder. Trump y Johnson son ejemplos de lo que el físico y psicólogo irlandés Ian Hughes llama “mentes desordenadas”. Trump es un mentiroso, promotor del racismo y evasor de impuestos a gran escala. El informe del fiscal especial de Estados Unidos Robert Mueller sobre sus 22 meses de investigación de la campaña presidencial de 2016 describe reiterados casos de obstrucción de la justicia por parte de Trump. Acusado por más de 20 mujeres de depredación sexual, una conducta de la que alardeó en una conversación que quedó grabada, instruyó a su abogado para que hiciera pagos ilegales a cambio de silencio, lo que constituye una infracción a la legislación sobre financiación de campañas.

La conducta personal de Johnson es igualmente incontinente. Tiene amplia fama de mentiroso y de llevar una vida desordenada, que incluye dos matrimonios fallidos y un aparente altercado doméstico en vísperas de convertirse en primer ministro. Perdió varios empleos por mentiras y otras conductas vergonzosas. En 2016 llevó adelante la campaña por el Brexit sobre la base de afirmaciones que resultaron falsas. Como secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido, filtró en dos ocasiones datos de inteligencia secretos. Como Trump, tiene altos índices de desaprobación en todas las franjas etarias, y sus índices de aprobación aumentan con la edad del encuestado.

El historial de Trump en el Gobierno plantea otro enigma político. Sus políticas son en general impopulares, y rara vez reflejan una mayoría de la opinión pública. Su victoria legislativa más importante (la rebaja impositiva de 2017) fue impopular en aquel momento y todavía lo es. Lo mismo puede decirse de sus posturas en relación con el cambio climático, la inmigración, la construcción de un muro en la frontera con México, el recorte de gastos sociales, la eliminación de componentes fundamentales del Obamacare, la retirada del pacto nuclear con Irán y muchos otros temas. El índice de aprobación de Trump nunca pasa del 50%, y en la actualidad se sitúa en cerca del 43%. Trump lleva adelante su impopular agenda mediante decretos de emergencia y órdenes ejecutivas. Si bien los tribunales anularon muchos decretos, el proceso judicial es lento, sinuoso e impredecible. En la práctica, Estados Unidos está tan cerca del Gobierno unipersonal como pueda imaginarse dentro de los precarios límites de su Constitución. Es posible que el caso de Johnson sea similar. La mayoría le dio la espalda al Brexit después de que las negociaciones con la Unión Europea dejaran a la vista las mentiras y exageraciones de la campaña por la salida del bloque antes del referendo de 2016. Pese a que la opinión pública y una mayoría de los parlamentarios se oponen firmemente a un Brexit sin acuerdo, Johnson prometió ese resultado si no consigue negociar una alternativa.

Hay una respuesta obvia a la pregunta de cómo dos democracias venerables instalaron mentes desordenadas en el poder y les permitieron aplicar políticas impopulares. Pero también hay una más profunda. La respuesta obvia es que Trump y Johnson obtuvieron el apoyo de votantes más viejos que en décadas recientes se sintieron marginados. Trump atrae especialmente a varones conservadores blancos de más edad desplazados por el comercio internacional y la tecnología (y en opinión de algunos, por los movimientos estadounidenses a favor de los derechos civiles, femeninos y sexuales). Johnson atrae a votantes de más edad que fueron muy afectados por la desindustrialización y a los que añoran los tiempos en los que el Reino Unido era una potencia global.

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