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Contrabando de tabaco y géneros en Reynosa, 1817-1818

En febrero de ese año de 1811 había llegado el movimiento independentista a la villa de Reynosa. En ese entonces, los insurgentes en el noreste apresaron en Reynosa a José Blas Iriarte, hijo del administrador de las Reales Rentas del Nuevo Santander. Su padre, Juan José de Iriarte lo había enviado a recolectar los caudales de las Villas del Norte a lo largo del río Bravo

Cronista Municipal de Reynosa

-Cuarta y última parte-

Contrabando de tabaco y géneros en Reynosa, 1817-1818

Ese 13 de diciembre de 1817, los soldados de la Compañía de Reynosa, José Antonio e Isabel Longoria, habían recibido órdenes para traer al reo a Bernardino Zamora de la prisión, para presentarlo ante el Alcalde de 2º voto, Antonio Domínguez. Pero cuando lo fueron a sacar del cepo ya no lo encontraron. Estaba la puerta abierta y el cepo sin llave. 

Los dos soldados de la Compañía de Reynosa sabían que el reo era el caporal o mayordomo de don Felipe Abarca, el alcalde de primer voto de la villa de Reynosa. En el cepo habían permanecido los presos Manuel e Hilario Cavazos. Cuando los militares reconvinieron a los dos reos sobre la fuga de Zamora, Hilario les dijo por ahí "se fue, ya vendrá, ha ido en casa de su amo don Felipe", que "solo lo vio salir", mientras que Manuel les dijo "que había salido a un negocio y que consideraba sería a la casa de Abarca", que "lo aguardaran mientras los llamaban, que para ahora eran los hombres y que se guardaran el secreto."

Pero los soldados le echaron llave a la puerta de la cárcel y pasaron a dar parte a su comandante. Éste comisionó al soldado Isabel y a otro llamado Justo Cantú para que buscaran y aprehendieran al fugitivo. Los militares lo vieron salir por el corral de la casa de don Felipe Abarca, la cual se encontraba inmediata a la cárcel. Ahí donde lo aprendieron, les dijo que había estado parlando con don Gregorio Treviño, un hermano político de los Abarca.  Lo trajeron preso ante su Comandante, quien dispuso ponerlo en un cuarto con llave vigilado por dos guardias, privándolo de toda comunicación.  El 13 y 15 de diciembre de 1817, José Antonio e Isabel declararon ante el Juez y Alcalde 2º, Antonio Domínguez.

Declaraciones de los reos

Ese día 13, el Juez también sacó del cepo a uno de los reos para tomarles su declaración. Ambos reos eran a la par soldados de la Compañía de Reynosa, que estaban encarcelados por otras atenuantes. El preso Manuel Cavazos, cuando se le preguntó por las personas que visitaban o le llevaban recados a Zamora a la cárcel, explicó que era la mujer de éste último la que lo visitaba y hablaba con él en secreto. Que nunca vio a nadie que le trajeran papeles o recados. Aunque varias personas se arrimaron a la puerta, todos hablaban recio con él.

El reo Zamora cuando salió de la cárcel, les dijo a sus compañeros que tenía que ir a su casa y a la de su amo. Explicó Manuel que, el cepo nadie se lo abrió.  Zamora solo sacó y deslizó los pies, quedando cerrado el artefacto.  "La puerta la falseó con un palito y se largó." Manuel dijo que solo reconoció al soldado José Antonio Longoria, cuando fueron a sacar a Zamora. Les dijo que este último se había ido a su casa o a la de su amo, que no tardaría en venir y que lo aguardaran un rato. Entre las conversaciones con Manuel Cavazos, Bernardino Zamora le confió diciéndole que, aunque el presente Juez lo mate, no le sacarían más información.

¿Quién era don Felipe Abarca?

Este personaje era originario de la villa de "Yanes" (Llanes) de la Provincia de Asturias en los Reinos de Castilla, de acuerdo con su testamento de 1819 en el Fondo Colonial de la Sección Protocolos, del Archivo Municipal de Reynosa. Para entonces se hallaba en cama enfermo por un accidente. En 1817, al momento del robo de las bestias caballares, del contrabando de tabaco y géneros de la Luisiana, era el alcalde de primer voto, la máxima autoridad en la villa de Reynosa. En tiempos de la Independencia de México entre 1810 y 1821, los puestos burocráticos más altos en la Nueva España, eran principalmente encargados a peninsulares ibéricos.

Abarca estaba casado con la regiomontana doña María Ignacia Treviño viuda de don Juan José Ballí (Hinojosa).  De este último personaje ya habíamos hablado en una nota previa. Juan José terminó su vida en prisión en San Carlos, entonces la Capital del Nuevo Santander, acusado por el contrabando de unas botellas de vino encontradas en un naufragio en las inmediaciones de la Isla del Padre. Él fue uno de los tres hijos de doña Rosa María Hinojosa de Ballí, la principal terrateniente en la parte norte del río Bravo, dentro de la antigua jurisdicción de Reynosa

De cierta forma las inversiones de Abarca estaban relacionadas con la Hacienda la Sauteña, en la parte sur del río Bravo.   En la parte norte del río se convirtió el depositario del enorme agostadero San Salvador del Tule de su esposa. Las familias de María Ignacia heredaron el agostadero de Llano Grande, también en el actual condado de Hidalgo. 

El hermano de Juan José Ballí, el cura o padre José Nicolás Ballí recibió siete meses después de su muerte, acaecida el 6 de abril de 1829, los títulos del agostadero de la Isla Brazos de Santiago conocida actualmente como Isla del Padre, en el actual condado de Cameron. El título de la Isla incluía como propietario al hijo de su hermano, quién también se llamaba Juan José Ballí (Treviño).   La esposa de Abarca también tenía una parte de tierra en Carricitos en el actual condado de Willacy. 

Según las declaraciones de Felipe Abarca en 1819, su esposa contaba con 22 manadas de equinos: 400 yeguas, más de 28 caballos padres, 18 burros manaderos, 22 burros mansos, una mula mansa, 290 y tantas mulas de fierro y 40 caballos mansos. En lo personal, Abarca tenía en su casa en Reynosa dos animales mansos de cada uno: caballos, yeguas, machos y mulas. En otro lugar doña María Ignacia Treviño contaba con más de 30 burras con cuatro burros padres.  En ese entonces tenía su esposa los bienes en la Noria en San Salvador del Tule. En su testamento manifestó que algunas personas del Presidio de la Bahía del Espíritu Santo todavía le debían el pago de algunos equinos.

Curiosamente en 1817, los principales autores que pagaron el contrabando con bestias robadas eran el reo Bernardino Zamora y el vaquero Pablo Loya. Felipe Antonio Abarca era el amo de ambos personajes, ellos eran sus sirvientes. Los 56 andullos de tabaco fueron recogidos por Pablo Loya, en el rancho la Florida administrado por Abarca, el alcalde de primer voto de Reynosa. En diciembre de 1817, Antonio Domínguez, el alcalde 2º de la villa de Reynosa, no le soltó al reo Bernardino Zamora a su colega Abarca. Este le pedía que se lo enviara para tomarle la declaración. 

El Juez Domínguez interrogó a Zamora y a otros implicados en el caso, informando las irregularidades al gobernador del Nuevo Santander, Juan Echeandía.  El 19 de enero de 1818, el gobernador cesó al alcalde don Felipe Antonio Abarca, sustituyéndolo con Juan José García, quien trató de dejar el puesto en diferentes ocasiones ese año. Abarca alcanzó a enviar a Silvestre Loya a la prisión de Soto la Marina. Por lo que el padre de éste, Andrés Loya, le pidió la liberación al gobernador Echeandía, ya que el resto de la parentela de Pablo Loya permanecía en libertad en la Florida de Abarca.

Entre los compradores del contrabando había varios españoles (criollos). Durante la declaración salió la participación de don Antonio de León, el encargado del fielato del tabaco y del cobro de otros impuestos. El gobernador envió un indulto para los compradores, siempre que entregaran el contrabando o pagaran el producto con dinero. El 30 de octubre 1818, se subastaron las prendas del contrabando en Reynosa. Fue hasta el 11 de diciembre de 1818, que se sacó a Zamora de la prisión, mandando traer a los vaqueros involucrados, para cobrarles los andullos de tabaco traídos de contrabando de la Luisiana.

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